Ser humanos
Nadie se despierta un día pensando que su hijo va a ser parte del caso equis. Ni en los miedos más oscuros que podamos tener las madres se nos aparece tragedia semejante. Hoy lloramos por el caso Uma, uno de los tantos crímenes que nos conmueven, cuestionan, flagelan e indignan como sociedad. Pensamos en esa nena que tomó su taza de leche y quería disfrutar un día de verano con su papá, imaginando, mientras viajaba, cuáles serían sus aventuras. Hoy sufrimos con esos padres, aunque en una proporción ínfima al dolor real que ahora los envuelve. Y con una intensidad mayor agradecemos que no nos haya pasado a nosotros. Como cuando celebramos sin sentido con la frase “fue una desgracia con suerte” si alguien nos cuenta que le robaron el celular, el auto o ingresaron a su hogar delincuentes.
¿Hasta cuándo debemos soportar la invisibilidad de la seguridad, la ceguera judicial, la connivencia argumentada en la “desigualdad” social? ¿De qué derechos humanos hablamos cuando se destroza una familia con total impunidad desde la puerta giratoria de las cárceles? ¿Qué futuro tenemos si no podemos garantizar que los homicidas estén donde deben estar y nuestros hijos, jugando, estudiando y creyendo en un país mejor?
Tolstoi dijo: “Si sientes dolor, estás vivo. Si sientes el dolor de otro, eres humano”. Activemos a nuestro país para ser humanos con el dolor de esta y de todas las familias argentinas que ya no queremos ver sufrir por negligencia, inoperancia e indiferencia.
Amorina Gil
DNI 23.211.904
Buenos Aires
Nadie se despierta un día pensando que su hijo va a ser parte del caso equis. Ni en los miedos más oscuros que podamos tener las madres se nos aparece tragedia semejante. Hoy lloramos por el caso Uma, uno de los tantos crímenes que nos conmueven, cuestionan, flagelan e indignan como sociedad. Pensamos en esa nena que tomó su taza de leche y quería disfrutar un día de verano con su papá, imaginando, mientras viajaba, cuáles serían sus aventuras. Hoy sufrimos con esos padres, aunque en una proporción ínfima al dolor real que ahora los envuelve. Y con una intensidad mayor agradecemos que no nos haya pasado a nosotros. Como cuando celebramos sin sentido con la frase “fue una desgracia con suerte” si alguien nos cuenta que le robaron el celular, el auto o ingresaron a su hogar delincuentes.
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