Campaña muy malhumorada

Redacción

Por Redacción

Mal que nos pese, la propensión a tratar a los adversarios como enemigos mortales que no merecen ningún respeto es, desde hace mucho tiempo, una de las características más notables de la cultura política nacional. Mientras que en democracias largamente consolidadas es normal que dirigentes de puntos de vista radicalmente distintos celebren debates importantes sin caer en la tentación de emplear argumentos ad hóminem, aquí lo habitual es que los aspirantes a conseguir puestos electivos procuren desacreditar por completo a los coyunturales rivales, calificándolos de mentirosos, cuando no de mercenarios al servicio de intereses malignos, e insinuando que deberían estar entre rejas por las fechorías que han cometido. La malsana tradición así supuesta incide en la conducta no sólo de políticos e intelectuales militantes que han hecho suyo el agresivo “estilo K”, sino también en la de algunos que se afirman resueltos a remplazarlo por otro menos rústico. Entre éstos se encuentra el candidato de ECO, Martín Lousteau, que compite con el macrista Horacio Rodríguez Larreta por la intendencia porteña. Aunque a nivel nacional Lousteau pertenece, en teoría por lo menos, al mismo “espacio” que su contrincante, no ha vacilado en atacar con virulencia sorprendente todo cuanto representa al acusar al Pro de tener responsabilidad en la inseguridad ciudadana, muertes infantiles y el deterioro del sistema educativo, además de vínculos con empresarios del juego de trayectoria sinuosa, y de intentar engañar al electorado estimulándolo a votar en blanco. A veces parecería que el exministro de Economía del gobierno kirchnerista se ha propuesto hacer el máximo daño posible a la candidatura presidencial de Mauricio Macri dando a entender que su forma de administrar la Capital Federal es virtualmente idéntica a la elegida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para gobernar el país. Aunque Macri mismo parece consciente de que no le convendría en absoluto contestar a quien lo critica con tanta vehemencia, ya que en tal caso le brindaría a Daniel Scioli una oportunidad para llamar la atención sobre el estilo implacablemente cortés que le ha servido para diferenciarse de los demás kirchneristas, otros integrantes de Pro se han encargado de atacar a Lousteau tratándolo con desprecio. Por razones evidentes, a Macri y Rodríguez Larreta les convendría que Lousteau abandonara su candidatura con el pretexto de que, por haber sido tan grande la diferencia que se registró en la primera vuelta, no le sería dado superarla. A esta altura, Macri quisiera dedicarse exclusivamente a la campaña nacional, pero aún no puede. Si sólo fuera cuestión de la Capital Federal, no habría “presiones” para que Lousteau diera un paso al costado pero sucede que hay mucho más en juego y, tal y como están las cosas, en las próximas semanas Macri tendrá que preocuparse más por lo que podrían hacer sus presuntos aliados para perjudicarlo que por las maniobras del oficialismo. Debería haberlo entendido antes, pero ya es demasiado tarde para modificar su estrategia. De todos modos, si bien el candidato opositor mejor ubicado tiene buenos motivos para querer asegurar que Pro domine la alianza que ha forjado con el grueso de la UCR y la gente de Elisa Carrió, su prolongada resistencia a respetar los intereses de sus socios actuales y de otros que pudieron haberlo acompañado, comenzando con Sergio Massa, ya le ha reportado más disgustos que ventajas. Al fin y al cabo, de haber decidido el jefe de Gobierno porteño actuar como el líder de una coalición amplia que incluye a Lousteau, hubiera podido adoptar una actitud prescindente frente al balotaje en su distrito, ya que, si bien parece más que probable que gane Rodríguez Larreta, es por lo menos factible que, con la ayuda de votos procedentes del kirchnerismo y la izquierda, su rival logre derrotarlo. En tal caso, la campaña presidencial de Macri sufriría un revés mucho más doloroso que el causado por el traspié de Miguel del Sel en Santa Fe, donde perdió por pocos votos, votos que aliados en potencia pudieron haberle aportado. Huelga decir que tal detalle no preocupa a Lousteau, que está más interesado en la interna de su “espacio” que en la carrera hacia la Casa Rosada y por lo tanto ha hecho de Macri uno de los principales blancos de sus ataques.


