¡Basta de gramática!



Néstor Tkaczek ntkaczek@hotmail.com

“Mamá, ayudame, tengo que subrayar los sustantivos propios, comunes, colectivos y abstractos de esta fotocopia. Pero a mí se me hace lío”. Y la mamá va e intenta recordar cómo se clasificaban o busca en el cuaderno del chico/a cómo eran las diferentes clases. “Papá, ¿el sustantivo grito es abstracto?” Y el padre contesta: “No, pero vos qué entendés por abstracto”? Y la niña contesta que los abstractos son los que no se pueden ver ni tocar. Claro desde esa lógica la palabra “grito” es un abstracto; pero si ella fuese a cualquier manifestación o a un estadio de fútbol comprobaría que aunque no se pueda ver ni tocar, “grito” es atronadoramente concreto. Seguramente también y ya que estamos con el ejemplo te habrá tocado pesquisar y recortar diferentes tipos de sustantivos en diarios, revistas o en cuanto papel impreso ande por la casa para luego pegarlos en el cuaderno, el problema es que alguno de los sustantivos que buscamos se empeñan en no aparecer y después de un rato nos quedan los ojos como estrellas de mar. Y uno se pregunta (como vos te habrás preguntado), para qué diablos hacen eso y si eso ayuda a que entiendan la clasificación de los sustantivos, por ejemplo; y en caso de que la entiendan, para qué les sirve. Además, esa vieja clasificación proviene a grandes rasgos de los griegos y responde a categorías filosóficas muy alejadas no sólo de los chicos sino también de los docentes. Explicar que un sustantivo es abstracto porque no se puede ver ni tocar es tan disparatado como decir que la célula es un huevito pero muy chiquitito que casi no se ve. Después seguramente sigue hacer oraciones con esos sustantivos y a otra cosa mariposa…se vienen los adjetivos. Eso sí, nos rasgamos las vestiduras y ponemos cara de asombro cuando descubrimos que los pobres niños apenas pueden escribir un conjunto de oraciones inconexas cuyas ideas se pelean o se ignoran entre sí. Sin embargo este es el resultado lógico de lo que se ha hecho en la escuela. ¿Por qué queremos que construyan textos si nos hemos centrado en la palabra y en las oraciones y apenas escribimos alguna forma textual aislada (cuentos, por ejemplo) y poco más. *** En fin, este tipo de situaciones nos lleva a reflexionar sobre el sentido y la forma de abordar algunos contenidos gramaticales en los primeros años de la educación primaria. Ese sentido y esa forma tienen que ver con la concepción de lengua que tenemos; y me parece que el rol más importante de esta es ni más ni menos que la comunicación. Si la concebimos de esta manera, debemos dedicar todos nuestros esfuerzos a que los chicos adquieran una competencia comunicativa sólida, esto implica competencias de lectura y escritura que son muy complejas y por ello necesitan de tiempo y paciencia. De nada servirá enseñarle de la manera acostumbrada la gramática o el análisis sintáctico; al contrario, nos distraeremos en una tarea un tanto estéril y descuidaremos lo que realmente queremos que los chicos aprendan: a leer y escribir en forma competente. Y a leer y escribir se aprende leyendo y escribiendo textos y no pescando adjetivos. Muchas veces he pensado que quizás habría que cambiarle la denominación a la asignatura y en vez de llamarse “Lengua”, se podría llamar “Taller de lectura y escritura” o bien “Taller de comunicación oral y escrita” y así nos quitaríamos de encima tanto lastre gramatical al cuete.

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