La nebulosa política

Redacción

Por Redacción

Le tocó a Mendoza iniciar el complicadísimo proceso electoral que, de respetarse el calendario previsto, culminará en octubre, al celebrarse el domingo pasado las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) en la capital provincial y en el departamento de San Carlos. Como sucederá una y otra vez en los próximos meses, los “presidenciables” opositores mejor ubicados, Mauricio Macri y Sergio Massa, se apropiaron enseguida de los resultados que les parecieron ventajosos y minimizaron la importancia de otros. Para satisfacción de Macri, en la ciudad de Mendoza un radical avalado por el Pro triunfó con facilidad derrotando por un amplio margen al kirchnerismo, mientras que Massa festejó lo sucedido en San Carlos donde, en una lucha más reñida, el intendente Jorge Difuso, un dirigente del Partido Demócrata que se había aliado con el Frente Renovador del tigrense, obtuvo más votos que sus rivales kirchneristas y un par de radicales. También tuvieron motivos para sentirse contentos los dos radicales mendocinos más eminentes, el exvicepresidente Julio Cobos y el titular de la UCR, Ernesto Sanz, a pesar de tener que compartir los votos conseguidos en la capital por su correligionario Rodolfo Suárez con quienes miden mejor que ellos en las encuestas nacionales. Aunque ambos se afirman precandidatos presidenciales, entenderán que es poco probable que logren desalojar a Macri y Massa de los lugares que desde hace mucho tiempo ocupan como los principales aspirantes a disputar un eventual balotaje con el presunto oficialista Daniel Scioli, si es que el bonaerense no termina hundiéndose en la anárquica interna kirchnerista ya que, a ojos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de los militantes de La Cámpora, el gobernador es un gorila antipopular infiltrado que, por razones incomprensibles, sigue contando con el respaldo de una elevada proporción del electorado. De no ser por este detalle molesto, no vacilarían en tratarlo como un opositor golpista. De todos modos, el que en Mendoza los resultados de las primarias se hayan prestado a una multitud de interpretaciones interesadas, y el que sea de prever que lo mismo ocurrirá en otros distritos en que también competirán docenas de agrupaciones conformadas por distintas combinaciones de entidades provinciales, municipales, fracciones de la UCR y del PJ, además de personajes vinculados coyunturalmente con el Pro o el Frente Renovador creado por Massa, refleja el estado caótico en que se encuentra la política nacional. Los movimientos tradicionales, el radicalismo y el peronismo, se han escindido tantas veces que nadie sabe muy bien qué representan. A esta altura, su presencia ubicua sólo sirve para frenar la evolución de agrupaciones más modernas que, andando el tiempo, podrían remplazarlos pero, puesto que todavía pueden funcionar como vehículos electoralistas relativamente eficaces, es de suponer que continuarán existiendo por muchos años más. Que el panorama político nacional se asemeje a un rompecabezas en que faltan algunas piezas y sobran otras dista de ser una novedad. De acuerdo común, la excesiva abundancia de ofertas, agravada por la propensión de virtualmente todas a fragmentarse por motivos que tienen más que ver con las ambiciones personales de sus dirigentes que con diferencias programáticas, ha contribuido enormemente a obstaculizar el desarrollo del país. Aunque últimamente se ha puesto de moda hablar de los beneficios que nos supondría una mayor unidad, es poco probable que los dirigentes más reputados acepten subordinar sus propias aspiraciones al objetivo así supuesto, puesto que a su entender “unidad” significa brindarles el apoyo que necesitarían para triunfar en las próximas elecciones. Es de prever, pues, que sigan celebrándose primarias tan confusas como las que acaban de concretarse en Mendoza, con un superávit de partidos, listas colectoras y candidatos que dependen más de sus hipotéticos méritos personales que de su compromiso con una agrupación coherente en condiciones de asegurarle al eventual ganador de las elecciones presidenciales el respaldo –disciplinado, sin por eso ser acrítico– que le permitiría gobernar con solvencia un país que, por enésima vez, se encontrará en medio de una gran crisis socioeconómica y política.

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Le tocó a Mendoza iniciar el complicadísimo proceso electoral que, de respetarse el calendario previsto, culminará en octubre, al celebrarse el domingo pasado las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) en la capital provincial y en el departamento de San Carlos. Como sucederá una y otra vez en los próximos meses, los “presidenciables” opositores mejor ubicados, Mauricio Macri y Sergio Massa, se apropiaron enseguida de los resultados que les parecieron ventajosos y minimizaron la importancia de otros. Para satisfacción de Macri, en la ciudad de Mendoza un radical avalado por el Pro triunfó con facilidad derrotando por un amplio margen al kirchnerismo, mientras que Massa festejó lo sucedido en San Carlos donde, en una lucha más reñida, el intendente Jorge Difuso, un dirigente del Partido Demócrata que se había aliado con el Frente Renovador del tigrense, obtuvo más votos que sus rivales kirchneristas y un par de radicales. También tuvieron motivos para sentirse contentos los dos radicales mendocinos más eminentes, el exvicepresidente Julio Cobos y el titular de la UCR, Ernesto Sanz, a pesar de tener que compartir los votos conseguidos en la capital por su correligionario Rodolfo Suárez con quienes miden mejor que ellos en las encuestas nacionales. Aunque ambos se afirman precandidatos presidenciales, entenderán que es poco probable que logren desalojar a Macri y Massa de los lugares que desde hace mucho tiempo ocupan como los principales aspirantes a disputar un eventual balotaje con el presunto oficialista Daniel Scioli, si es que el bonaerense no termina hundiéndose en la anárquica interna kirchnerista ya que, a ojos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de los militantes de La Cámpora, el gobernador es un gorila antipopular infiltrado que, por razones incomprensibles, sigue contando con el respaldo de una elevada proporción del electorado. De no ser por este detalle molesto, no vacilarían en tratarlo como un opositor golpista. De todos modos, el que en Mendoza los resultados de las primarias se hayan prestado a una multitud de interpretaciones interesadas, y el que sea de prever que lo mismo ocurrirá en otros distritos en que también competirán docenas de agrupaciones conformadas por distintas combinaciones de entidades provinciales, municipales, fracciones de la UCR y del PJ, además de personajes vinculados coyunturalmente con el Pro o el Frente Renovador creado por Massa, refleja el estado caótico en que se encuentra la política nacional. Los movimientos tradicionales, el radicalismo y el peronismo, se han escindido tantas veces que nadie sabe muy bien qué representan. A esta altura, su presencia ubicua sólo sirve para frenar la evolución de agrupaciones más modernas que, andando el tiempo, podrían remplazarlos pero, puesto que todavía pueden funcionar como vehículos electoralistas relativamente eficaces, es de suponer que continuarán existiendo por muchos años más. Que el panorama político nacional se asemeje a un rompecabezas en que faltan algunas piezas y sobran otras dista de ser una novedad. De acuerdo común, la excesiva abundancia de ofertas, agravada por la propensión de virtualmente todas a fragmentarse por motivos que tienen más que ver con las ambiciones personales de sus dirigentes que con diferencias programáticas, ha contribuido enormemente a obstaculizar el desarrollo del país. Aunque últimamente se ha puesto de moda hablar de los beneficios que nos supondría una mayor unidad, es poco probable que los dirigentes más reputados acepten subordinar sus propias aspiraciones al objetivo así supuesto, puesto que a su entender “unidad” significa brindarles el apoyo que necesitarían para triunfar en las próximas elecciones. Es de prever, pues, que sigan celebrándose primarias tan confusas como las que acaban de concretarse en Mendoza, con un superávit de partidos, listas colectoras y candidatos que dependen más de sus hipotéticos méritos personales que de su compromiso con una agrupación coherente en condiciones de asegurarle al eventual ganador de las elecciones presidenciales el respaldo –disciplinado, sin por eso ser acrítico– que le permitiría gobernar con solvencia un país que, por enésima vez, se encontrará en medio de una gran crisis socioeconómica y política.

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