A la caza de ñoquis

Por Redacción

No se equivocan por completo aquellos kirchneristas que se quejan por lo que a su entender es una campaña de “persecución política” en contra de miles de empleados públicos recién incorporados por el gobierno saliente al plantel permanente. Por tratarse de personas que consiguieran cargos merced a nada más que su militancia política a favor del “proyecto” de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, los interesados en echar a los ñoquis tienen forzosamente que tomar en cuenta detalles que en otras circunstancias no les interesarían. Al fin y al cabo, no es ningún secreto que Cristina y sus incondicionales han favorecido sistemáticamente a sus presuntos simpatizantes, reclutándolos para ocupar puestos clave en distintas reparticiones estatales aun cuando carecieran de las dotes supuestamente necesarias, con la esperanza de que servirían en la retaguardia a la espera de órdenes para iniciar una contraofensiva en nombre de “la resistencia”. Asimismo, desde el punto de vista de los líderes de La Cámpora y organizaciones parecidas, la voluntad del nuevo gobierno de privilegiar la idoneidad, pasando por alto todo lo demás, es de por sí evidencia de su adhesión a una ideología política determinada, una pragmática que los militantes creen terriblemente reaccionaria ya que discrimina en contra de analfabetos funcionales y otras víctimas de la injusticia social que según ellos deberían verse privilegiados por el gobierno nacional. Aunque los macristas juran que nunca se les ocurriría permitir una “caza de brujas”, no les ha sido posible evitar que la purga que está en marcha haya tenido connotaciones políticas evidentes. En el Senado, la Cancillería, los ministerios de Justicia y de Economía, además de muchas secretarías y empresas nacionalizadas pero en teoría aún privadas, como Aerolíneas Argentinas, se cuentan por miles los contratados exclusivamente a base de su compromiso con el “relato” kirchnerista. Según se informa, abundan los familiares de funcionarios kirchneristas mientras que algunos, para congraciarse con sus superiores, se dedican a hostigar a quienes se niegan a afirmarse partidarios fervorosos de la causa nacional y popular. Para terminar con tales abusos, el gobierno del presidente Mauricio Macri ha tenido que actuar con rapidez y firmeza. Cuenta con el apoyo decidido de su aliado peronista principal, Sergio Massa, el que manifestó su plena aprobación de la decisión de la vicepresidenta Gabriela Michetti de depurar el plantel del Senado eliminando más de 2.000 personas que fueron designadas por su antecesor, Amado Boudou. Según Massa: “Es muy sencillo, a los ñoquis hay que echarlos”. Comparten su opinión contundente muchos otros que coinciden en que es escandaloso que los contribuyentes se hayan visto obligados a aportar muchísima plata en subsidios para agrupaciones políticas cuyo militantes, lejos de contribuir al mejor funcionamiento del sector público, están resueltos a perjudicarlo por suponer que les corresponde ayudar así a debilitar a un gobierno que califican de derechista. Están en conflicto dos modelos de Estado: el kirchnerista o populista, que sirve para fortalecer al movimiento gobernante suministrándole dinero y brindando salidas laborales a militantes que de otro modo no encontrarían trabajo, y el despolitizado que está al servicio de la ciudadanía. Si bien en todos los países inciden hasta cierto punto las preferencias políticas en la conformación de las entidades estatales, en los más desarrollados es normal subordinarlas a la eficiencia del conjunto. En tales países, el Estado propende a ser elitista, ya que lo dominan funcionarios de carrera que se formaron en las universidades más exigentes, pero en nuestro país los sindicatos del sector público han logrado frustrar todos los intentos de profesionalizarlo. Aunque son reacios a defender a quienes no trabajan, los dirigentes sindicales insisten en que el Estado debería suplir las deficiencias laborales del sector privado empleando a quienes por razones “sociales” correrían el riesgo de permanecer desocupados de por vida. En tal ámbito sus esfuerzos han sido exitosos, ya que en los años últimos el sector público ha generado casi todos los nuevos puestos de trabajo, mientras que la tasa de empleo en el sector privado apenas ha aumentado.


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