Dos soñadores de la música clásica
Son Marcelo Moscovich y Martín Nijensohn.
“¿Ves? Por eso me encanta trabajar con vos”, le dice Martín Nijensohn a Marcelo Moscovich, que un poco sorprendido por la afirmación se queda sin palabras y sólo atina a sonreír. Es que a Moscovich, mientras posan para las fotografías de esta nota a la entrada del municipio, se le ha ocurrido organizar una entrevista con un destacado (“y obsesivo”) personaje de la Semana Musical Llao Llao –cuyo nombre nos guardaremos– arriba del remise que lo traslada desde el centro de Bariloche hasta el Hotel Llao Llao. Ésta podría ser una fotografía exacta de la relación que por veinte años han mantenido estos dos melómanos, los rostros más conocidos de la organización que hace posible la vigencia de la prestigiosa Semana Musical. Uno podría presuponer que Nijensohn y Moscovich son figuras cerradas al espectro musical, engreídas tomando en cuenta “el palo” o desdeñosas de otras realidades artísticas. Pero no. Es justamente lo contrario. Nijensohn es, como alguna vez lo definimos, ese hombre elegante que se sienta en la última butaca de la sala y prefiere pasar desapercibido y Moscovich, un erudito de la música, en especial del jazz y del rock, que ha aprendido a entenderse en buenos términos con el clásico. En su casa, por ejemplo, conserva una colección de discos que dos años atrás iba por los 7.000 ejemplares. A ambos les gusta apostar por la creación y lo hacen fuerte. Fueron responsables, entre otros actos de magia, de traer al sur por primera vez a Martha Argerich, la mayor pianista del mundo, con todo el anecdotario y la responsabilidad que aquello implicó. El presente los encuentran subidos a un mismo barco. Hace un año debieron soportar la suspensión de la Semana Musical, uno de los momentos más complejos de la historia del evento. Desde un lugar muy personal, Nijensohn y Moscovich pusieron su Semana y a Bariloche en el mapa internacional de la música clásica. Quien ama este “deporte” sabe lo difícil que es lograr algo de tal envergadura. “Volvimos, qué alivio. Qué raro es pensar que hay un agujero en el recorrido del festival”, le confiesa Martín Nijensohn a “Río Negro” antes de arrancar con una nueva edición de la Semana. “Fue muy triste suspenderla, hasta último momento quisimos hacerla pero nos tuvimos que resignar, no había nada que pudiéramos hacer. Pero este año volvimos con las pilas recargadas, con este regalo hermoso que es el ciclo Siete Lagos”, explica Nijensohn. –¿Qué representa el ciclo de conciertos Siete Lagos en el marco de la Semana Musical? –Es una iniciativa auspiciada por el Ministerio de Turismo de la Nación que irá creciendo. Estoy seguro de que continuará y con el tiempo servirá para instalar todavía más a Bariloche como un espacio para la música clásica. Me imagino que en unos años muchos hoteles del centro que se sumen al ciclo podrán ofrecerles música a sus pasajeros, por poner un caso. Las oportunidades de escuchar música se amplían para el público local y para el visitante. Durante la conferencia de prensa ocurrida el viernes Nijensohn aparece vestido de sport aunque envuelto en su típica prestancia de diplomático en ejercicio. Como un personaje literario pero asequible, se sale de los libretos y con paciencia atiende las necesidades de radios, diarios y sitios web. Es curioso pero Nijensohn, músico él mismo (instrumentista de flauta traversa), no deja de disparar imágenes cuando se expresa. Recurre al formato poético para descifrar el enigma del sonido clásico. Habla de paisajes sonoros, de texturas, de imágenes, de filmes, de secuencias, de pasión y de ternura. Habla de música. “La música es una película que uno debe terminar en su cabeza. La música es un principio y en tu mente provocás las imágenes de esa película. Son pequeñas pinceladas, el cuadro se forma cuando lo mirás”, define para este diario. Horas más tarde les repetirá una idea similar a los periodistas de la ciudad y los invitará, como un Quijote contemporáneo, a escuchar los conciertos antes que a cubrirlos. “Vengan, les aseguro que les puede cambiar la vida”, les indica y no miente en lo absoluto. “Debe ser que tengo la adrenalina en el cuerpo, pero no me siento nervioso, estoy donde quería estar, es parte de un momento muy bello”, le cuenta Moscovich a “Río Negro”. Moscovich es la pata local que se ocupa de que la compleja maquinaria de la Semana Llao Llao funcione con precisión. “Son tantas las cosas que he aprendido en estos años… Desde sentir la música clásica hasta comprender que en los conciertos se hace difícil escuchar el clic de una cámara porque el clima que se crea es muy frágil”, dice el coordinador. Y remata: “Básicamente, hacer este festival contribuye a repartir alegría”. Las cartas de la Semana Musical Llao Llao y el ciclo de recitales Siete Lagos están sobre la mesa. Una aventura musical doble que busca un doble rédito. Ahora sólo falta que el público los acompañe en este viaje.
“Vengan, les puede cambiar la vida”, invitan los organizadores a concurrir a los conciertos.
semana musical llao llao
Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar