Cede la intransigencia

Por Redacción

Para que brindara los resultados deseados, la estrategia que se ha propuesto la “resistencia” kirchnerista de oponerse con furia a todas las medidas tomadas por el presidente Mauricio Macri por suponer que de obrar así lograrán obligarlo a huir de la Casa Rosada en helicóptero tendría que contar con el apoyo de virtualmente todos los partidarios de la expresidenta. Sin embargo, como acaban de enterarse los líderes del Frente para la Victoria bonaerense, muchos kirchneristas están más interesados en ahorrarse problemas que en emprender una obra de destrucción que perjudicaría enormemente al grueso de sus compatriotas. Fue por tal motivo que un sector importante del bloque legislativo del FpV decidió hacer oídos sordos a los mensajes enviados por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus incondicionales para permitirle a la gobernadora María Eugenia Vidal conseguir el presupuesto 2016 que necesitaba. Para aislar a los ultras, Vidal pudo movilizar a los intendentes peronistas de la provincia, entre ellos muchos kirchneristas, que entendían muy bien que no les convendría en absoluto quedar sin fondos, ya que si dejaran de funcionar los servicios públicos básicos en las jurisdicciones que manejan correrían el riesgo de ser víctimas de rebeliones populares. Es de prever que algo similar suceda en otras partes del país. Puede que sean hipócritas algunos de los dirigentes opositores que han manifestado la esperanza de que al gobierno macrista le vaya bien porque, dicen, en tal caso todos se verían beneficiados, pero al hablar así reconocen que sería desastroso para el país que se repitiera la crisis del 2001 y el 2002. Para los kirchneristas más fanatizados, como la gente de La Cámpora, ciertos miembros de organizaciones que reivindican una versión propia de los derechos humanos, los autores del panfleto “Técnicas de resistencia activa-micromilitancia” y exfuncionarios, la prioridad consiste en sabotear la labor del nuevo gobierno. Para los demás, en cambio, es prioritario el bienestar de los habitantes del país o, cuando menos, de la mayoría. Si bien muchos siguen convencidos de que el “modelo” armado por el kirchnerismo es intrínsecamente superior al atribuido a Macri y sus simpatizantes y que por lo tanto les corresponde intentar conservarlo, pocos están dispuestos a colaborar con la política de tierra arrasada ideada por los halcones. A juicio de los más sensatos, hay una diferencia muy grande entre la oposición constructiva por un lado y la claramente destructiva por el otro. Asimismo, aunque no sería del interés de los kirchneristas provocar demasiados problemas en los primeros meses de la gestión macrista, si se mantienen pasivos hasta que la ciudadanía se haya manifestado dispuesta a pasar por alto su propio aporte al desaguisado, les sería difícil impedir la fragmentación de sus bloques parlamentarios. Felizmente para el país, parecería que los partidarios de una oposición responsable están haciendo valer su peso numérico no sólo en la Legislatura bonaerense sino también en las de otras provincias y del país en su conjunto, alejándose de tal modo de la fracción intransigente que obedece sin chistar las órdenes tajantes de Cristina. Aunque el macrismo no dejará de ser minoritario, su experiencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo ha acostumbrado a negociar leyes con sus adversarios políticos y se cree capaz de continuar haciéndolo desde el Poder Ejecutivo nacional. Por haberse acostumbrado el país a ser gobernado por un régimen caudillista que obraba sin prestar atención a los reparos opositores, muchos tomarán las negociaciones constantes entre los macristas, kirchneristas, peronistas disidentes y otros por evidencia de debilidad, pero se trata de una situación que es perfectamente normal en las democracias pluralistas. Con todo, hasta nuevo aviso Macri tendrá que continuar aprovechando los decretos de necesidad y urgencia permitidos por la Constitución nacional. Son tantos los problemas graves que le aguardan que no podrá darse el lujo de perder mucho tiempo construyendo mayorías parlamentarias coyunturales. Irónicamente, los más indignados por lo que a su juicio son síntomas del autoritarismo que según ellos es típicamente “neoliberal” son aquellos legisladores que, en años recientes, cohonestaban automáticamente, a libro cerrado, todas las medidas propuestas por Cristina.


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