Adiós al cepo

Redacción

Por Redacción

Si bien no cabe duda de que el llamado cepo cambiario perjudicó enormemente la economía nacional, razón por la que en el transcurso de la campaña electoral Mauricio Macri dijo una y otra vez que, en el caso de ganar, lo eliminaría enseguida, motivó cierta sorpresa la celeridad con la que obró el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay, ya que sólo tardó un par de días en poner fin al ruinoso experimento ensayado por el gobierno kirchnerista. En adelante, no habrá dólares blue, “contado con liqui”, otros considerados apropiados para turistas o ahorristas y así por el estilo, sino uno solo cuyo valor se verá determinado por el mercado con la intervención presuntamente esporádica del Banco Central. Se tratará, pues, de una versión de lo que los financistas califican de “flotación sucia” en que el Estado procura hacer pensar que la cotización de la moneda nacional se verá fijada por las vicisitudes de la oferta y la demanda, pero así y todo se reserva el derecho a intervenir si lo cree conveniente para que no haya fluctuaciones violentas. Como fue de prever, los defensores de los controles cambiarios insisten en que, al eliminarlo, el gobierno devaluó el peso el 30% o más, basándose en la cotización oficial según la cual el día anterior un dólar estadounidense valía 9,826 pesos, pero puesto que, para una parte creciente de la economía, la divisa norteamericana que nos sirve de moneda de referencia ya costaba más de 15 pesos, y en diversas oportunidades el dólar blue llegó a superar los 16, el asunto dista de ser tan evidente como suponen. Incluso podría hablarse de la apreciación reciente del peso. Sea como fuere, se prevé que el abandono del cepo tenga un impacto adverso bastante fuerte en los precios de los productos de primera necesidad, como los alimenticios, lo que con toda seguridad preocupa a un gobierno que se afirma resuelto a impedir que quienes menos tienen paguen los costos de los ajustes que tendrá que llevar a cabo. Por lo demás, el gobierno de Macri no podrá tratar de minimizar el impacto inflacionario de la eliminación del cepo adoptando la estrategia kirchnerista de falsificar las estadísticas correspondientes, ya que se ha comprometido a restaurar la credibilidad del Indec. El cepo, fruto de la ilusión kirchnerista de que, merced al 54% de los votos conseguidos por Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones del 2011, el gobierno podría manipular la economía sin prestar demasiada atención a la evolución de los mercados, resultó ser un fracaso total. No sirvió para frenar la fuga de dólares sino que, por el contrario, hizo que huyeran aquellos más de 50.000 millones que a mediados del 2011 estaban en el Banco Central. También contribuyó a dar un impulso fuerte a la inflación y a devastar las economías regionales, mientras que aumentó el déficit fiscal y el país cayó en una recesión que todavía persiste. Aun cuando fuera evidente que, para recuperarse, la economía tendría que liberarse del cepo, Cristina y su ministro de Economía, el actual diputado Axel Kicillof, se negaban a darse por vencidos. Siguieron aferrándose a sus propias teorías hasta el final, como si tuvieran la intención de dejar a sus “herederos” un país con tantos problemas que gobernarlo sería virtualmente imposible. Prat Gay, el encargado del Banco Central –Federico Sturzenegger– y otros miembros de los equipos económicos oficiales se creen capaces de superar los obstáculos que erigieron los kirchneristas con el propósito aparente de asegurar el fracaso de la gestión del presidente Macri, pero lograrlo no les será del todo fácil. A juzgar por las declaraciones tanto de Macri como de sus colaboradores, el gobierno es reacio a reducir drásticamente el gasto público pero ya ha comenzado a privarse de fuentes de ingresos al eliminar muchas retenciones y querer bajar algunos impuestos. Los macristas apuestan a que los agentes económicos locales y extranjeros se sientan tan entusiasmados por lo que están haciendo que reaccionen aportándole, a través de préstamos y, lo que sería mejor aún, inversiones cuantiosas, los miles de millones de dólares que necesitarían para que la economía se reactive muy pronto. Esperemos que hayan acertado Prat Gay y los economistas que lo acompañan; si fracasan en su intento de reparar con rapidez los daños provocados por el gobierno anterior, el país estará, como muchos dicen, en el horno.


Si bien no cabe duda de que el llamado cepo cambiario perjudicó enormemente la economía nacional, razón por la que en el transcurso de la campaña electoral Mauricio Macri dijo una y otra vez que, en el caso de ganar, lo eliminaría enseguida, motivó cierta sorpresa la celeridad con la que obró el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay, ya que sólo tardó un par de días en poner fin al ruinoso experimento ensayado por el gobierno kirchnerista. En adelante, no habrá dólares blue, “contado con liqui”, otros considerados apropiados para turistas o ahorristas y así por el estilo, sino uno solo cuyo valor se verá determinado por el mercado con la intervención presuntamente esporádica del Banco Central. Se tratará, pues, de una versión de lo que los financistas califican de “flotación sucia” en que el Estado procura hacer pensar que la cotización de la moneda nacional se verá fijada por las vicisitudes de la oferta y la demanda, pero así y todo se reserva el derecho a intervenir si lo cree conveniente para que no haya fluctuaciones violentas. Como fue de prever, los defensores de los controles cambiarios insisten en que, al eliminarlo, el gobierno devaluó el peso el 30% o más, basándose en la cotización oficial según la cual el día anterior un dólar estadounidense valía 9,826 pesos, pero puesto que, para una parte creciente de la economía, la divisa norteamericana que nos sirve de moneda de referencia ya costaba más de 15 pesos, y en diversas oportunidades el dólar blue llegó a superar los 16, el asunto dista de ser tan evidente como suponen. Incluso podría hablarse de la apreciación reciente del peso. Sea como fuere, se prevé que el abandono del cepo tenga un impacto adverso bastante fuerte en los precios de los productos de primera necesidad, como los alimenticios, lo que con toda seguridad preocupa a un gobierno que se afirma resuelto a impedir que quienes menos tienen paguen los costos de los ajustes que tendrá que llevar a cabo. Por lo demás, el gobierno de Macri no podrá tratar de minimizar el impacto inflacionario de la eliminación del cepo adoptando la estrategia kirchnerista de falsificar las estadísticas correspondientes, ya que se ha comprometido a restaurar la credibilidad del Indec. El cepo, fruto de la ilusión kirchnerista de que, merced al 54% de los votos conseguidos por Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones del 2011, el gobierno podría manipular la economía sin prestar demasiada atención a la evolución de los mercados, resultó ser un fracaso total. No sirvió para frenar la fuga de dólares sino que, por el contrario, hizo que huyeran aquellos más de 50.000 millones que a mediados del 2011 estaban en el Banco Central. También contribuyó a dar un impulso fuerte a la inflación y a devastar las economías regionales, mientras que aumentó el déficit fiscal y el país cayó en una recesión que todavía persiste. Aun cuando fuera evidente que, para recuperarse, la economía tendría que liberarse del cepo, Cristina y su ministro de Economía, el actual diputado Axel Kicillof, se negaban a darse por vencidos. Siguieron aferrándose a sus propias teorías hasta el final, como si tuvieran la intención de dejar a sus “herederos” un país con tantos problemas que gobernarlo sería virtualmente imposible. Prat Gay, el encargado del Banco Central –Federico Sturzenegger– y otros miembros de los equipos económicos oficiales se creen capaces de superar los obstáculos que erigieron los kirchneristas con el propósito aparente de asegurar el fracaso de la gestión del presidente Macri, pero lograrlo no les será del todo fácil. A juzgar por las declaraciones tanto de Macri como de sus colaboradores, el gobierno es reacio a reducir drásticamente el gasto público pero ya ha comenzado a privarse de fuentes de ingresos al eliminar muchas retenciones y querer bajar algunos impuestos. Los macristas apuestan a que los agentes económicos locales y extranjeros se sientan tan entusiasmados por lo que están haciendo que reaccionen aportándole, a través de préstamos y, lo que sería mejor aún, inversiones cuantiosas, los miles de millones de dólares que necesitarían para que la economía se reactive muy pronto. Esperemos que hayan acertado Prat Gay y los economistas que lo acompañan; si fracasan en su intento de reparar con rapidez los daños provocados por el gobierno anterior, el país estará, como muchos dicen, en el horno.

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