“Carta abierta a Ramón Díaz”
Señor Ramón Ángel Díaz, con el debido respeto que usted merece, permítame tutearlo por este ratito, este ratito en el que escribo estas palabras triste, sorprendido, angustiado. Pero, a la vez, escribo con la certeza de algo que te voy a contar, así como si nos conociéramos desde siempre, porque eso es lo que sentí con vos. Hoy al mediodía, mientras almorzaba, miraba un especial de River campeón y pensaba: la puta, qué lindo, después de tantos años prender la tele y mirar esto… encima, aparecías vos sentado en un pequeño estudio, hablando de cada partido y sacando pecho. Parecías un revolucionario contando el día en que habían derrocado al peor gobierno de la historia, y de alguna manera fue así. Vos nos hiciste sentir lo que es la alegría, lo que es la felicidad por el fútbol, seis años después de la última vez que habíamos olido la gloria, casi tres años después del peor día de nuestras vidas. Disparaste mil sentimientos al hincha, que estaba lastimado, desesperanzado, y lo reviviste en una suerte de revolución. Pero no es sólo eso lo que tengo para contarte y agradecerte, si es que las palabras alcanzan. Te quiero contar que me hiciste conocerte, saber quién es verdaderamente Ramón Díaz, aquel riojano que se cansó de dar vueltas olímpicas año tras año y que, una mañana misteriosa del 2002, se fue de River como quien se va de un bar porque su princesa lo dejó por otro. Aquel riojano que diez años después, con un River recién ascendido, volvería a poner las cosas en su lugar. Y qué bien lo hizo… ese técnico ganador del cual me hablaban mi viejo y mi hermano pero que yo sólo conocía por algún mínimo recuerdo y, más que todo, por fotos y videos. Nací y me crié hincha de River y mi adolescencia se vio marcada por equipos mediocres, resultados vergonzosos, técnicos que no estaban a la altura y un largo etcétera. Y el 26 de junio de 2011 nos fuimos a la B como quien no quiere la cosa. Sentí que mi vida como amante del Millo estaba hecha para sufrir y sólo eso, llorar, aguantar cargadas. Pero llegaste vos, con esa sonrisa pícara, las chicanas de siempre y la confianza en que River Plate no había dejado de ser nunca ese gigante que todos habían conocido en el pasado. Miraba los partidos con otra expectativa, sabía que tenías un as en la manga, que no te ibas a dejar boludear por equipos chicos, que ibas a salir a ganar y ante todo salir campeón. Me pasó lo que no me había sucedido en toda mi vida, ver a River puntero, en copas internacionales y, además, las cargadas cada vez eran menos y con más vergüenza. Ganamos en La Boca después de diez años, salimos campeones dos veces en una semana, volvimos a ser los mejores (si es que alguna vez alguien dudó de que dejamos de serlo), sólo leía noticias de felicidad, cargadas a Boca entre tantas cosas lindas… ¿algo más podría pedir? Cuando leí que te ibas, al instante me reí y estaba seguro de que era una mentira, una joda. Traté de pensar que lo que estaba pasando era un sueño y que mañana me levantaría a escuchar tu conferencia de prensa previa a viajar a México para jugar contra los bosteros. Se me hizo un nudo raro en la garganta, pero ahora pienso, en paz, que vos te vas por la puerta grande y te vas porque saliste campeón y, como vos dijiste, “me voy a ir ganador”. Ramón, entiendo más que nadie lo que decidiste, porque cumpliste tu objetivo y el sueño de todos los hinchas: volver a ver a River en lo más alto. Porque el plantel y grupo que vos armaste y forjaste con tanto esfuerzo ya no iba a ser lo mismo a partir de junio y nadie hace magia… o quizás vos sí, pero no, en ésta no, te vas ganador y me quedo con eso, con la inmensa felicidad de haber vivido para ver al más grande de Argentina campeón de la mano de su técnico más ganador y exitoso, con la paz y seguridad de que el día de mañana voy a poder contarles a mis hijos y a los más chicos quién fue Ramón Díaz, porque yo lo vi campeón. Fermín Ignacio Filloy DNI 39.128.135 Córdoba
Fermín Ignacio Filloy DNI 39.128.135 Córdoba
