Bradley Cooper apunta alto

Este jueves llega “Francotirador”, dirigido por Clint Eastwood y conBradley Cooper. Cuenta la historia verídica el francotirador más letal que tuvo el ejército de EE.UU.

ENTREVISTA

Chris Kyle maneja las armas como nadie. Su puntería no falla. Kyle, que se crió en una pequeña ciudad texana y recibió su primer rifle a los 8 años como regalo, dipsra al blanco como otros le pegan bien a una pelota. La vida y el ejército nortamericano lo llevaron a Irak. Extraña a su esposa e hijos, pero para él no hay nada que se compare al vértigo de liquidar iraquíes.

La historia de Chris Kyle, un patriota norteamericano al viejo estilo, es la que recrea “Francotirador”, la nueva película de Clint Eastwood que protagoniza Bradley Cooper.

Es una his´oria tan verídica como terrible: Kyle, condecorado y recibido como héroe en su patria, murió a los 38 años en el 2013 tras recibir un balazo de un ex compañero de armas con estrés de guerra postraumático.

Conocido entre los iraquíes como el “demonio de Ramadi”, Kyle enfrentó dos batallas: en su propia casa, la de la soledad; y en el campo de batalla, el peligro de morir. Con una marca de 160 muertes certificadas por el ejército, ostenta aún el récord de ser el francotirador más letal en la historia militar de EE.UU.

Bradley Cooper contó cómo fue la experiencia de rodar este filme.

-¿Qué es lo que tenía la historia de Chris Kyle que te llegó tanto?

-Me gustó el hecho de que en realidad no es tanto una película sobre la guerra sino más bien un estudio de personaje. La historia de Chris acerca de lo que los veteranos tienen que pasar es universal: la idea de lidiar con el sube y baja emocional de ir a una zona de guerra para luchar y luego volver a casa, y los retos que esa experiencia les representa a todos nuestros soldados. Eso fue muy movilizador para mí.

-Cuando estabas desarrollando la película te reuniste con Taya, la esposa de Chris. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Siento que la mayoría de las cosas que dedujimos de Chris ni siquiera estaban en el libro. Fue mucho más lo que aprendimos en el fin de semana que pasamos en Midlothian, Texas, con Taya, sus hijos McKenna y Colton, su hermano Jeff, y Wayne y Debbie, su madre y su padre. Llegamos a pasar un fin de semana completo, que resultó ser el mismo del aniversario de su asesinato. Por lo tanto, fue bastante duro estar allí. Fuimos con curiosidad y cuando volvíamos nos miramos y dijimos: “Wow, tenemos un montón gracias a eso”. Ningún libro podría jamás darte lo que se obtiene a partir de conocer a la gente en persona. Lo bueno también es que había mucho material de referencia: videos y todas las entrevistas que había hecho, todas las fotografías y los emails. Taya realmente abrió su vida con nosotros. Dejó que viéramos su ropa… Ella fue una de las principales razones por las que pudimos tocar tantas cosas específicas sobre Chris que están en la película. Hay un puñado de escenas que salieron de ese fin de semana que pasamos en Texas.

-¿Era importante para vos llegar a la verdad en la pantalla? ¿Para dar forma a lo que realmente ocurrió en la vida de este hombre en una historia?

-La película se basa en el material de origen, y es el libro que se llama “American Sniper”. Jason Hall escribió un guión basado en él, que Clint y yo nos encontramos, en diferentes momentos, obligados a seguir. Todo comienza a partir de ahí.

-¿Qué creés que lo llevó a experimentar este extremo absoluto de pelear en una guerra?

-En la película él dice a Taya en un bar: “Pongo mi vida por mi país. Quiero estar de servicio”. Esas no son sólo palabras para él, lo dice en serio. Quería ser un vaquero y un soldado. Y vivió su vida de esa manera desde que era un niño, cuidando de su hermano menor y creciendo para convertirse en el hombre que fue. Ese es el tipo que llegué a conocer y el que está en la película. No lo hace un mártir ni ninguna otra cosa más que un hombre, pero era de esa clase de hombre.

-¿Esa experiencia durante la guerra cómo formó parte de la vida a la que volvió?

-Bueno, fue dado de baja honorablemente de las Fuerzas Armadas y, para él, el dicho no fue: “Dios, Familia, Patria”, fue “Dios, Patria, Familia”. Podés leer acerca de él o verlo realmente diciendo eso. La familia había estado en último lugar y quería enmendarlo. Hay una tasa de divorcio del 90% entre los SEALs, y él no quería que eso sucediera en su familia. Así que tomó la decisión de ponerla en primer lugar. Pero cuando llegó a casa no fue tan fácil hacer esa transición y, porque estaba dispuesto y en condiciones físicas para pelear, siempre decía que ya no estaba allí. Se encontró así con esta otra forma de estar de servicio, que era ayudando a los veteranos. Ponía el arma de nuevo en la mano del veterano para sacar ese estigma de ellos, y sabía que sostener una pistola de nuevo podría ser terapéutico.

-¿Cómo fue tu preparación para interpretar a Chris Kyle?

-Tuve muchísima ayuda de Kevin Lacz, que esencialmente se interpreta a sí mismo en la película. Clint había establecido un período de tiempo para mí para que aprenda a disparar munición real con varias personas, y una de ellas era Rick Wallace, que había entrenado a Chris Kyle. El otro era Kevin “Dauber” Lacz, que era un compañero francotirador SEAL de Chris durante su tercera vuelta. Hice otra película de guerra en la que entrenamos muchísimo, pero siempre con balas de salva. Y no hay sustituto para disparar munición real. Fue invaluable experimentar lo que se siente al acertar un objetivo desde 600 metros. Cuando llegamos al día en que estábamos filmando en Marruecos, miro a través de esa mira y, aunque había dos actores allí, estoy mirando a seres humanos sabiendo lo que mi personaje tiene que hacer, y recordando lo que se siente al estar detrás de un .338 Lapua o el .300 Win Mag o el MK-12. Cuando veo a estas personas en la mira, después de haber disparado esas armas, realmente hizo una gran diferencia en la forma en cómo se sintió retratar ese momento.

-¿Qué es lo que esperás que la gente tome de la historia personal que creaste sobre este hombre tan complejo?

-Es cierto. Es más el estudio de un personaje que otra cosa, y la guerra sólo es el lienzo. Pero, para mí, Clint acaparó el mercado sobre estudios complicados de personajes de la humanidad. Basta con fijarnos en “Cartas desde Iwo Jima” o “Los Imperdonables”. Y eso es lo que es esta película. Si tenemos éxito, lo habremos hecho de una manera en que se siente muy real. Se rodó y actuó de una forma cruda. No hay lujos en esta historia. Es muy honesta, pero hecha para que sea veraz o creíble. La esperanza es que si un veterano la mira y puede relacionarse con ella, pueda convertirse en una forma de sanación. Es lo más hermoso de filmar, sin dudas. Puede ser algo sanador cuando te identificás con la película, cuando no te sentís solo. Así que, si la película llega a los hogares de personas que han tenido esas experiencias, sería fantástico. Y, si llega a las personas que no están familiarizados con lo que sucede, y tal vez genera un poco más de empatía con la situación de los soldados y sus familias, entonces creo que hemos hecho lo que nos propusimos.

Leo González


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