Familia de Juan González, inmigrantes españoles que hicieron grande el territorio
Juan González fue uno de ellos. De oficio hojalatero, nació en Pino del Oro, provincia de Zamora de Castilla y León, perteneciente a la comarca de Aliste, al oeste de la provincia de Zamora, cerca de la frontera con Portugal y bañada por el Río Duero. Debe su nombre a que en la época de los romanos se explotaban minas de oro.
En los primeros años del siglo XX, Juan emigró a la Argentina buscando un mejor porvenir, como muchos españoles. Al llegar, se radicó en Bahía Blanca, donde tuvo la suerte de trabajar en su profesión hasta que logró construirse una casa en el barrio San Martin, calle Falcón. En el frente de la vivienda construyó un local y allí instaló un comercio de almacén y verdulería. En carro y caballo hacía reparto y venta domiciliaria de frutas y verduras, mientras que el almacén era atendido por su esposa, Isabel González, también de España, de un pueblo vecino a Pino del Oro.
Isabel y Juan tuvieron cuatro hijos, todos nacidos en Bahía Blanca: María Rosa, Tomás, Lino y Esther. La mayor, María Rosa, se casó en esa ciudad con Guillermo Cuningam Glen, quien tenía en Neuquén un pariente de apellido Celata que había abierto un pequeño bar de despacho de bebidas en la primera cuadra de calle Mitre. Interesó a su suegro para poner en Neuquén una confitería similar a las grandes confiterías que había en Bahía frente a la plaza y, por eso, en 1945 la familia González se trasladó a Neuquén. Viajaron Juan, Isabel, Lino, que había cumplido dieciocho años, la hija menor Ester y el matrimonio de María Rosa y Guillermo.
Tomás se quedó en Bahía Blanca ya que tenía un buen trabajo en la lanera San Blas. A su llegada a Neuquén alquilaron un gran local y vivienda en la esquina de Avda. Olascoaga y Sarmiento, equiparon el local con tres billares, mesas para bar donde se jugaba generala y mesas con manteles reservado a familias. Decidieron ponerle por nombre Bar y Confitería Ideal, copiando el nombre de la emblemática confitería de la Ciudad de Buenos Aires de calle Suipacha al 300. Los primeros dos meses fueron de mucha angustia ya que la gente miraba pegada a los vidrios, pero no entraba. Neuquén era aún un pequeño pueblo poco acostumbrado a un bar y confitería al estilo de las ciudades más importantes.
La suerte cambió y los neuquinos comenzaron a entrar. Por eso trabajaron incansablemente al punto que se llegaron a despachar doscientos litros de leche diaria en submarinos –bebida tradicional de Argentina y Uruguay- debido a la gran cantidad de soldados que había en Neuquén. Además, en épocas de carnavales, que se desarrollaban en las primeras cuadras de Sarmiento y Mitre, don Gualtieri, el sodero, le bajaba al sótano un camión repleto de cajones de cerveza. Ante tanto trabajo en el negocio familiar, Tomás dejó su puesto en Bahía y se incorporó a la confitería.
Para 1950 Guillermo y María Rosa se separaron de la sociedad de la confitería Ideal y alquilaron un local y vivienda en la zona del alto frente a la catedral, donde inauguraron la Confitería Royal. Cuando Juan ya estuvo instalado y consolidado económicamente en Neuquén, mandó a llamar a un hermano a España, Manuel González, que era zapatero y que se instalaría con su taller en la tercera cuadra de calle Ministro González.
En 1952 Juan falleció luego de una penosa enfermedad y el negocio continuó con la sociedad de Lino y Tomas González. Lino ya estaba casado con María Estrella Miglianelli, su novia de la adolescencia y vecina de Bahía Blanca, con la que tuvo cuatro hijos: Liliana Estrella, Juan Carlos, Eduardo Lino y Lino. Tomás se casó en Neuquén con Mercedes Fernández y tuvieron tres hijos: Marta, Nilda Inés y Roberto Juan. La menor, Ester, se casó con Manuel María Riego, que fue el primer jefe de taller de Diez Hermanos, concesionario IKA Renault. Tuvieron dos hijos María Isabel y Juan Manuel. La sociedad continuó trabajando con éxito en otras actividades comerciales.
Hacia el año 1970 inaugurarían el Hotel Ideal, de cuarenta habitaciones en primero y segundo piso por encima de los locales: el hotel tuvo el segundo ascensor de Neuquén, ya que el primero había sido el del Correo. Hoy homenajeamos esta historia de trabajo y esfuerzo, la historia de lugares emblemáticos continuada por sus descendientes.
Beatriz Carolina Chávez.