Al fin, Florencia Peña logra capturar a Charity

Redacción

Por Redacción

BUENOS AIRES, (Télam).- El musical «Sweet Charity», basado lejanamente sobre una película de Federico Fellini, con texto del siempre brillante Neil Simon y coreografía original de Bob Fosse, se estrenó en el Lola Membrives, donde su protagonista Florencia Peña debió luchar con un personaje demasiado huidizo para, finalmente, darle caza.

«Sweet Charity», producida por Daniel Grinbank y dirigida por Enrique Federman sobre pautas del estadounidense Larry Raben, tiene en su elenco a Nicolás Scarpino, Griselda Siciliani, Débora Turza, Omar Lopardo, Pablo Sultani y Diego Ramos, entre otros.

Se trata de una comedia romántica sobre una chica, Charity, de origen humilde y de profesión «copera», cuyo trabajo lindante con la prostitución la hace permeable a no pocos disgustos con los hombres.

De entrada, nomás, el personaje es engañado y timado por un pringoso galán, que no sólo la humilla y le roba la cartera sino que también termina arrojándola dentro de una fuente, en una de las escenas más «bizarras» vistas en un espectáculo de lujo.

Así, maltrecha y todo, volverá a soñar con el amor, y se cruzará con dos compañeras de piringundín (Siciliani y Turza), con las que filosofará cantando en una terraza -recordada escena del filme de Bob Fosse (1969)-, en la que cada una definirá una personalidad.

Su gran oportunidad, sin embargo, será el encuentro con un muchacho inseguro (Nicolás Scarpino), con el que reforzará la posibilidad de formar una pareja para siempre, aunque algo sucederá para que vuelva a la soledad acostumbrada.

«Sweet Charity» en versión 2006 -hubo otra en Buenos Aires, con la vedette Guadalupe- aparece como un espectáculo brioso, con excelente música de Cy Coleman dirigida en vivo por Gerardo Gardelín y con una atractiva escenografía del siempre eficaz Alberto Negrín.

El problema es que le cuesta empezar, tal vez porque la acción se demora demasiado en perfilar las desventuras de la heroína, y porque como sucede casi siempre en el género, se aprecian las «costuras» con que las canciones son insertadas en la trama.

A quien le cuesta arribar a su propósito es a Florencia Peña, cuyos recursos no parecen al principio

suficientes para afrontar ese compromiso, que supo estar en manos de la enorme Shirley MacLaine y, más remotamente, de Giulietta Masina.

Tal vez se deba a que Peña no es cantante ni bailarina y sí una actriz que canta y baila (y lo hace correctamente), y porque se pretende que su presencia dentro de tanto fasto sea más arremetedora de lo que es.

Es que su Charity, contrariamente a lo que suele suceder, es la primera en aparecer, con su conocido «Si pudieras verte», que en la primera noche comprometió a la actriz en una gestualidad repetida y aparentemente externa.

El personaje fue, finalmente y por fortuna, apareciendo y tuvo en Peña a una intérprete graciosa -aunque a su candidez le haya faltado ternura- y rotundamente convincente en un pasaje dramático, que es el registro en el que mejor se mueve.

La actriz también tuvo en contra personalidades escénicas muy definidas (Débora Turza, Pablo Sultani) y, sobre todo la de Nicolás Scarpino -al fin fuera de sus característicos gays-, capaz de dar vuelta todo desde que aparece.

El actor posee una «vis cómica» encantadora y ofrece a su conflictuado galán momentos memorables, como el ataque de claustrofobia en un ascensor y su iniciación en los ritos de una particular iglesia que predica más el amor carnal que el divino.

Uno de los grandes aciertos de la puesta es haber mantenido la época de la original, esa «era de Acuario» que remite incluso a ciertos pasajes de «Hair» y que se ve en las minifaldas, los peinados y (por supuesto) la música.

Hay también buenos desempeños de Diego Ramos como el engreído galán itálico, de Omar Lopardo como el encargado del local de acompañantes masculinas, de Griselda Siciliani como la compañera escéptica (en el papel en que brilló Chita Rivera en el cine) y Valeria Archimaut en un pasaje bailado.

El elenco, obtenido de un cuidadoso «casting» e integrado por figuras mayormente televisivas, tiene una potencia interesante, ya que como se estila en los tiempos que corren, se ven obligadas a perfeccionarse saludablemente en disciplinas como canto y baile.

Todo eso hace de «Sweet Charity» un espectáculo grato -a pesar de su excesiva duración y del intervalo de 15 minutos- que desborda el estrellato de Florencia Peña y se empina por encima de otros ejemplos musicales que suelen llegar hasta estas playas.

 

HECTOR PUYO


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar