Ante la ofensiva islamista

Por Redacción

Según el presidente norteamericano Barack Obama, Al Qaeda y sus muchos aliados ya han dejado de plantear una amenaza seria a su propio país. Puede que esté en lo cierto cuando dice que, merced a la vigilancia del FBI y otros servicios de inteligencia, los islamistas no están en condiciones de llevar a cabo masacres en gran escala en territorio estadounidense, pero en otras partes del mundo la situación es muy distinta. En Kenia, Nigeria, Siria, Yemen, Irak y Pakistán, pocos días transcurren sin que mueran centenares de personas a manos de fanáticos a menudo vinculados con la organización responsable del atentado terrorista del 11 de septiembre del 2001 que motivaría la invasión por Estados Unidos de Afganistán primero y, si bien indirectamente, de Irak menos de dos años más tarde. En Nairobi, los guerreros santos asesinaron a por lo menos 70 hombres, mujeres y niños, en muchos casos luego de torturarlos y mutilarlos, al apoderarse de un shopping en el centro de la ciudad, mientras que en Yobe, en el norte de Nigeria, militantes del grupo Boko Haram mataron a 50 estudiantes de un colegio secundario. Parecería que, lejos de sentirse derrotados, los integristas de Al Qaeda y agrupaciones que comparten las mismas ideas creen que ha llegado la hora para iniciar una ofensiva brutal contra los reacios a someterse a su versión del islam, una ofensiva que, en buena lógica, debería motivar una reacción muy fuerte por parte no sólo de los países africanos sino también de las potencias occidentales. Las atrocidades más recientes han sido perpetradas en países subdesarrollados, pero los servicios de seguridad norteamericanos y europeos saben que podrían producirse en Nueva York, Londres, París, Madrid o Berlín ataques similares a los que han sufrido ciudades como Bombay y Nairobi, de suerte que están preparándose para enfrentar la contingencia así supuesta. El temor que sienten es racional. Fanáticos bien armados que están dispuestos a inmolarse con tal de que mueran con ellos muchos “infieles”, serían plenamente capaces de sembrar terror en cualquier ciudad del mundo. Hasta ahora, en el Occidente los yihadistas han preferido limitarse a atentados tradicionales, a veces con bombas caseras, como las que usaron en Madrid y Londres, pero hay motivos para suponer que últimamente los grupos más radicales, de origen paquistaní y somalí, han optado por una modalidad que es aún más espectacular. Puesto que en Estados Unidos y Europa abundan los jóvenes que se sienten atraídos por la idea de la guerra santa, razón por la que tantos se han sumado al conflicto a un tiempo feroz y caótico que ya ha costado más de 100.000 vidas en Siria y, según se informa, algunos con pasaportes occidentales participaron del ataque que tanto horror provocó en Kenia, extrañaría que no se hayan propuesto tratar de asestar un golpe que a su entender sería mortal a sus enemigos en una de sus metrópolis principales. Por motivos comprensibles, hasta ahora los gobiernos europeos han preferido minimizar la gravedad del peligro planteado por el islamismo militante. Además de no querer brindar la impresión de diferenciar entre los musulmanes por un lado y los adherentes a otros credos por el otro, entienden que reforzar las medidas de seguridad equivaldría a una derrota. Tal estrategia, que se basa en la esperanza de que la mayoría de los musulmanes los ayudaría a aislar a los extremistas y que éstos entenderían que su conducta violenta perjudicaba más a sus correligionarios que a los demás, aún no parece haber fracasado por completo, pero de producirse en una gran ciudad europea una matanza comparable con la de Nairobi o, en 2008, en Bombay, cuando murieron 173 personas, las autoridades podrían verse obligadas a asumir una postura mucho más firme, arrestando a los sospechosos de simpatizar con los yihadistas y expulsando a todos los clérigos islamistas de origen extranjero que están contribuyendo a enfervorizar a jóvenes deseosos de rebelarse contra las sociedades en que se formaron. Es que, mal que bien, en todos los países europeos están endureciéndose las actitudes de la mayoría que, a diferencia de los dirigentes políticos, propende a tomar muy en serio las amenazas proferidas por los islamistas más belicosos y teme que, dentro de poco, sus propias ciudades se vean transformadas en campos de batalla.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 3 de octubre de 2013


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