Adios a Pedro Lemebel, el escritor que le puso voz a la diferencia

El escritor chileno murió ayer, a los 62 años. Fue crítico de la dictadura y de la sociedad conservadora.

LITERATURA

El escritor chileno Pedro Lemebel -un valiente crítico al régimen militar, que en plena dictadura se presentó en un encuentro de partidos opositores con tacones altos y una hoz pintada en el rostro, leyendo su manifiesto “Hablo por la diferencia’’, en la que explicó las vivencias de ser homosexual y pobre_ murió de cáncer a la laringe, a los 62 años.

“Cómo es la vida, yo arrancando del sida y me agarra el cáncer”, lamentó Lemebel meses atrás, cuando la enfermedad lo dejó sin voz y en silla de ruedas y la muerte ya era un pronóstico certero.

De tintes autobiográficos, sus cuentos y novelas fueron siempre una expresión contestataria a la sociedad chilena, que el escritor consideraba extremadamente conservadora y católica.

Sus escritos, promovidos en el extranjero por el también fallecido novelista Roberto Bolaño, fueron traducidos al francés, italiano, alemán e inglés, entre otros idiomas.

En 1987, junto con Francisco Casas, formó el colectivo de arte Yeguas del Apocalipsis, un trabajo atravesado por el recurso de poner el cuerpo, con el que realizó, desde los márgenes, performances, travestismo, fotografía, video e instalación; pero también reclamos de memoria, por los derechos humanos y la sexualidad.

“Las Yeguas.. “ se caracterizaron por sabotear lanzamientos de libros y exposiciones de arte, al aparecer de manera sorpresiva y provocadora, durante la transición democrática chilena, luego de la dictadura militar, por lo que se configuraron en el país como un fenómeno de la contracultura.

De filosofía comunista, Lemebel nació como Pedro Mardones en un barrio marginal de Santiago, pero adoptó el apellido de su madre, Violeta, como un acto de rebeldía e identidad. “El Lemebel es un gesto de alianza con lo femenino, inscribir un apellido materno, reconocer a mi madre huacha (sin padres o nacida al margen de un matrimonio) desde la ilegalidad homosexual y travesti’’, explicó en 1977.

Este hombre nacido el 21 de noviembre de 1952, exteriorizó su homosexualidad en una época en que el tema era tabú en Chile y donde casi nadie “salía del closet’’.

Profesor de Artes Plásticas, fue despedido en la década de 1980 de los únicos dos colegios donde hizo clases, debido a su homosexualidad.

“Se va un valiente y talentoso de las letras, Pedro Lemebel. Se le debe mucho en sacar los temas tabúes, contra, contra dictadura y cercano al pueblo’’, dijo la presidenta del Senado Isabel Allende.

“Nos abrió un camino de libertad, rompió el doble estándar y nos obligó a reconocer un Chile complejo y diverso’’, dijo la ministra de Cultura, Claudia Barattini.

Su última aparición pública se produjo hace unas semanas en el Museo Gabriela Mistral, vestido de blanco, extremadamente delgado y sin poder hablar.

Estaba internado en un hospital oncológico, donde falleció la madrugada de ayer.

Un comunicado del vocero de su familia, Héctor Núñez, dijo que el cáncer “pretendió dejarlo sin voz, pero ¿Quién podría dejar sin voz a Lemebel?. Su voz existe y persiste’’. A los 26 años ganó el primer lugar en una competencia poética de la Caja de Compensación Javiera Carrera, con el cuento “Porque el tiempo cerca’’, famoso por sus crónicas en 1986 publicó su antología “Intocables’’, vino “Loco afán: crónicas de sidario’’, en 1996, “De perlas y cicatrices’’, 1998. Su primera novela “Tengo miedo torero’’ apareció en 2001.

En la década de 1990 su fama trascendió las fronteras latinoamericanas y más tarde dictó conferencias en las universidades estadounidenses de Stanford y Harvard y durante una semana completa recibió homenajes en la Casa de las Américas, de La Habana, Cuba.

En 2006 obtuvo el premio de la Fundación Anna Seghers en Alemania y en 2013 ganó el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

Muchos de sus colegas coincidieron en que debió ganar el Premio Nacional de Literatura.

“Ser pobre y maricón”

En 1986 escandalizó al aparecer en un encuentro político opositor al general Augusto Pinochet con tacones altos y una hoz pintada en su cara, fue el comienzo de sus interrupciones en actos y en las calles de la ciudad.

El texto que leyó en aquel momento decía así: “No soy Pasolini pidiendo explicaciones. No soy Ginsberg expulsado de Cuba. No soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz. Aquí está mi cara. Hablo por mi diferencia. Defiendo lo que soy. Y no soy tan raro. Me apesta la injusticia. Y sospecho de esta cueca democrática. Pero no me hable del proletariado. Porque ser pobre y maricón es peor. Hay que ser ácido para soportarlo. Es darle un rodeo a los machitos de la esquina. Es un padre que te odia. Porque al hijo se le dobla la patita. Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro. Envejecidas de limpieza. Acunándote de enfermo. Por malas costumbres. Por mala suerte”.


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