A los 52 años, Carina construyó su refugio de 21 m2 en un paraíso de Córdoba: madera, paneles solares y jacuzzi

Vivía en pleno centro de Mar del Plata, pero la pandemia la impulsó a mudarse. Vendió su casa en dos semanas y se instaló en Traslasierra: codo a codo con un albañil, levantó en siete meses un refugio minimalista autogestionado que ella misma ideó y trabaja remoto como profesora.

Por Redacción

Carina cargó una camioneta, se mudó a San Javier y diseñó centímetro a centímetro su propio hogar sustentable. Fotos: YouTube / @CrónicasdelCambio-DMR

La pandemia hizo que muchos replantearan sus vidas, pero lo de Carina Gómez Lauga (52) fue un giro de 180 grados. Vivía en pleno centro de Mar del Plata, cerquita de la costa, pero el encierro le demostró que necesitaba otra cosa. Fue entonces que decidió dejar todo para arrancar de cero en medio de un paraíso natural de Córdoba.


El viaje sin plan y la llegada a Traslasierra

Carina no dudó: vendió su casa en quince días, cargó sus cosas en una camioneta y se mudó a Traslasierra. No tenía un plan armado, solo la certeza de que quería naturaleza y tranquilidad.

El deck con vista al monte de las sierras cordobesas.

La cabaña es de 3 x 7. En el entrepiso está su cuarto.

Hoy, instalada cerca de San Javier, vive en una tiny house que ella misma diseñó. «Diseñé mi casa como un templo para estar conectada con la naturaleza. Tengo paneles solares con batería de gel y nunca me quedo sin luz», resume sobre su hogar, que es mucho más que un lugar para dormir.


Milimétrica y hecha a pulmón

La casita mide apenas 3 por 7 metros, pero está tan bien pensada que no le falta nada. Carina pasó meses mirando videos sobre casas rodantes y minimalismo antes de armar los planos junto a un albañil de la zona, a la que fue religiosamente todos los días durante siete meses.

El estanque. con una pequeña bomba de agua para que se recicle el agua. Planea traer peces. Lo ilumina con dos estacas solares.

El interior aprovecha cada rincón al máximo:

  • Tiene un entrepiso para la habitación y una oficina para trabajar.
  • Sumó un jacuzzi y una salamandra empotrada para no ocupar lugar.
  • Armó gran parte de los muebles ella misma, usando los materiales que sobraron de la obra.

Energía propia y trabajo remoto

Aunque la luz de la calle llega hasta la entrada del terreno, Carina prefirió la independencia: se armó un sistema con cuatro paneles solares y dos baterías de gel que le tiran toda la casa sin sobresaltos. Además, completó la movida con luces LED y focos solares en el jardín.

En el fogonero se junta con los vecinos del barrio.

El jacuzzi que compró usado en una fábrica por «dos mangos». No tiene bomba y le sirve para refrescarse en el verano. «Como las luces de los paneles solares, no es lujo, es gusto. Son muy baratas y te cambia el diseño totalmente», dice.

¿Cómo se sustenta? Gracias al internet que instaló, hoy trabaja de manera virtual como coach, da clases en la universidad y hace consultas holísticas desde el medio de las sierras cordobesas.


Una nueva oportunidad

Detrás de este cambio hay una historia dura de resiliencia. En la charla con Crónicas del Cambio – De Música Rutera, Carina compartió que pasó por una depresión muy fuerte tras su divorcio y que, años después, le tocó pelear contra un cáncer de mama. Esas experiencias la empujaron a buscar una transformación profunda y a volcarse de lleno al camino espiritual.

Hoy, esa tiny house de 21 metros cuadrados es su refugio definitivo: el lugar donde trabaja, recibe a sus hijos y nietos, comparte un fogón con los vecinos y disfruta de la vida que eligió armar.

Contacto: https://www.instagram.com/carinagomezlauga/


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