De Ruca Nehuen a lago Baguilt
El sendero final de la Huella Andina. Un día de bruma, llovizna, y algo de viento que se acentuó en las alturas, nos acompañó. Digo “nos” acompañó, porque en esta última etapa me acompañó un alma sureña, Diana, una amiga a quien conocí en Trevelin hace muchos años pero con quien la amistad nos ha ido cruzando los caminos, y esta vez la Huella, a pesar del tiempo sin vernos personalmente. Salimos temprano porque el plan fue caminar la Huella al Baguilt de ida y de vuelta. Son 16.5 km, por lo tanto ida y vuelta, 33 km. Según la señalética se tardarán 6 horas y media de ida. Nosotras tardamos ese tiempo de ida y de vuelta, en total. Claro que como no acampamos en Baguilt, nuestra carga en la espalda se redujo a lo necesario, una botella para el agua, algo para comer en el picnic, y la cámara de fotos. Los nubarrones jugaban carreras en el cielo, y las aguas estaban turbias, pero solemnes. Es un lago diferente y que vale la pena porque está salpicado de piedras agudas y rodeado de bosques. La senda es fácil, en su mayoría un camino ancho, de piedra a veces, de tierra en otros tramos. Pegamos varias patinadas y yo por supuesto la esperada caída, para mí no existe travesía sin caída, sobre todo, y siempre, en bajada. Se cruzan varios arroyitos, y se puede cargar agua. Las vistas del Río Grande, de los valles al inicio del camino, los cerros que al principio ocultan al Baguilt y después, cuando uno lo rodea develan tras una bajada todo el lago de frente, vistas magníficas. Apenas unas luces de sol reflejan los verdes que deben ser un espejo en días más calmos. La senda está bien marcada, es clara, hay algunas bifurcaciones y dos posibles entradas al lago. Las bifurcaciones se reúnen en el mismo lugar. Durante el camino se cruzan dos tranqueras, un puesto, alguna que otra casita, y un interesante colectivo abandonado con un entarimado de madera adentro donde se puede obtener refugio si la inclemencia arrecia. Aquí termina este estupendo proyecto de 540 a 560 o más de 600 km de Huella Andina. Un proyecto maravillosos, de gran envergadura, y al que habrá que apuntalar, haciendo camino al andar, para que la Huella resista al tiempo y sean muchos más los que puedan disfrutarla.
María, una patagónica orgullosa de haber completado y compartido su aventura de atravesar la Huella Andina.
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