Carrera contra el reloj

Por Redacción

Ya antes de ponerse formalmente en marcha la gestión del gobierno del presidente Mauricio Macri, sus representantes estaban viajando por el mundo en busca de dinero fresco, además de señalarles a las cerealeras locales que sería de su interés ayudarlo a llenar los baches financieros que han dejado los kirchneristas. Parecería que los esfuerzos iniciales en tal sentido han sido relativamente exitosos, ya que según se informa algunos bancos estadounidenses y españoles podrían prestarnos 8.000 millones de dólares, mientras que los chinos, que están más interesados en realidades económicas que en las cuestiones ideológicas, estarían dispuestos a colaborar, pero sólo se trata del comienzo. Para reactivar una economía a un tiempo estancada e inflacionaria, con un peso oficial tan sobrevaluado como era en los días finales de la convertibilidad y una balanza comercial en rojo, será necesario que el gobierno consiga pronto por lo menos los 25.000 millones de dólares que necesitaría para levantar el cepo, de tal modo restaurando cierta “normalidad” al mercado cambiario, y a partir de entonces convencer a quienes llevan la voz cantante en las plazas financieras internacionales de que les convendría confiar en el futuro de la Argentina. Por motivos políticos que son notorios, el gobierno macrista no podrá darse el lujo de esperar mucho tiempo hasta que las inversiones o préstamos que espera conseguir lleguen en cantidades suficientes. Es tan mala la situación en que se encuentran el Banco Central, los gobiernos provinciales y muchas municipalidades que cualquier demora haría muy difícil el pago de los salarios y aguinaldos de fin de año. En el transcurso de la campaña electoral, Macri y sus asesores económicos juraron que no se proponían llevar a cabo un “ajuste” o nada parecido, pero a menos que cuenten con dinero en la caja no tendrán más alternativa que la de reducir drásticamente el gasto público o resignarse a depender de la maquinita inflacionaria, lo que, huelga decirlo, tendría consecuencias muy negativas. Por fortuna, parecería que tanto el triunfo electoral de Macri como el profesionalismo atribuido a los miembros de sus equipos económicos han motivado mucha confianza en el exterior. El consenso es que, bien manejada, la economía nacional no tardará en recuperarse, ya que los problemas actuales se deben no sólo a los errores cometidos por el exministro de Economía Axel Kicillof y otros funcionarios inexpertos sino también al aislacionismo principista del gobierno kirchnerista que, sin equivocarse, vio en la hostilidad de los mercados internacionales una buena fuente de capital político. Con todo, aunque el gobierno kirchnerista mismo fue beneficiado por la negativa a negociar con los fondos buitre, el país en su conjunto se vio perjudicado por el boicot financiero resultante. Sea como fuere, se supone que un eventual arreglo con los holdouts serviría para liberar una cantidad enorme de inversiones que, andando el tiempo, posibilitaría que la economía nacional disfrutara de una etapa acaso prolongada de crecimiento vigoroso. Si bien las perspectivas son consideradas muy promisorias, antes de concretarse las previsiones optimistas de quienes vaticinan que la Argentina será uno de los países “emergentes” más atractivos de los años próximos, el gobierno tendrá que superar una serie de obstáculos inmediatos. Parecería que, a pesar de la presunta preferencia mayoritaria por “el gradualismo” –es decir por cambios apenas perceptibles–, en la cultura política nacional no hay lugar para la paciencia. Aunque Macri se ha sentido constreñido a advertirnos una y otra vez que sería irracional pedirle al gobierno solucionar todos los problemas de la noche a la mañana, pero prometió que todos los días el grueso de la población viviría un poco mejor, no tendrá más alternativa que la de actuar con rapidez para restaurar un mínimo de orden. Estaría en lo cierto el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, cuando dice que será necesario “revisar las cuentas” antes de “tomar las decisiones que tenemos que tomar”, pero el que, en el discurso que pronunció ante el Congreso, Macri no haya aludido a medidas económicas ya ha motivado la preocupación de los muchos que quisieran saber cómo se las arreglará para atravesar el “campo minado” que le han preparado los kirchneristas.


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