Así cocino: de cada pueblo un paisano, por Adriano Mazzeo

A Adriano le gusta comer picante y escuchar música ruidosa y rebuscada. Suele colaborar en medios como Noisey, Mondo Sonoro y Munchies. También adora el jazz, el reggae y estrujar lavandas y hojas de albahaca en sus manos de cocinero.



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Así cocino: de cada pueblo un paisano, por Adriano Mazzeo

A Adriano le gusta comer picante y escuchar música ruidosa y rebuscada. Suele colaborar en medios como Noisey, Mondo Sonoro y Munchies. También adora el jazz, el reggae y estrujar lavandas y hojas de albahaca en sus manos de cocinero.

Para mí casi no hay cocina sin fusión. Digo casi porque también, como todo el mundo, tengo mis días fundamentalistas. Pero no son la mayoría, claro. La idea de buscar sabores de distintas latitudes que se “amiguen” con naturaleza siempre me fascinó, así como el proyectar nuevas versiones de clásicos de cualquiera parte del globo.

El mejor souvenir de un viaje siempre es un sabor. Es lo que te va a devolver al menos por un segundo a ese lugar en el que estuviste siendo vos mismo, pero diferente. Para reflejar esta sensación e intentar que sea algo cotidiano, nunca dejo de traer (o pedirle a quien viaje -mis gentiles amigxs saben de que hablo-) una especia o comestible del lugar donde estuve.

En mi día a día, de vez en cuando la suerte me acompaña y me da el tiempo para divagar frente a las hornallas y ahí es donde trato de convertir una comida cualquiera en algo memorable. El escenario ideal sería que todas las comidas lo sean, pero no siempre el Universo (pobre Universo, siempre tiene la culpa de todo) conspira para eso. Amo el momento en que le doy a probar a mis niños un sabor inesperado y ni hablar de cuando este delirio se convierte en un éxito, lo cual no siempre pasa, desde ya.

En la fábrica de pastas de mi familia, tenemos una web. Allí hay un blog en el que suelo hablar de pavadas que me entusiasman y creo que vale la pena compartir. Gracias al Día Internacional del Jazz, el pasado 30 de Abril, me llegó la propuesta de hacer algo uniendo estas dos temáticas, la pasta y el Jazz, ambas apasionantes para mí.

Dije “¡esta es la mía!” y la cosa fluyó hasta esta idea: reinterpretar un plato clásico del Birdland de Nueva York, quizá el club de Jazz más conocido del mundo.

Esto es “Rigatoni con berenjenas, pommodoro y ricotta”. Fusionar desde el simple título del plato y teniendo en cuenta los ingredientes que hay en casa.

Espero les guste, amigos. Si así es, háganlo con calma y no se olviden de poner a sonar esta listilla para que los ingredientes fluyan como los instrumentos de cracks eternos como Miles Davis, John Coltrane o Art Pepper. Ah, y sobre todo: hagan su propia versión, como si fuesen jazzeros a punto de interpretar un solo memorable.

Ingredientes

350gr de Rigatoni de La Juvenil

1 berenjena mediana

200gr de ricotta

50gr de queso rallado de La Juvenil

250gr de salsa filetto de La Juvenil

Aceite de oliva c/n

Sal c/n

Pimienta blanca c/n

Pimienta negra c/n

Nuez moscada c/n

Se amasa la ricotta con el queso rallado, nuez moscada, pimienta blanca y sal; se le da forma de croqueta. Se reserva en heladera.

Se corta la berenjena en juliana y se saltea en aceite de oliva. Se agrega la salsa filetto y se calienta a fuego bajo.

En una sartén teflonada se doran las croquetas de ricotta de ambos lados, girándolas con una espátula.

Al mismo tiempo se hierven los rigatoni en agua salada durante un minuto.

Se cuelan los rigatoni y se sirven con la salsa. Se decoran con las croquetas. Se agrega pimienta negra a gusto.

Música para cocinar. Cool Jazz.


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