Tomando deuda

Redacción

Por Redacción

economía argentina

La semana anterior se produjo un hecho novedoso en la economía argentina. El país ha superado la ronda de endeudamiento intraestatal (Anses, BNA, BCRA) y con algunos organismos bilaterales (BID, Banco Mundial), para simultáneamente acceder a tres vías de acceso a los tan ansiados dólares. Moneda necesaria para pagar deuda, importar insumos para la economía, vender dólares para ahorro y viaje, pagar los gastados con la tarjeta de crédito en el exterior, principalmente.

Se han logrado destrabar del Banco Mundial 675 millones de dólares aproximadamente, liberando la cuota anual que le corresponde a la Argentina como país miembro -se trata de asignaciones para proyectos determinados, capacitación, infraestructura, etc.-, a pesar de las serias resistencias que las naciones más desarrolladas de Occidente han puesto en el directorio de la entidad para frenar su otorgamiento. El conflicto con los fondos especulativos que tiene la Argentina -punta de lanza para el proyecto de ley internacional de insolvencia de país impulsado en la ONU por la mayoría de una mayoría de los miembros- y el propio incumplimiento de pagos del 2002 han mantenido a la Argentina fuera del mercado privado de crédito. Casi sin endeudamiento en estos años en que el valor del dinero ha sido bajísimo (en todas las monedas), debido a los excedentes propios de la emisión descontrolada por parte de Occidente para reactivar una economía mundial que no mejora (que quede claro: no existe recuperación sino mecanismos de incentivos emitiendo sin control, con manipulación evidente de las cifras estadísticas de precios, empleo y producción), el país sufre conflictos de divisas permanentes.

Una segunda fuente de financiamiento ha sido la toma de cerca de 1.500 millones de dólares provenientes de una colocación de deuda que hizo YPF, a una tasa de interés levemente inferior a la ofrecida por la Argentina en su reciente emisión de deuda. Si bien la petrolera tiene participación minoritaria privada, la mayoría accionaria es estatal, siendo el resultado de la colocación de bonos en el mercado internacional de deuda la explotación de Vaca Muerta, cuyo destino final será nutrir las reservas internacionales del Banco Central, dado que la mayoría de las inversiones y gastos en el área neuquina se abona en pesos.

El tercer y nuevo mecanismo de financiación ha sido la colocación de títulos públicos nacionales (Bonar 2014, los mismos que los emitidos para pagar la expropiación parcial de YPF a Repsol) por cerca de 1.450 millones de dólares, pero lo distintivo fue en este caso que una parte sustancial de ellos fue tomada por inversores del exterior, inversores financieros dedicados a comprar deuda de países o de grandes empresas globales. Este segmento está cerrado a la Argentina desde hace muchos años, dados los problemas apuntados, y por cierto fue pretendidamente “asustado” por los fondos buitre y el tribunal del juez Griesa en Nueva York, ya que ante el conocimiento de que el país emitía deuda internacional, se amenazó a los inversores potenciales con posibles embargos o juicios. Es más, el juez habilitó a los fondos que litigan contra el país a averiguar quién compraba los títulos de deuda y por qué canal llegaban los dólares del exterior, para poder embargarlos. Con cierto sigilo, preacordando con los inversores externos antes de la emisión de los títulos qué montos estarían dispuestos adquirir (se ofrecieron originariamente por 500 millones de dólares para llegar a casi 1.450), la Argentina sorteó nuevamente los obstáculos legales y bajo ley argentina (pago en nuestro país) colocó deuda externa entre inversores extranjeros privados, bancos nacionales y la Anses, en menor medida. Bancos globales de magnitud instaron a la colocación en el exterior -desoyendo las amenazas del Tribunal de Nueva York-, inversores europeos en su mayoría adquirieron los títulos, pero también -lo cual no ha sido dicho- inversores de Estados Unidos. Ello ha demostrado que, ante una buena alternativa de negocio (la tasa de interés ha sido alta, del 9% anual), el bajo nivel actual de endeudamiento del país, la conducta de pago evidenciada y las perspectivas de reacción de nuestra economía en torno a los recursos naturales disponibles, no hay conflicto internacional que detenga a un inversor dispuesto a ganar dinero.

Sí en cambio resulta útil preguntarse hasta cuándo podremos asumir el pago de una tasa de interés al 9% cuando el dinero está “regalado” en el mundo (las colocaciones similares orillan entre el 3,5 y 4,5%), qué tanto nos limita aún el pago de la deuda externa (este año restan casi 6.000 millones de dólares) y qué destino tendrán esos dólares ahora ingresados: financiar infraestructura y viviendas, como afirma el gobierno, o engrosar las reservas del BCRA para pagar deuda externa a un costo mucho más alto que el de tener regularizada la situación internacional…

Por otro lado, todos los bonos del Estado (en pesos o dólares) son colocados por el Tesoro Nacional y han tenido como destino cancelar deuda o financiar el déficit público que viene en aumento, lo cual amenaza un nuevo ciclo de endeudamiento nacional. En noviembre del 2013 desde estas páginas opinamos y advertimos (”La hora del ajuste”) sobre la necesidad de abordar las inconsistencias que muestran las cuentas públicas para evitar retrocesos que impacten negativamente sobre las mayorías. Poco se ha hecho sobre el tema (amén de una inflación en caída propia de la disminución de actividad) y, si bien se entienden los tiempos electorales que requieren incentivación del consumo, el mediano plazo asoma como complicado y de un costo político y social no menor para el encargado de enfrentarlo.

DARÍO TROPEANO

Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNC

DARÍO TROPEANO


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