Adiós a Umberto Eco, el gran observador de nuestro tiempo

Escribió “El nombre de la rosa” y “Número cero”.

Redacción

Por Redacción

Las letras primero, pero la música también formó parte de sus pasiones.

No le gustaba que lo enmarquen en el duro corsé de los intelectuales. Umberto Eco, ese italiano con aspecto de bon vivant, el que traspasó el umbral de los teóricos para universitarios para colarse en la popularidad del best sellers con “El nombre de la rosa”, falleció ayer, a los 84 años, en su casa, víctima de un cáncer. Filósofo, lingüista, escritor, Umberto Eco, que vivía en Milán, a pocas manzanas de la Piazza del Duomo, era un amante de las letras en general y de la literatura, en todas sus formas. Y a todas ellas les rindió homenaje en su obra. Eco jamás se sintió alejado de los fenómenos populares. Apasionado por los cómics desde su infancia, les dedicó ensayos para desentrañar la ideología que se escondía detrás de los superhéroes. Dueño de una impresionante biblioteca de 35.000 libros, les dedicó a ellos sus mejores líneas. Los libros –uno en particular– fueron los protagonistas excluyentes de la intrigante novela “En el nombre de la rosa”, que le valió además la entrada al cine más taquillero. Nacido en Alessandría en 1932, Eco empezó a publicar en 1956, cuando se dio a conocer con “El problema estético en Tomás de Aquino”, un ensayo al que seguirían, entre otros títulos, “Apocalípticos e integrados” (1964) y “Tratado de semiótica general” (1975). Pero lo académico se convirtió en apenas una de sus caras visibles. Eco no fue nunca el lejano filósofo que pocos entendían. Al contrario, hombre agudo y atento hasta el último momento, el lanzamiento de “Número cero”, lo hizo ponerse frente a uno de los grandes desafíos de los diarios, internet, y a dejar sus filosos y polémicos análisis sobre las redes sociales. A sus 84 años, este italiano que desde chico también le dedicó su tiempo a la música, opinó: “El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad. Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad”. Todo dicho con esa media sonrisa de italiano simpático. Umberto Eco, en definitiva, era un observador agudo. La realidad, para él, era motivo de análisis. Con gracia, con picardía, sabía apuntar el dardo filoso de su pensamiento hacia aquellos hechos que definen una época. Como la definición sobre esa necesidad tan actual de publicar en las redes todo lo que hacemos. “Aquella chica que succionaba el pene de Bill Clinton… Mónica Lewinsky, regresó para hablar de eso y da conferencias. ¿Se podría esperar que permaneciese callada y desapareciese? No. Lo mismo que el ladrón o el mafioso va a televisión a contar lo que ha hecho. Éste es un fenómeno totalmente nuevo en la historia de la humanidad: es importante aparecer en público. Esta importancia de mostrarse ante otra gente era algo que hasta ahora sólo se veía en algunos asesinos en serie, que querían llamar la atención de los medios y de la policía. Pero un ‘serial killer’ es un loco, y ahora son las personas comunes las que tienen esta necesidad. Es como compartir una colonoscopia con el mundo”, dijo. “Número cero” fue su último libro, aparecido el año pasado y luego de cinco años sin publicar (“El cementerio de Praga” había llegado en 2010). El libro se centra en las crisis del periodismo a partir de la historia de un diario fallido. Estaba casado con una alemana desde hacía más de medio siglo y era padre de dos hijos.

A los 84 años

umberto eco Filósofo, lingüista, escritor


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora