La apuesta porteña
Mauricio Macri y su estratega más influyente, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, creen que el país, aunque todavía no lo sepa, está por reclamar un gobierno que sea radicalmente distinto no sólo del actual sino también de los encabezados por los expresidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, uno que sea muy parecido a aquel que, desde el 2007, administra la Ciudad de Buenos Aires con la aprobación de la mayoría de los porteños. Por tal motivo, Macri rehusó aliarse con el disidente peronista Sergio Massa y, a pesar de aceptar vincularse con sectores de la UCR y de la agrupación de la diputada Elisa Carrió, acaba de elegir a Gabriela Michetti como compañera de la fórmula presidencial, una decisión que, según se informa, no compartió Durán Barba, que hubiera preferido una persona menos propensa a despreciar la disciplina partidaria. De todos modos, fue de prever que se trataría de un binomio exclusivamente Pro que, por lo tanto, sería netamente porteño, lo que a juicio de muchos le supondrá una gran desventaja que los kirchneristas procurarán aprovechar en beneficio propio, pero parecería que tal detalle no preocupa demasiado a Macri, quien confía en que “el carisma” de su acompañante resulte ser más eficaz en el país en su conjunto que en la Capital Federal, donde hace poco Michetti perdió en las PASO frente a Horacio Rodríguez Larreta. Es por lo menos posible que haya acertado, ya que, gracias a su protagonismo mediático, Michetti, a diferencia de otros integrantes de Pro, es bien conocida en el resto del país y podría ayudarlo a cosechar más votos tanto en el conurbano bonaerense como en las ciudades del interior. Sea como fuere, con la esperanza de mejorar sus posibilidades en la provincia de Buenos Aires, Macri decidió permitir que un radical, el exdiputado Daniel Salvador, fuera compañero de fórmula de su candidata a la gobernación, María Eugenia Vidal, lo que fue una mala noticia para el joven Cristian Ritondo que días antes había sido nombrado para ocupar dicho lugar. Si bien Macri quiere hacer creer que representa “la nueva política” que, es de suponer, sería muy distinta de la vieja, su forma de actuar no resulta nueva en absoluto. Por el contrario, lo mismo que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el líder porteño se reserva el derecho a tomar todas las decisiones significantes, moviendo a dedo a sus peones como si fuera un ajedrecista. Para sorpresa de sus simpatizantes, Macri respaldó a Rodríguez Larreta en las PASO a pesar de que, conforme a las encuestas tempranas, el electorado preferiría a Michetti. Sin embargo, lejos de perjudicarlo, al coronarse con éxito aquella maniobra arriesgada sirvió para permitirle reforzar su autoridad sobre el partido que había construido. A Michetti no le gustó verse tratada así, pero parecería que se ha reconciliado con su jefe que, al fin y al cabo, siempre había querido que lo acompañara como su candidata vicepresidencial. Aunque discrepan Massa y la progresista Margarita Stolbizer, en los meses últimos se ha instalado la convicción de que las elecciones previstas para el 25 de octubre, con una eventual segunda vuelta el 22 de noviembre, serán en buena medida un mano a mano entre el candidato oficialista Daniel Scioli y Macri, el retador principal. Con todo, mientras hay dudas comprensibles acerca del binomio formalmente encabezado por Scioli por ser Carlos Zannini un crítico acérrimo de todo cuanto presuntamente encarna el gobernador bonaerense, no hay ninguna duda sobre quién encabeza el de Macri y Michetti. Lo lógico sería que, de ahora en adelante, Scioli intentara brindar la impresión de ser una personalidad muy fuerte, pero no le sería fácil hacerlo sin enfurecer a Cristina y a Zannini que, por sus propios motivos, quieren que la mayoría lo considere un débil que obedecería sin chistar todas las órdenes “de arriba”. En cambio Macri no tendrá necesidad alguna de dar golpes de autoridad con el propósito de hacer pensar que está en condiciones de gobernar el país en una situación muy difícil. Puesto que es tradicional atribuir a los peronistas una “vocación de poder” tan insaciable que sean los únicos capaces de asegurar la gobernabilidad, y suponer que son congénitamente pusilánimes los radicales y sus aliados coyunturales, las fases siguientes de la larga campaña electoral serán decididamente atípicas.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Lunes 17 de agosto de 2009
Mauricio Macri y su estratega más influyente, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, creen que el país, aunque todavía no lo sepa, está por reclamar un gobierno que sea radicalmente distinto no sólo del actual sino también de los encabezados por los expresidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, uno que sea muy parecido a aquel que, desde el 2007, administra la Ciudad de Buenos Aires con la aprobación de la mayoría de los porteños. Por tal motivo, Macri rehusó aliarse con el disidente peronista Sergio Massa y, a pesar de aceptar vincularse con sectores de la UCR y de la agrupación de la diputada Elisa Carrió, acaba de elegir a Gabriela Michetti como compañera de la fórmula presidencial, una decisión que, según se informa, no compartió Durán Barba, que hubiera preferido una persona menos propensa a despreciar la disciplina partidaria. De todos modos, fue de prever que se trataría de un binomio exclusivamente Pro que, por lo tanto, sería netamente porteño, lo que a juicio de muchos le supondrá una gran desventaja que los kirchneristas procurarán aprovechar en beneficio propio, pero parecería que tal detalle no preocupa demasiado a Macri, quien confía en que “el carisma” de su acompañante resulte ser más eficaz en el país en su conjunto que en la Capital Federal, donde hace poco Michetti perdió en las PASO frente a Horacio Rodríguez Larreta. Es por lo menos posible que haya acertado, ya que, gracias a su protagonismo mediático, Michetti, a diferencia de otros integrantes de Pro, es bien conocida en el resto del país y podría ayudarlo a cosechar más votos tanto en el conurbano bonaerense como en las ciudades del interior. Sea como fuere, con la esperanza de mejorar sus posibilidades en la provincia de Buenos Aires, Macri decidió permitir que un radical, el exdiputado Daniel Salvador, fuera compañero de fórmula de su candidata a la gobernación, María Eugenia Vidal, lo que fue una mala noticia para el joven Cristian Ritondo que días antes había sido nombrado para ocupar dicho lugar. Si bien Macri quiere hacer creer que representa “la nueva política” que, es de suponer, sería muy distinta de la vieja, su forma de actuar no resulta nueva en absoluto. Por el contrario, lo mismo que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el líder porteño se reserva el derecho a tomar todas las decisiones significantes, moviendo a dedo a sus peones como si fuera un ajedrecista. Para sorpresa de sus simpatizantes, Macri respaldó a Rodríguez Larreta en las PASO a pesar de que, conforme a las encuestas tempranas, el electorado preferiría a Michetti. Sin embargo, lejos de perjudicarlo, al coronarse con éxito aquella maniobra arriesgada sirvió para permitirle reforzar su autoridad sobre el partido que había construido. A Michetti no le gustó verse tratada así, pero parecería que se ha reconciliado con su jefe que, al fin y al cabo, siempre había querido que lo acompañara como su candidata vicepresidencial. Aunque discrepan Massa y la progresista Margarita Stolbizer, en los meses últimos se ha instalado la convicción de que las elecciones previstas para el 25 de octubre, con una eventual segunda vuelta el 22 de noviembre, serán en buena medida un mano a mano entre el candidato oficialista Daniel Scioli y Macri, el retador principal. Con todo, mientras hay dudas comprensibles acerca del binomio formalmente encabezado por Scioli por ser Carlos Zannini un crítico acérrimo de todo cuanto presuntamente encarna el gobernador bonaerense, no hay ninguna duda sobre quién encabeza el de Macri y Michetti. Lo lógico sería que, de ahora en adelante, Scioli intentara brindar la impresión de ser una personalidad muy fuerte, pero no le sería fácil hacerlo sin enfurecer a Cristina y a Zannini que, por sus propios motivos, quieren que la mayoría lo considere un débil que obedecería sin chistar todas las órdenes “de arriba”. En cambio Macri no tendrá necesidad alguna de dar golpes de autoridad con el propósito de hacer pensar que está en condiciones de gobernar el país en una situación muy difícil. Puesto que es tradicional atribuir a los peronistas una “vocación de poder” tan insaciable que sean los únicos capaces de asegurar la gobernabilidad, y suponer que son congénitamente pusilánimes los radicales y sus aliados coyunturales, las fases siguientes de la larga campaña electoral serán decididamente atípicas.
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