“Buena fe en política”

Redacción

Por Redacción

En noviembre el radicalismo renovará sus autoridades partidarias provinciales y locales. Está claro que la conducción del partido no ha podido transmitir a la sociedad con claridad sus propuestas y tampoco sus candidatos lo logran, máxime desde que no sólo se perdieron las elecciones de gobernador sino más aún cuando en octubre del 2013 perdió toda representación en el Congreso nacional. Días después de las elecciones, desde varios ámbitos en los cuales me incluyo, se pedía la renovación de los dirigentes, así como una autocrítica con toda humildad que pudiera mostrar a la ciudadanía que, si bien se había perdido, la dirigencia estaba dispuesta a comenzar a mostrar, de una vez por todas, una nueva forma de hacer política. Nada de ello ocurrió. Muy por el contrario: nos encontramos a un año de aquella derrota histórica y a la fecha las únicas discusiones se centran en quién o quiénes, de todos los responsables de dicho desastre electoral, pueden posicionarse para ser candidatos nuevamente, tema que no parecería mal si para ello se actuara de buena fe. La buena fe, principio consistente en el estado mental de honradez, de convicción en cuanto a la verdad o exactitud de un asunto, hecho u opinión, o la rectitud de los procederes, que además exige conductas rectas u honestas en relación con las partes interesadas en un acto, está ausente… pero lo peor del caso es que no por desconocimiento sino de manera artera. Se han perdido el diálogo franco y la discusión de ideales y de proyectos; sólo se piensa en cómo destruir y no en cómo se construye un proyecto colectivo. Nadie quiere perder su posición en el “quiosquito” de la política, nadie está pensando en un proyecto colectivo a futuro… todo se debate en torno a los intereses privados y sectoriales. No hay que indagar mucho para saber que la ciudadanía ve a todos estos mínimos dirigentes como enquistados en el poder de la peor manera y con el solo objetivo de mantenerse en beneficio propio. Cabe preguntarse: ¿sólo pueden ser conductores los que viven del Estado desde hace años o acaso los que se desempeñan en la vida privada y todos estos años afrontaron los avatares de la economía errante de nuestro país no pueden conducir los destinos del partido? Indudablemente el desafío en estas internas es vencer la inercia y darnos la oportunidad de cambiar las cosas, convocar a todos los sectores y confeccionar un conjunto de propuestas que incluyan a todos los sectores sociales para proyectar un Río Negro mejor para todos. Ha llegado la hora de los ciudadanos y los afiliados comunes, que pueden sentarse junto a cualquier vecino y hablar de frente. En síntesis, las elecciones que van a producirse en la UCR inevitablemente deben convocar a que todos los radicales que por una u otra razón se han alejado del centenario partido, juntamente con aquellos correligionarios con aires renovadores, formen una nueva dirigencia, más participativa, y puedan de cara a la sociedad proponer una nueva forma de hacer política, que cambie de una vez por todas la relación de los dirigentes con los ciudadanos, en beneficio de los rionegrinos y no de unos pocos, siempre bajo el amparo de la buena fe y con el horizonte del bien común Ya pasó el tiempo de los exgobernadores, los exlegisladores y actuales legisladores, quienes vuelven y vuelven sin darse cuenta de que el estado de crisis en que nos encontramos es propio de su ineficiencia. Deben entenderlo de una vez por todas. Daniel Balduini DNI 16.759.250 Roca

Daniel Balduini DNI 16.759.250 Roca


En noviembre el radicalismo renovará sus autoridades partidarias provinciales y locales. Está claro que la conducción del partido no ha podido transmitir a la sociedad con claridad sus propuestas y tampoco sus candidatos lo logran, máxime desde que no sólo se perdieron las elecciones de gobernador sino más aún cuando en octubre del 2013 perdió toda representación en el Congreso nacional. Días después de las elecciones, desde varios ámbitos en los cuales me incluyo, se pedía la renovación de los dirigentes, así como una autocrítica con toda humildad que pudiera mostrar a la ciudadanía que, si bien se había perdido, la dirigencia estaba dispuesta a comenzar a mostrar, de una vez por todas, una nueva forma de hacer política. Nada de ello ocurrió. Muy por el contrario: nos encontramos a un año de aquella derrota histórica y a la fecha las únicas discusiones se centran en quién o quiénes, de todos los responsables de dicho desastre electoral, pueden posicionarse para ser candidatos nuevamente, tema que no parecería mal si para ello se actuara de buena fe. La buena fe, principio consistente en el estado mental de honradez, de convicción en cuanto a la verdad o exactitud de un asunto, hecho u opinión, o la rectitud de los procederes, que además exige conductas rectas u honestas en relación con las partes interesadas en un acto, está ausente... pero lo peor del caso es que no por desconocimiento sino de manera artera. Se han perdido el diálogo franco y la discusión de ideales y de proyectos; sólo se piensa en cómo destruir y no en cómo se construye un proyecto colectivo. Nadie quiere perder su posición en el “quiosquito” de la política, nadie está pensando en un proyecto colectivo a futuro... todo se debate en torno a los intereses privados y sectoriales. No hay que indagar mucho para saber que la ciudadanía ve a todos estos mínimos dirigentes como enquistados en el poder de la peor manera y con el solo objetivo de mantenerse en beneficio propio. Cabe preguntarse: ¿sólo pueden ser conductores los que viven del Estado desde hace años o acaso los que se desempeñan en la vida privada y todos estos años afrontaron los avatares de la economía errante de nuestro país no pueden conducir los destinos del partido? Indudablemente el desafío en estas internas es vencer la inercia y darnos la oportunidad de cambiar las cosas, convocar a todos los sectores y confeccionar un conjunto de propuestas que incluyan a todos los sectores sociales para proyectar un Río Negro mejor para todos. Ha llegado la hora de los ciudadanos y los afiliados comunes, que pueden sentarse junto a cualquier vecino y hablar de frente. En síntesis, las elecciones que van a producirse en la UCR inevitablemente deben convocar a que todos los radicales que por una u otra razón se han alejado del centenario partido, juntamente con aquellos correligionarios con aires renovadores, formen una nueva dirigencia, más participativa, y puedan de cara a la sociedad proponer una nueva forma de hacer política, que cambie de una vez por todas la relación de los dirigentes con los ciudadanos, en beneficio de los rionegrinos y no de unos pocos, siempre bajo el amparo de la buena fe y con el horizonte del bien común Ya pasó el tiempo de los exgobernadores, los exlegisladores y actuales legisladores, quienes vuelven y vuelven sin darse cuenta de que el estado de crisis en que nos encontramos es propio de su ineficiencia. Deben entenderlo de una vez por todas. Daniel Balduini DNI 16.759.250 Roca

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora