«Aquí la pasión es más desorbitada»





Ismael Serrano trae a Neuquén «Los paraísos desiertos», una propuesta más intimista que no abandona su compromiso con lo que lo rodea.

De estudiante de Física de la Universidad Complutense, Ismael Serrano se fue convirtiendo poco a poco en un nuevo cantautor español comprometido con las causas en las que lucha activamente y refleja en sus canciones. Su rotunda voz y la potencia de sus letras sentidas, vivas, actuales, son un rayo directo al pensamiento que hoy se podrá escuchar, a las21.30, en el cine Español de Neuquén, donde lo acompañarán Fredy Marugan Rodríguez en guitarra, Javier García en percusión, el baterista Santiago Muñoz González y Francisco Rubio Ugalde en teclados.

Ismael Serrano nació hace 27 años en el barrio de Vallecas en Madrid. El tocadiscos de su padre le hizo conocer a Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Luis Pastor, Pablo Guerrero y Luis Eduardo Aute. Estudió piano y solfeo hasta que empezó con la guitarra a componer; su hermano Daniel, también poeta, colabora con él.

Por ese entonces comenzó a tocar en fiestas solidarias, en asociaciones vecinales y casas ocupadas. En 1994, ya rondaba los bares y cafés del circuito musical madrileño. «Me acuerdo una vez, estaba tomando una copa con unos amigos y se acercó un tío que estaba fatal, totalmente borracho, y con su mano en mi hombro me dijo: ¡Ismael, que te equivocas! Que no estamos en período de revolución. ¡Ahora se trata de buscar islas para resistir! Me quedé pensando y tenía razón».

«Islas que pueden estar en un bar en el que pongan buena música y te sientas a gusto; en una casa tomada donde se organice algo diferente; en centros culturales, asociaciones de barrio, de vecinos y tal… Eso para mantenernos mínimamente cuerdos».

Para dedicarse por completo a la música, los estudios de Ismael se frenaron. Apoyó con su canto distintas propuestas solidarias que lo acercaron a América Latina.

Para él «Latinoamérica puede ser una para los mercados, pero no para las gentes. Argentina, desde Europa, se ve un tanto triste; los jóvenes hacen cola en la embajada de España para conseguir una visa o un pasaporte de la Comunidad que le permita huir de esta situación. Se la ve decepcionada en cierto modo, porque buscaba un cambio que no ha tenido. Una Argentina acorralada por el Fondo Monetario Internacional y por la globalización absurda que nos tratan de imponer. Un país que ya no cree, al que se le derrumba hasta Diego Maradona… Esa es mi perspectiva. A España es lo que llega a través de los periódicos, de los informativos y sobre todo por la cantidad de gente que viene de aquí».

«A pesar de eso, he percibido una generosidad absoluta conmigo cuanto menos. Se me hace sentir como en casa».

«Con respecto a Latinoamérica, me di cuenta cuando llegué aquí que ese realismo mágico del que hablan respecto de Gabriel García Márquez o Isabel Allende, no es tan mágico. Realmente, las dimensiones están por encima de las europeas, sentimental, geográficamente, en cuanto a climas. Los sentimientos más grandes se viven aquí o por lo menos así me lo ha hecho sentir el público. La pasión es más desorbitada. En ese sentido, las cosas son muy extremas, eso se agradece también. Todo lo que he vivido aquí siempre ha sido intenso».

-¿Qué papel tiene la música en ese panorama?

– «La música, el arte en general, tienen la responsabilidad de combatir al mercado que mueve todo desde Miami, Los Angeles o Nueva York. A mí me interesa la globalización que va más allá de las fronteras, tiende al mestizaje, a la búsqueda, a la fusión. Y va en contra de esa uniformidad que se impone en el mercado del disc»o.

«Un sonido latino, un sonido no sé qué… Me sorprende el término latino como si fuera lo único que existiese en Miami. Supongo que eso quiere decir que yo no lo soy, porque no grabo allí. Contra eso tenemos responsabilidad los músicos, ética y estética».

Héroes anónimos

En «Los paraísos desiertos», sus últimas fotos de Madrid y último CD, Ismael Serrano retrata a esos perdedores que, una vez y como todos, pujaron por una vida mejor, pero no consiguieron más que desencanto. Habitantes de una ciudad, igual que Buenos Aires, hoguera donde crepitan las miserias humanas.

«Yo creo que este disco es el más urbano de los tres. Me gusta contar historias de Madrid. Me siento como un cronista de la ciudad, pero alguien que hace un periodismo en el que siempre se involucra personalmente. Decía Jean Paul Sartre que «el infierno son los otros». A lo mejor, por eso cuesta entender como paraíso la gran ciudad, tan habitada como está, tan caótica y demás. Pero, lo es… Por ejemplo, Buenos Aires es una ciudad fascinante, en la que es difícil encontrar paraísos. Muchas veces están al alcance de nuestra mano y no somos conscientes de que bastaría con empujar la puerta y habitarlos. Nos atamos a nuestras rutinas cotidianas, tal y como se nos ha dado vivir, y no paramos en las pequeñas cosas. Creo que eso lo hace la canción de autor. Para mí, ese es el fin, detenerse a mirar. Vivimos con demasiada prisa y no alcanzamos a distinguir las pequeñas batallas diarias que merecen atención porque encierran poesía. A través de la música podemos detenernos a observar y descubrir que nuestras pequeñas luchas encierran una épica y una poesía no siempre valorada, precisamente por el ritmo que llevamos».

Serrano forja sus canciones en la crónica social, en la voz de los barrios obreros del sur madrileño: Carabanchel, Aluche y, por supuesto, Vallecas. «Intento atrapar el espíritu, ese afán infatigable por sobrevivir y seguir adelante. Yo observo atentamente la realidad que me rodea y no puedo dejar de sentirme afectado por las fuerzas y las luchas que la mueven. En España vivimos ahora en completa libertad y podemos hablar claramente de lo que antes no podía siquiera nombrarse, pero la historia aún no ha acabado».

Y su búsqueda se refleja en «Los paraísos desiertos», donde -junto a sus raíces- se oyen toques africanos en «La mujer más vieja del mundo», aflora su costado latino en «La casa encantada» o coquetea con el jazz en «Una historia del Alvite». «Paraísos…» es menos solemne en todos los sentidos», afirma sin rodeos.

– ¿Menos retórico?

– «¡También! Por ejemplo, musicalmente hay menos arreglos de cuerdas, tiende a un concepto de grabación muy jazzístico, de cuarteto. Y luego, letrísticamente; quizás no encierra la épica de la Madre de Plaza de Mayo, de Chiapas, como los anteriores discos. Hablo de la pareja adolescente que huye a ver el mar, de la prostituta que se pasa el tiempo esperando y soñando con una vida mejor, de una ciudad como Madrid que queda desierta en verano; quizás son batallas menos solemnes, más cercanas».

«Hablo de héroes más anónimos, pero tangibles, en los que también hay un compromiso y merecen la atención».

Eduardo Rouillet


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