Al Qaeda, un grupo diezmado pero con franquicias activas


Por Didier Lauras*

Su jefe vive recluido y ha dejado de ejercer como coordinador, pero Al Qaeda no ha muerto. Muchos grupos yihadistas han adoptado la “marca” y aunque carecen de ambiciones planetarias tienen intereses en distintos países y en el contrabando.

El grupo fundado por Osama bin Laden, cuya firma sigue siendo los atentados de Nueva York del 11 de septiembre de 2001, está muy debilitado. La organización Estado Islámico (EI) y su efímero califato autoproclamado (2014-2019) le ha robado el liderazgo del yihadismo internacional.

Pero Al Qaeda sigue presente y en algunas zonas intenta proyectarse a largo plazo mediante negociaciones políticas.

A nivel mundial, “Al Qaeda se halla en una posición débil. El corazón del grupo en torno a [su líder, Ayman] Al Zawahiri ha recibido un golpe duro”, estima Daniel Byman, investigador de la universidad de Georgetown en Washington.

“Zawahiri permanece recluido por necesidad y su ausencia de carisma frena la capacidad de atraer a nuevos partidarios a Al Qaeda. No es el rostro del futuro”, asegura Katherine Zimmerman del American Enterprise Institute en Washington.

Alain Chouet, ex alto cargo de los servicios de inteligencia franceses (DGSE), va más allá: “Aparte de Zawahiri y de algunos allegados que están en Pakistán, la organización en sí misma no tiene ninguna capacidad”.

“El mito se ha fortalecido por el hecho de que los movimientos islamistas violentos o contestatarios en el mundo árabe y musulmán reivindican ser de Al Qaida para ganar credibilidad, y porque a los gobiernos de estos países les conviene hacer pasar a sus oponentes por miembros de Al Qaeda para obtener apoyo de los occidentales”, afirma.

Desperdigados

Apropiación del mito, uso de la marca, adopción de una franquicia … Independientemente del vocabulario utilizado, existen vínculos entre la organización y los grupos que se declaran afines a ella, como AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) ) AQAP (en la Península Arábiga), los somalíes de Al Shabab y algunos grupúsculos sirios. Eso sin contar con sus raíces en Pakistán.

En cada caso coincide la metodología: se funden en el panorama local o regional y participan en la dinámica política, étnica y religiosa, aprovechando los puntos débiles de los Estados.

Suministran armas y dinero a los habitantes que se convierten, a largo plazo o a veces, en yihadistas ocasionales. Una forma de aumentar las filas manteniendo el caos.

AQAP y Al Qaeda en Siria aplican modelos bastante simétricos, según Michael Horton, investigador sobre el mundo árabe en la Fundación Jamestown.

Diseminan a los combatientes en distintas milicias para “adquirir influencia, fondos y acceso a los tráficos”, explica, recordando que el contrabando y las alianzas locales “son más útiles que una adhesión ideológica y los caros ataques terroristas en el extranjero”.

Los yihadistas del suroeste de Libia afiliados a AQMI, operan en los confines de Argelia y Níger. También se centran en cobrar tasas a los traficantes, evitando “ataques que podrían llamar la atención”, según un informe de expertos de la ONU encargados del control de las sanciones, publicado en enero.

El caso de Malí

Describir a Al Qaeda como una nebulosa coherente con una dirección es una pista falsa, aseguran las fuentes consultadas por la AFP, que sin embargo instan a no fiarse demasiado del hecho de que el grupo no haya cometido un ataque coordinado en Europa o Estados Unidos.

Porque la “marca” va bien. “Los afiliados de Al Qaeda son más fuertes que el EI en muchas zonas de conflicto, sobre todo en el Sahel, Somalia, Yemen y el noroeste de Siria”, aseguran los expertos de la ONU.

Estos yihadistas también están en primera línea en una serie de negociaciones.

Los expertos destacan los vínculos entre Zawahiri y el jefe de los talibanes Sirajudin Haqani, quien acaba de firmar un acuerdo histórico con Estados Unidos.

Y en Malí, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM) de Iyad Ag Ghaly, afiliado a Al Qaeda, declaró estar dispuesto a negociar con Bamako si Francia y la ONU retiraban sus fuerzas del país.

El conflicto de Malí es el principal desafío de Al Qaeda en la actualidad, pese a ser local, opina Katherine Zimmerman: “Tales negociaciones podrían, como con los talibanes, hacer que [el GSIM] se convierta en un grupo integrado en la sociedad, y no al margen de la misma”.

*Periodista de AFP



Por Didier Lauras*

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