Ajuste de estrategias
Las primeras semanas de Donald Trump como presidente de EE.UU. ha sacudido a buena parte del escenario político, tanto en su propio país como a nivel internacional. Lejos de buscar un perfil moderado, el magnate encaró desde el inicio mismo de su mandato los ejes más polémicos de sus propuestas electorales y confirmó que en política internacional aplicará a rajatabla su eslogan “América (EE.UU.) first”, con rivales o aliados.
Más que “imprevisible”, como lo tildaban antes del inicio de su mandato, Trump comenzó a gobernar con el mismo estilo personalista y agresivo que tuvo en la campaña y respetando a rajatabla sus principales promesas: retiró a su país del Tratado Transpacífico, arrancó la ampliación del muro fronterizo con México y en una agria conversación con su presidente Enrique Peña le advirtió que deberá ayudar a financiarlo, suspendió todos los programas para recibir refugiados y vetó el ingreso de ciudadanos de 7 países islámicos, destituyó a la fiscal general que cuestionó la medida, reanudó la construcción de polémicos oleoductos frenados por razones ambientales, se quejó ante Alemania, China y Japón por temas comerciales, ratificó su desdén por la UE, avanzó en la relación especial con Gran Bretaña, entre otras.
En cuanto a nuestro país, las señales han sido pocas pero también negativas. En pocos días el presidente estadounidense firmó un decreto que complica los viajes de los argentinos hacia ese país al sumar una entrevista obligatoria para quienes deban renovar la visa y se les haya vencido hace más de doce meses. Antes, había dado marcha atrás con la apertura del mercado de limones que Barack Obama había acordado con la administración Macri en su último mes como presidente de Estados Unidos y anunció que revisará todo el sistema de preferencias arancelarias, lo que podría implicar restricciones a otros 500 productos de las economías regionales, entre ellos de Río Negro y Neuquén, que argentina exporta a ese país.
Las medidas son un revés para la estrategia internacional del gobierno argentino, que había apostado desde el inicio de su mandato a una estrecha relación con EE.UU., como se reflejó en el viaje de Obama a nuestro país. Quizás Macri esté pagando en parte el costo de su apoyo explícito a la candidatura de Hillary Clinton en las pasadas elecciones, pero la mayoría de los analistas se inclinan a pensar que se trata más bien de que las prioridades internacionales de la superpotencia han cambiado drásticamente con Trump, que dará mucho menos importancia a Sudamérica para concentrarse en regiones donde tiene intereses más directos, México y Centroamérica, por cuestiones migratorias, de seguridad y comerciales. No sólo Argentina, sino también Brasil -el presidente Temer sólo logro una escueta charla telefónica con el nuevo mandatario-, Chile, Perú y Ecuador quedaron afuera del radar norteamericano. También los tradicionales “polos” económicos regionales están debilitados. México, por la incertidumbre de su asociación con EE.UU. y Brasil por el estancamiento político y económico en el que se encuentra desde hace más de cuatro años.
Pareciera que, de la mano de Trump, el mundo avanza hacia un mayor nacionalismo económico donde las relaciones bilaterales comenzarán a predominar sobre los organismos internacionales y las grandes asociaciones de libre comercio.
Uruguay parece haber tomado nota ya y avanzó rápidamente con la negociación de un tratado de libre comercio directo con China, un país que ante la creciente indiferencia norteamericana parece dispuesto a aumentar su rol en la región, como mostró la presentación hace poco días de su segundo “Libro Blanco”, que ofrece alternativas de cooperación y asociación en inversiones y comercio.
En mundo más proteccionista y de menor crecimiento, Argentina deberá renegociar su agenda con EE.UU., al tiempo que debería abrirse a nuevas alternativas para diversificar mercados y asociaciones, tanto en la región como en el resto del mundo. Todo un desafío.

Las primeras semanas de Donald Trump como presidente de EE.UU. ha sacudido a buena parte del escenario político, tanto en su propio país como a nivel internacional. Lejos de buscar un perfil moderado, el magnate encaró desde el inicio mismo de su mandato los ejes más polémicos de sus propuestas electorales y confirmó que en política internacional aplicará a rajatabla su eslogan “América (EE.UU.) first”, con rivales o aliados.
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