Antologías de textos eróticos sacan a la luz un género muchas veces escondido

Distintos registros para pensar una categoría literaria.Decisiones personales a la hora de escribir.Representaciones del cuerpo, el placer y el goce.

La flamante aparición de dos antologías dedicadas al relato erótico -sumadas a otras tantas publicadas en los últimos dos años- supone el redescubrimiento de un género que a fuerza de imprecisiones y obstáculos siempre ha escamoteado sus alcances: aun así, desde Leopoldo Lugones a Ricardo Piglia es posible establecer un repertorio de escrituras que desde diversos registros (la violencia, el exotismo o la sordidez) ofrecen algunas claves para pensar el erotismo como categoría literaria.

El fenómeno se inició a fines de 1998 con el lanzamiento simultáneo de dos selecciones que proponen un seguimiento del erotismo en la narrativa local: «La Venus de papel» -a cargo del sello Planeta- y «Sexshop», encomendada por Emecé a los investigadores y críticos Adriana Fernández, Mercedes Güiraldes y Eduardo Hojman. Ambas obras llevan vendidas casi 6.000 ejemplares y suman varias reediciones.

Hace unas semanas, irrumpió en las librerías «Erótica argentina», un volumen compilado por la ensayista Alejandra Zina que rastrea las variantes del género en un amplio espectro que incluye a autores como Eugenio Cambaceres, Paul Groussac, Roberto Arlt, Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Dalmiro Sáenz, Manuel Puig, Osvaldo Lamborghini, Néstro Perlongher, Tununa Mercado, Luis Gusmán y Diana Bellesi, entre otros.

«Tanto o más que los numerosos abordajes teóricos, la literatura puede dar cuenta de la inestabilidad a la hora de concretar una definición o una única topología del erotismo (…) La dificultad o cordialidad en la relación entre erotismo y literatura no es únicamente léxica. Es decir, no se trata sólo de una cuestión de riquezas y pobrezas de lenguaje, sino de un complejo en el que convergen las decisiones personales del autor con ascendencias culturales e ideológicas», destaca Zina en el prólogo de la obra, lanzada por Ediciones Atril.

La otra novedad relacionada con el género pretende ser más específica todavía: la literatura erótica homosexual.

El libro, titulado «Historia de un deseo» y escrito por el narrador y periodista Leopoldo Brizuela, recoge relatos breves producidos por autores argentinos del siglo XX que tienen como vínculo común la presencia de un deseo homosexual, ya sea como motor principal de la historia, dato secundario o como simple telón de fondo.

Sin embargo, a diferencia de otras antologías que han pretendido circunscribir un género y reducirlo a su mínima expresión, el trabajo realizado por el ganador del Premio Clarín de Novela 1999 se propone expandir las fronteras del llamado «relato erótico homosexual», de ahí que la selección no se agota en la presencia de autores que hayan explicitado esta condición sexual.

Publicada por Planeta, la obra está integrada por 28 relatos de autores contemporáneos como Jorge Asís, Marcelo Birmajer, Abelardo Castillo, Julio Cortázar, Sara Gallardo, Angélica Gorodischer, María Moreno, Silvina Ocampo, Ricardo Piglia y Juan Rodolfo Wilcock, entre otros.

Hacia una definición posible del erotismo

«No creo en ninguna filosofía no-erótica. No me fío de ningún pensamiento desexualizado… Claro que es difícil creer que la «Lógica» de Hegel o la «Crítica de la razón pura» hubieran podido concebirse si sus autores no se hubieran mantenido a cierta distancia del cuerpo. Pero la conciencia pura, en cuanto se realiza, tiene que sumirse de nuevo en el cuerpo, en el sexo, en el Eros», escribe Witold Gombrowicz en el prólogo de su novela «La seducción».

«¿Y si «La seducción» fuera un intento por renovar el erotismo polaco?… Un intento por hallar una erótica que concordara mejor con nuestra historia reciente -hecha de violaciones, de esclavitud, de peleas de chiquillos brutos-, un oscuro descenso hasta las lindes entre la conciencia y el cuerpo?», prosigue el escritor polaco, que se radicó en la Argentina tras estallar la Segunda Guerra Mundial y permaneció aquí durante 25 años.

En la misma dirección que Gombrowicz cuestiona la necesidad de establecer nuevas articulaciones entre erótica e historia, se podría rastrear las condiciones en las que subsistió esta tensión en el devenir de la literatura argentina.

Para eso, es necesario determinar primero las modalidades de representación del erotismo.

«Creo que la categoría de lo erótico puede dividirse entre los que se ocupan del cuerpo en tanto objeto y los que se refieren al sujeto: para el primer grupo podemos tomar como ejemplo a George Bataille y para el segundo a Gombrowicz», analizó el escritor y psicoanalista Luis Gusmán, autor de obras como «El frasquito», «La rueda de Virgilio» y «Villa».

«¿En qué consiste lo erótico? Uno puede decir que se concentra en un gesto o una pose. En ese caso, estaríamos diciendo que consiste en un efecto del lenguaje -destaca- Y si esto es así, la literatura me parece justamente uno de los géneros menos eróticos que existe, a diferencia de la escultura».

Para la crítica literaria Graciela Gliemmo, autora junto al escritor Mempo Giardinelli de la antología «La Venus de papel», la narrativa erótica ofrece distintas representaciones del cuerpo, construidas en los bordes del placer y del goce: «Tanto el cuerpo como el relato se consagran como fines en sí mismos; es decir, sin estos objetivos puestos en la escritura, los textos se desvanecen, se diluyen», asegura.

«El género erótico despliega un conjunto interesante de artificios y simulacros que nos permiten creer muchas escenas, como en el caso de los encuentros «más que cercanos» en transportes públicos, casi a la vista de personajes anónimos, en general borrosos.

«Otra clave del texto erótico es el tema de la visión utópica sobre el mundo y el placer: los personajes se dan tiempo para el ocio y el mundo aparece como paralizado o suspendido», analiza la investigadora. (Télam)

Julieta Grosso


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