Amalia Adelaida Lombera de Funes, Tota
Destacamos la labor de una maestra normal nacional ejemplar asentada en este valle del Río Negro y Neuquén. Proveniente de San Luis, sus padres fueron Alfonso Lombera Gómez, español de Guriezo, provincia de Santander, que había arribado a la Argentina huyendo de la Primera Guerra Mundial: Mendoza fue su primer destino para luego dirigirse a San Luis capital y formar una familia con Ceferina Cuadrado, nacida en Intendente Alvear, provincia de La Pampa. De esa unión nacieron: Héctor Victoriano Chiquito; Amalia Adelaida Tota; Alfonso Ignacio Quitino y Alicia Isabel Lita. Tota estudió para Maestra Normal Nacional en la Escuela Normal de San Luis Paula Domínguez de Bazán. Formó su familia con Rolando Funes, con el que tuvo tres hijos: Mónica Liliana, Rolando Daniel y Carlos Adolfo, que les dieron dos nietos.
En cierta oportunidad, el hermano mayor de Tota, Héctor, se enteró de que en Neuquén se necesitaban maestros: vinieron a la zona respondiendo a la convocatoria. Tota se desempeñó como maestra en las escuelas de chacra N° 131 y 33 y en el instituto Nuestra Señora de Fátima como vicedirectora.
Recordemos que en 1960 había arribado a la ciudad cipoleña monseñor Mariano Elorrieta y un grupo de madres le sugirió y solicitó la creación de un jardín de infantes, petición que cumplió al año siguiente.
El jardín comenzó a funcionar en marzo de 1961 con ciento dieciséis alumnos, repartidos en dos secciones de Pre-Escolar; una sección de Primero inferior y una Sección de Primero superior. En el aniversario de Cipolletti, el 3 de octubre de 1961, monseñor José Borgatti, segundo obispo de Viedma, bendijo las instalaciones y lo inauguró oficialmente. De acuerdo con la bibliografía suministrada por el padre Jorge, párroco de la iglesia cipoleña, su primera directora fue Dora Gregores de Gotelli y luego asumió como vicedirectora Amalia, nuestra homenajeada. Cuando el instituto cumplió su 50 aniversario la revista que se publicó resaltó la labor de la institución, de los docentes, de los alumnos. Sobre Tota escribió: “Educó con afecto y serena actitud. Fue una maestra con fuerza, constancia, mesura. Tuvo una comunicación afable con las familias que integraban la comunidad educativa del Instituto Fátima, como así también de colegas y alumnos. Guió con amorosa dedicación, formó una comunidad educativa desde el respeto por cada rol, lo que permitió que se dieran relaciones sanas iluminadas por la Fe en el Señor.
Conocedora y respetuosa de la reglamentación, construyó límites claros que sirvieron para la convivencia en un clima escolar armonioso”. Muchos nombres rescatan la evocación de los primeros años del Instituto Fátima. Distintas promociones de egresados son testimonio de la significación de la educación que se imparte en el establecimiento, con lo que se afianza su lema oficial “Educar para la vida, remitiendo a una vida iluminada por el Evangelio”. Sin dudas, es el esfuerzo y trabajo de todos docentes, no docentes, alumnos, padres de familia, equipos especializados y autoridades.
Amalia conformó su historia docente con su propia historia familiar: en esa escuela también se formaron sus hijos y su nieta. Su hija Mónica fue maestra de primer grado. Tota le transmitió a la escuela su sello de serenidad antes las vicisitudes de la vida, vocación de superación, esperanza, fe en la Providencia divina y la caridad indispensable para ser discípulos fieles de Jesús Misericordioso. Por todos estos motivos el Obispado del Alto Valle la propuso para la distinción “Divino Maestro”, que anualmente otorga la Comisión Episcopal de Educación de la Venerable Conferencia Episcopal Argentina, recibida en el año 2007. En la foto que acompaña el escrito la vemos con su mamá y sus hermanos.
Hoy la escuela tiene sesenta y dos años de fructífera labor educativa, por ello nuestro homenaje a Amalia y a todos los maestros en su día, como ejemplos de intensa tarea educacional.
Beatriz Carolina Chávez