Campañas sucias

Por Redacción

Los hay que creen que en política, como en la guerra y el amor, todo vale y que, sobre la base de dicho principio, procuran destruir a los adversarios difundiendo rumores escandalosos o tratándolos como si fueran delincuentes. En algunos países al electorado no le gusta la agresividad excesiva. Puede que la Argentina pronto sea uno, ya que abundan quienes se afirman hartos del combativo “estilo K” y de “la crispación” que genera, pero es poco probable que la campaña electoral que se ha puesto en marcha se desarrolle en un clima de respeto mutuo. Por el contrario, muchos, impresionados por la irascibilidad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el fervor de su “soldados”, ya dan por descontado que será llamativamente sucia. No ha ocasionado demasiada sorpresa, pues, que oficialistas preocupados por la alianza del Pro, la UCR y la Coalición Cívica hayan reaccionado enseguida empapelando las paredes de algunas calles porteñas con afiches que aseguran que el compañero de fórmula de Mauricio Macri será el exministro de Economía Domingo Cavallo, una eventualidad que, antes del colapso de la convertibilidad a fines del 2001, lo hubiera beneficiado pero que, en la actualidad, por una cuestión de imagen, a juicio de los kirchneristas sería más que suficiente como para hundirlo. Huelga decir que no existe motivo alguno para suponer que el presidenciable porteño haya pensado en ofrecerle al exsuperministro una oportunidad para rehabilitarse. Sea como fuere, es de prever que, siempre y cuando Cristina no les ordene concentrarse en atacar al gobernador bonaerense Daniel Scioli, los militantes kirchneristas se esfuercen por satanizar a Macri, pintándolo como un títere ultraderechista manipulado por aquella banda de conspiradores que, de tomar en serio lo que dicen Cristina y diversos voceros gubernamentales, por razones nunca aclaradas se dedican a frustrar todas las iniciativas nacionales y populares. También intentarán convencernos de que por ser intrínsecamente inviables las alianzas, al país no le queda más opción que la supuesta por el autoritarismo; a diferencia del resto del mundo, aquí las alianzas políticas tienen mala prensa. El que no sólo los integrantes de algunos grupos marginales como el piquetero oficialista Luis D’Elía sino también personas estrechamente vinculadas con el Poder Ejecutivo nacional, entre ellos el ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo y el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, parezcan decididos a librar una campaña rudimentaria, llena de consignas burdas y descalificaciones tremendas, destinada a impresionar a su propia clientela electoral plantea un desafío a Macri, el radical Ernesto Sanz y Elisa Carrió. Por razones evidentes, los tres preferirían que la campaña consistiera en un intercambio civilizado de opiniones más o menos racionales. Se trata de la diferencia entre la cultura política populista por un lado y modalidades un tanto más sofisticadas, parecidas a las imperantes desde hace tiempo en los países europeos más avanzados, por el otro. Si bien en todas partes hay demagogos que dirán virtualmente cualquier cosa si creen que los ayudará a arañar algunos votos, en las democracias consolidadas tales personajes conforman una minoría reducida cuyas intervenciones raramente producen los efectos presuntamente deseados. En casi toda Europa occidental, los demagogos son considerados “piantavotos”, razón por la que los líderes de los partidos principales no quieren tener nada que ver con ellos. No es ningún secreto que partidos como el Pro y, con la excepción de algunas fracciones juveniles, la UCR se sienten comprometidos con los valores que atribuyen a la clase media, mientras que el PJ ha basado su prolongada hegemonía en el apoyo acrítico de sectores populares de actitudes caudillistas. Si bien las diferencias no son tan nítidas como sería de suponer debido a la voluntad de muchos izquierdistas de clase media de hacer gala de su solidaridad emotiva con los rezagados, son lo bastante importantes como para ocasionar dificultades a quienes entienden que la ya crónica crisis política y económica del país es fruto del populismo. Esperan lograr combatirlo sin caer en la tentación de mimetizarse con sus adversarios, algo que, como muchos han aprendido, no es tan fácil como algunos suponen.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 19 de marzo de 2015


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