Escaladora roquense estuvo cerca de la tragedia
Laly Ulehla, una montañista roquense por adopción, estaba en el sector norte del monte Everest, preparando la ascensión, en el momento en que se produjo el terremoto.
terremoto en nepal
El viejo sueño de golpear las puertas del cielo para Laly Ulehla, estuvo muy cerca de transformarse en la peor pesadilla dentro de un paisaje tan idílico como atroz. Que la tierra se mueva bajo los pies a más de 6.000 metros de altura, donde la inmensidad nunca fue tan calificada, adornada -como si faltaran elementos- por la nieve, el hielo y el frío extremo, será definitivamente inmemorial. Para bien o para mal, pero inolvidable.
La determinación de esta cordobesa de nacimiento (2/12/71, Villa María) y roquense por adopción de escalar el monte Everest, chocó con la cruel decisión de la naturaleza de hacer crujir sus entrañas en el lugar más elevado del mundo. Hacía 80 años que la tierra no temblaba allí de esa manera. El pico más alto del planeta, sus conquistadores y aspirantes, y un terremoto de magnitud de 7,8 que dejó más de 4.000 víctimas en Nepal, India, Tíbet y también en el Everest, donde murieron 19 montañistas.
Al imponente monte lo han surcado por varias rutas, pero la más usada es la del sur, la del lado nepalés. Allí, en el campamento base, se contabilizaron las víctimas que no pudieron escapar a la furia de la tierra. Mejor suerte corrieron los montañistas que habían elegido para la ascensión la ruta norte, la que corresponde al Tíbet (China). La potestad del Everest es compartida, ya que el límite entre ambos países pasa por el medio del monte más alto del mundo
Antes de partir hacia Katmandú a fines de marzo, Laly y dos de los integrantes de su equipo decidieron que la ruta de encumbramiento sería la del norte. Técnicamente más difícil, pero según los entendidos mucho menos transitada y con menor riesgo de avalanchas. Esta feliz y afortunada decisión les salvaría la vida.
Incluso el grupo realizó parte de la aclimatación en la ciudad de Pokhara, epicentro del terremoto, entre los días 2 y 8 de abril. El 10 partirían hacia el Tíbet. Sólo quince días después, el desastre.
Uno de esos “entendidos” es Tendi Sherpa, compañero de expedición de la roquense y en cuyo currículum figuran varias ascensiones al Everest. En Nepal y el Tíbet, la etnia sherpa históricamente ha colaborado con las expediciones al Himalaya, a tal punto que hoy cuando se habla en esa región de un guía de montaña, se lo denomina directamente sherpa. Incluso el término está ligado al nombre de cada uno de los integrantes de la tribu.
La elección de la ruta norte de Tendi Sherpa, Laly y Ulises Corvalán, el otro integrante del equipo que tiene en su haber nada menos que 50 conquistas a la cumbre del Aconcagua, los salvó del desastre. Al momento de desatarse el terremoto, el grupo se encontraba en el Campo 3 o campo base avanzado, ubicado a 6.500 metros de altura en medio del glaciar Rongbuk. El sismo no se sintió con tanta intensidad en el lado chino de la montaña, aunque sí lo suficiente como para interrumpir el ascenso, cuya estimación aproximada de llegar a la cumbre era para el 20 de mayo. El grupo comenzó un descenso rápido camino al campamento base, que a diferencia del ubicado en la otra cara de la montaña, no había sufrido mayores complicaciones.
Guillermo, pareja de Ulehla, padre de sus dos hijos y responsable de que Laly adoptara la ciudadanía roquense a principio de los 90, se levantó temprano el sábado, como siempre. Mientras desayunaba empezó a ver las noticias que hablaban de un sismo en Nepal con alcance al Everest. Las horas difíciles comenzarían para él y su familia.
No es fácil comunicarse desde el medio del Himalaya, más allá de que el teléfono satelital sea de última generación. Guillermo debía tener entereza y esperanza y confiar en la buena preparación de su mujer, quien no es una improvisada en esto del montañismo. Laly ya conoce el techo de tres continentes: hizo cumbre en el Elbrus (5.642 metros) el pico más alto de Europa, ubicado en Rusia, cerca de la frontera con Georgia; también ha visto a África desde arriba cuando conquistó el Kilimanjaro (5.895), ubicado en Tanzania, y por supuesto el Aconcagua (6.962), en Mendoza, el más alto de América. Para julio ya tenía programada una expedición al monte McKinley (Alaska), el más alto de Norteamérica.
Luego de muchas horas de espera interminables, la (buena) noticia llegó, bajó pulsaciones y le puso fin a la incertidumbre. El grupo estaba fuera de peligro y se encontraba en el campamento base de la ruta norte del Everest, a 5.200 metros de altura.
Hoy Laly, su grupo y muchos otros montañistas se encuentran refugiados en el campamento, a la espera de decisiones, aunque en condiciones aceptables a pesar de los temores a réplicas. El contacto vía whatsapp con sus seres queridos se ha restablecido, y también a través de las redes sociales han llegado reportes tranquilizadores. Hacia abajo las vías terrestres han sufrido alteraciones, y la ruta hacia la cima es una incertidumbre ya que no se sabe hasta qué punto el sismo ha afectado el recorrido.
El sueño de Laly de estar cara a cara con la inmensidad aún se sigue construyendo. El destino se interpuso en su deseo de conquista, pero a la vez le hizo un guiño salvador: fue el Tíbet y no Nepal su lugar en el mundo cuando todo tembló.
Wálter Rodríguez
wrodriguez@rionegro.com.ar
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