Se fue a vivir al campo con su perro: así es la casa autosuficiente de Juan
A los 29 años, cansado del alquiler de más de 1.000 euros en Barcelona, cambió el asfalto por una finca rural en Tarragona. Entre paneles solares, un huerto propio, la producción de aceite de oliva ecológico y su fiel compañero, demuestra que otra forma de vida es posible.

A sus 29 años, Juan tomó una de las decisiones más drásticas de su vida: hacer las valijas, dejar atrás el asfalto de Barcelona y mudarse a una finca rural en Tarragona. Lo que comenzó como un alivio frente a los elevados costos de alquiler en la ciudad, se transformó en un proyecto de vida autosuficiente, conectado con la naturaleza y basado en la producción local. Días trás te contábamos la historia de Franc, que también se cansó de alquilar y adaptó un camión para vivir y viajar con sus perros. Hoy es el turno de Juan, también con su amigo de cuatro patas que no para de ladrar y mover la cola.
Aunque nació en Colombia, Juan llegó a Cataluña a los cuatro años y creció allí. Antes de dar el salto al campo, su rutina era la de cualquier joven urbano, marcada por un trabajo tradicional y los gastos fijos que demanda una gran ciudad. El punto de quiebre llegó cuando los números dejaron de cerrar: “Estaba en Barcelona y tenía que pagar 1.000 y pico de euros al mes para vivir solo en un apartamento y dije: ‘Bueno, mejor que estar ahí y me busco la vida’”, recuerda sobre los motivos que lo impulsaron a instalarse de manera definitiva en la finca familiar, adquirida en 2020.
Autonomía y producción propia
Hoy, la vida de Juan gira en torno al aprovechamiento de los recursos de la tierra. Su día a día se sostiene gracias a un sistema descentralizado: “La luz la sacamos de las placas solares, el agua del propio terreno y el 80% de las verduras de nuestro huerto”, explica.

En su terreno cultiva verduras de estación como acelgas, coliflores, brócoli y cebolla de verdeo, además de contar con árboles frutales de más de 30 años —como naranjos, caquis, perales y nísperos— con la meta de ampliar su comercialización a futuro.
A esto se le suma su principal producto comercial: el aceite de oliva virgen extra. A partir de ocho plantaciones de olivos presentes en la finca, Juan elabora y vende su propio aceite bajo una certificación ecológica. “Me acerqué a la autosuficiencia no solo porque económicamente es más sostenible, sino también para aprovechar lo que produce la tierra”, señala.
Trabajo y un nuevo concepto de ocio
Lejos de la creencia de que el campo está desconectado de la economía activa, Juan asegura que el ámbito rural ofrece oportunidades debido a un factor demográfico clave: “Aquí hay bastante trabajo porque falta gente joven”.

Para diversificar sus ingresos, compró una furgoneta por 2.000 euros con la que realiza fletes, transporta animales, vende leña y hace mudanzas. Además, se encuentra a tan solo 25 minutos de Reus, lo que le permite mantener un pie en la dinámica urbana si lo necesita.
El cambio económico también se refleja de manera radical en su tiempo libre. Mientras que una salida social de fin de semana con amigos en Barcelona puede superar los 100 o 150 euros, en Tarragona ese mismo presupuesto rinde por semanas. “Aquí el ocio que tienes es más productivo. Puedes ir al huerto o también hago artesanías o dibujos, y son cosas en las que no se gasta nada”, detalla.
Para Juan, esta forma de vida no representa una excentricidad moderna, sino el rescate de costumbres que el ritmo contemporáneo hizo olvidar: “Ahora se ve como algo novedoso, pero es algo que nuestros antepasados venían haciendo miles de años”, concluye.
Fuente: Canal de YouTube de Arnau Serrado.

A sus 29 años, Juan tomó una de las decisiones más drásticas de su vida: hacer las valijas, dejar atrás el asfalto de Barcelona y mudarse a una finca rural en Tarragona. Lo que comenzó como un alivio frente a los elevados costos de alquiler en la ciudad, se transformó en un proyecto de vida autosuficiente, conectado con la naturaleza y basado en la producción local. Días trás te contábamos la historia de Franc, que también se cansó de alquilar y adaptó un camión para vivir y viajar con sus perros. Hoy es el turno de Juan, también con su amigo de cuatro patas que no para de ladrar y mover la cola.
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