Señor Ramón Ángel Díaz, con el debido respeto que usted merece, permítame tutearlo por este ratito, este ratito en el que escribo estas palabras triste, sorprendido, angustiado. Pero, a la vez, escribo con la certeza de algo que te voy a contar, así como si nos conociéramos desde siempre, porque eso es lo que sentí con vos. Hoy al mediodía, mientras almorzaba, miraba un especial de River campeón y pensaba: la puta, qué lindo, después de tantos años prender la tele y mirar esto… encima, aparecías vos sentado en un pequeño estudio, hablando de cada partido y sacando pecho. Parecías un revolucionario contando el día en que habían derrocado al peor gobierno de la historia, y de alguna manera fue así. Vos nos hiciste sentir lo que es la alegría, lo que es la felicidad por el fútbol, seis años después de la última vez que habíamos olido la gloria, casi tres años después del peor día de nuestras vidas. Disparaste mil sentimientos al hincha, que estaba lastimado, desesperanzado, y lo reviviste en una suerte de revolución. Pero no es sólo eso lo que tengo para contarte y agradecerte, si es que las palabras alcanzan. Te quiero contar que me hiciste conocerte, saber quién es verdaderamente Ramón Díaz, aquel riojano que se cansó de dar vueltas olímpicas año tras año y que, una mañana misteriosa del 2002, se fue de River como quien se va de un bar porque su princesa lo dejó por otro. Aquel riojano que diez años después, con un River recién ascendido, volvería a poner las cosas en su lugar. Y qué bien lo hizo... ese técnico ganador del cual me hablaban mi viejo y mi hermano pero que yo sólo conocía por algún mínimo recuerdo y, más que todo, por fotos y videos. Nací y me crié hincha de River y mi adolescencia se vio marcada por equipos mediocres, resultados vergonzosos, técnicos que no estaban a la altura y un largo etcétera. Y el 26 de junio de 2011 nos fuimos a la B como quien no quiere la cosa. Sentí que mi vida como amante del Millo estaba hecha para sufrir y sólo eso, llorar, aguantar cargadas. Pero llegaste vos, con esa sonrisa pícara, las chicanas de siempre y la confianza en que River Plate no había dejado de ser nunca ese gigante que todos habían conocido en el pasado. Miraba los partidos con otra expectativa, sabía que tenías un as en la manga, que no te ibas a dejar boludear por equipos chicos, que ibas a salir a ganar y ante todo salir campeón. Me pasó lo que no me había sucedido en toda mi vida, ver a River puntero, en copas internacionales y, además, las cargadas cada vez eran menos y con más vergüenza. Ganamos en La Boca después de diez años, salimos campeones dos veces en una semana, volvimos a ser los mejores (si es que alguna vez alguien dudó de que dejamos de serlo), sólo leía noticias de felicidad, cargadas a Boca entre tantas cosas lindas... ¿algo más podría pedir? Cuando leí que te ibas, al instante me reí y estaba seguro de que era una mentira, una joda. Traté de pensar que lo que estaba pasando era un sueño y que mañana me levantaría a escuchar tu conferencia de prensa previa a viajar a México para jugar contra los bosteros. Se me hizo un nudo raro en la garganta, pero ahora pienso, en paz, que vos te vas por la puerta grande y te vas porque saliste campeón y, como vos dijiste, “me voy a ir ganador”. Ramón, entiendo más que nadie lo que decidiste, porque cumpliste tu objetivo y el sueño de todos los hinchas: volver a ver a River en lo más alto. Porque el plantel y grupo que vos armaste y forjaste con tanto esfuerzo ya no iba a ser lo mismo a partir de junio y nadie hace magia… o quizás vos sí, pero no, en ésta no, te vas ganador y me quedo con eso, con la inmensa felicidad de haber vivido para ver al más grande de Argentina campeón de la mano de su técnico más ganador y exitoso, con la paz y seguridad de que el día de mañana voy a poder contarles a mis hijos y a los más chicos quién fue Ramón Díaz, porque yo lo vi campeón. Fermín Ignacio Filloy DNI 39.128.135 Córdoba
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