Mal que nos pese, la propensión a tratar a los adversarios como enemigos mortales que no merecen ningún respeto es, desde hace mucho tiempo, una de las características más notables de la cultura política nacional. Mientras que en democracias largamente consolidadas es normal que dirigentes de puntos de vista radicalmente distintos celebren debates importantes sin caer en la tentación de emplear argumentos ad hóminem, aquí lo habitual es que los aspirantes a conseguir puestos electivos procuren desacreditar por completo a los coyunturales rivales, calificándolos de mentirosos, cuando no de mercenarios al servicio de intereses malignos, e insinuando que deberían estar entre rejas por las fechorías que han cometido. La malsana tradición así supuesta incide en la conducta no sólo de políticos e intelectuales militantes que han hecho suyo el agresivo “estilo K”, sino también en la de algunos que se afirman resueltos a remplazarlo por otro menos rústico. Entre éstos se encuentra el candidato de ECO, Martín Lousteau, que compite con el macrista Horacio Rodríguez Larreta por la intendencia porteña. Aunque a nivel nacional Lousteau pertenece, en teoría por lo menos, al mismo “espacio” que su contrincante, no ha vacilado en atacar con virulencia sorprendente todo cuanto representa al acusar al Pro de tener responsabilidad en la inseguridad ciudadana, muertes infantiles y el deterioro del sistema educativo, además de vínculos con empresarios del juego de trayectoria sinuosa, y de intentar engañar al electorado estimulándolo a votar en blanco. A veces parecería que el exministro de Economía del gobierno kirchnerista se ha propuesto hacer el máximo daño posible a la candidatura presidencial de Mauricio Macri dando a entender que su forma de administrar la Capital Federal es virtualmente idéntica a la elegida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para gobernar el país. Aunque Macri mismo parece consciente de que no le convendría en absoluto contestar a quien lo critica con tanta vehemencia, ya que en tal caso le brindaría a Daniel Scioli una oportunidad para llamar la atención sobre el estilo implacablemente cortés que le ha servido para diferenciarse de los demás kirchneristas, otros integrantes de Pro se han encargado de atacar a Lousteau tratándolo con desprecio. Por razones evidentes, a Macri y Rodríguez Larreta les convendría que Lousteau abandonara su candidatura con el pretexto de que, por haber sido tan grande la diferencia que se registró en la primera vuelta, no le sería dado superarla. A esta altura, Macri quisiera dedicarse exclusivamente a la campaña nacional, pero aún no puede. Si sólo fuera cuestión de la Capital Federal, no habría “presiones” para que Lousteau diera un paso al costado pero sucede que hay mucho más en juego y, tal y como están las cosas, en las próximas semanas Macri tendrá que preocuparse más por lo que podrían hacer sus presuntos aliados para perjudicarlo que por las maniobras del oficialismo. Debería haberlo entendido antes, pero ya es demasiado tarde para modificar su estrategia. De todos modos, si bien el candidato opositor mejor ubicado tiene buenos motivos para querer asegurar que Pro domine la alianza que ha forjado con el grueso de la UCR y la gente de Elisa Carrió, su prolongada resistencia a respetar los intereses de sus socios actuales y de otros que pudieron haberlo acompañado, comenzando con Sergio Massa, ya le ha reportado más disgustos que ventajas. Al fin y al cabo, de haber decidido el jefe de Gobierno porteño actuar como el líder de una coalición amplia que incluye a Lousteau, hubiera podido adoptar una actitud prescindente frente al balotaje en su distrito, ya que, si bien parece más que probable que gane Rodríguez Larreta, es por lo menos factible que, con la ayuda de votos procedentes del kirchnerismo y la izquierda, su rival logre derrotarlo. En tal caso, la campaña presidencial de Macri sufriría un revés mucho más doloroso que el causado por el traspié de Miguel del Sel en Santa Fe, donde perdió por pocos votos, votos que aliados en potencia pudieron haberle aportado. Huelga decir que tal detalle no preocupa a Lousteau, que está más interesado en la interna de su “espacio” que en la carrera hacia la Casa Rosada y por lo tanto ha hecho de Macri uno de los principales blancos de sus ataques.

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