Rubén, el emblemático canillita de la Ruta 22 de Neuquén: «A mí me gusta esto, charlar con todos»

Empezó tras la crisis de 2001 y, entre titulares y semáforos, logró construir su casa y ver a su hijo recibirse de ingeniero. Una charla sobre los códigos de calle, el valor del diario papel y por qué se niega al retiro.

Por Elena Egea

Haga frío, llueva o truene, Rubén Menzo siempre está en el semáforo de la Ruta 22 y Cornelio Saavedra. «Este es mi trabajo, no puedo faltar. Yo soy el que lleva plata a mi casa, amiga«, remarcó con sus ojos bien grandes, levantando los brazos. Es canillita desde hace 25 años. Hoy, con 73, mira hacia atrás y reflexiona: «Vendiendo el diario terminé mi casa, me compré la camioneta y mi hijo pudo ir a la universidad».

Arranca bien temprano, a las 6 de la mañana. Para las 12, venda o no todas las unidades, se termina la jornada laboral. Lo espera el almuerzo calentito que le preparó su compañera, en esta ocasión un rico puchero. De lunes a sábados vende el diario en la calle, el domingo hace reparto.

Para Rubén, el diario de papel tiene cierta magia. Su sección favorita es la de Policiales, aunque también le gusta enterarse los temas que circulan en la política. Y por su puesto, su querida «Mafalda». Pero lo que lo mantiene firme en aquel semáforo de la Ruta 22, además de sumar un ingreso, es conversar con las personas.

«A mí me gusta esto: charlar con vos, con aquel, con todos. Tenés contacto con gente distinta todos los días. Hay gente que le decís buen día y te muerde el dedo, pero la mayoría son todos conocidos, te saludan. El lunes con el fútbol ni hablemos, hay gastadas entre hinchas», comentó.

De lunes a sábados, Rubén vende el Diario Río Negro en la Ruta 22. (Foto: Matías Subat).

Rubén Menzo: el canillita de Neuquén que ve la calle desde 2001


Rubén nació en La Pampa, provincia que recuerda con mucho cariño. Cuando era un adolescente se fue a vivir a Buenos Aires y a los 16 años consiguió su primer trabajo en una metalúrgica. En 1977, con 23 años, un amigo lo invitó a probar suerte en Neuquén. «El Mundial de aquella época ya lo vi acá», relató.

Aquí empezó una nueva aventura, aunque no fue sencillo. Le costó adaptarse al clima y a la idiosincrasia de la gente de aquel entonces, pero su carácter sociable lo ayudó a abrirse paso «haciendo changas» hasta que encontró cierta estabilidad en el rubro de la gastronomía, como mozo. «No sabía nada, no conocía ni una bandeja«, confesó. Sin embargo, pronto aprendió el oficio.

Trabajó mucho tiempo en los locales del centro y en el antiguo casino de la provincia. Con la llegada del nuevo milenio, los cambios de dueños y una de las crisis más grandes de Argentina, se quedó sin empleo. «Empecé como canillita de grande, en el año 2001, cuando hicieron los grandes saqueos», recordó.

Encontrar el lugar ideal requirió caminar por Neuquén y entablar negociaciones con otros canillitas. Sus primeros pasos los dio en la esquina de Catriel y San Martín. Luego se dio cuenta que en la Ruta 22 y Anaya pasaba más gente, pero allí se topó con los códigos de la calle. «Apareció uno que me dijo que la parada era de él«, relató. Así, la Ruta 22 y Saavedra se transformó en su puesto definitivo.

Rubén está jubilado, pero disfruta de ir a diario a charlar con la gente en la Ruta 22. (Foto: Matías Subat).

Recordó la «época de oro», antes de la pandemia y de la crisis, cuando vendía hasta 120 ejemplares en una mañana. Los domingos eran jornadas maratónicas junto a su esposa: ella de un lado, él del otro, con la camioneta y el auto cargados. Lo rememora como un tiempo en el que «el bolsillo del trabajador» le permitía el ritual completo: pasar por la estación de servicio, comprar el café con leche, las medialunas, los cigarrillos y el diario. Hoy, el mundo cambió, pero todavía hay una clientela fiel que todos los días le compra el Diario RÍO NEGRO a Rubén y no empieza la jornada sin leer las noticias.

Ya está jubilado hace unos años, aunque se resiste a abandonar el oficio de «diariero». «¿Qué voy a hacer todo el día en mi casa? A mí me gusta esto, charlar con todos. Es lo que más me gusta», enfatizó. Además, confía en que tiene salud para rato. «El médico me hizo el electro y me dijo que tengo para 40 años más. No tomo ni una pastilla y me siento re bien«, aseguró entre risas.

Sin embargo, cree que el retiro es inminente. «¿Sabés cuándo me voy a retirar? Yo te voy a decir lo que me va a pasar porque veo el futuro más allá. Cuando terminen la ruta de Gatica hasta el puente y empiecen a poner las chapas para acá, se me acabó todo», mencionó.

Hasta entonces, Rubén permanecerá de lunes a sábado en el semáforo de Ruta 22 y Coronel Saavedra, con su campera roja y amarilla de Diario RÍO NEGRO, charlando con los conductores y peatones que se detienen a comprar un ejemplar. Tal vez va a siendo hora de buscar una nueva esquina o dejarse cobijar por el calor de su hogar, tras toda una vida de trabajo, primero en las confiterías, luego en las calles de Neuquén. «Yo estoy chocho de la vida. Hice mi casa, los coches. No me imaginaba este laburo, pero me dio mucho», concluyó.




Haga frío, llueva o truene, Rubén Menzo siempre está en el semáforo de la Ruta 22 y Cornelio Saavedra. "Este es mi trabajo, no puedo faltar. Yo soy el que lleva plata a mi casa, amiga", remarcó con sus ojos bien grandes, levantando los brazos. Es canillita desde hace 25 años. Hoy, con 73, mira hacia atrás y reflexiona: "Vendiendo el diario terminé mi casa, me compré la camioneta y mi hijo pudo ir a la universidad".

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios