Chacarera



Cuando al viento se le ocurre danzar, danzar con alegría, en mi casa, elige la chacarera. Sabe, tengo un lugarcito adelante, una suerte de garaje sin techo que ha resultado ser su escenario. Sé lo que me espera después, pero tiene algo de fascinante observar a través de los vidrios cómo este Chúcaro celestial revolea el cuerpo, arrastra todo lo que encuentra y lo hace girar a su alrededor.

Hay un dicho que afirma la presencia del diablo cuando se arman remolinos… yo no lo creo. Esto es demasiado alegre, desenfadado, y gira hacia arriba, se elonga hasta el cielo pero no le alcanza: las rígidas paredes y las telarañas de las ramas, atrapando, bajando, jugando, terminan con todo lo que entra encorvándose, arrastrándose, girando, girando.

Cuando culmina la danza -como cualquier ama de casa que se precie-, porto bolsitas, escobillón y me encargo de la resaca. Que no es poca tarea, se lo aseguro; y como no siempre salgo corriendo apenas para el viento -cosa que, según he observado, hacen todas, todas mis vecinas-, llega un momento que digo Beba, al combate. ¡Restos, allá vamos!

Así que acompáñeme; no tiene que ensuciarse, no ponga esa cara de asco… con peores basuras convivimos y ponemos nuestra mejor cara.

El panorama está dominado por cientos de hojas blancas o tono similar. Algunas aún están apiladitas, lo cual no es poco mérito teniendo en cuenta el baile que protagonizaron. A ver… estructura de la oración, redacción: criterios y ejemplos, etc. etc. En letra bastante insegura, algunos cuadritos están llenos de ciertas respuestas probablemente discutibles, no nos vamos a poner ahora a leer la tarea escolar depositada en el piso, ¿verdad? Supongamos que se trata de una piba que aprobó el examen… sí, aprobó. Somos los dueños de esta fantasía. Ella aprobó en el secundario de la otra cuadra y corrió con sus amigos y de repente tiró todo al aire y dijo basta y luego el viento se sumó a su alegría y se vino a bailar la chacarera a mi patiecito.

¡Hola Nelly! (Es mi vecina) Viste qué porquería, se desahoga pisando algunas hojitas que no pudieron entrar al baile y miraron desde la vereda. Su voz dice una cosa y sus ojos otra, porque van del montón que está a mis pies a mis manos sosteniendo las hojas y a mi boca sonriendo… ah Nelly… no termina de acostumbrarse a que yo hablo y me río sola, es decir, dialogo en otra dimensión con otra gente.

Oh, ¿qué tenemos aquí? Una lista de números, uno debajo del otro, con birome, cifras tipo las mías, ciento veinte, cuarenta y cinco, sesenta y ocho, en fin. Y hay una destacada con un furioso redondel, mejor diríamos una espiral, no le parece, abierta hacia el futuro o descendiendo a la desesperación y ahora está aquí, lista para mi bolsa… Sí, tiene razón, mejor empecemos a guardar y es cierto que si juntamos todas las hojas tamaño oficio de la piba, ya tenemos la mitad del trabajo hecho y sí, claro, esto dejará de parecer una casa abandonada. Propagandas, ofertas del fin de semana, dígame, ¿alguna vez vio en un libro escolar semejantes colores y este papel satinado? Y ya son historia. Como todo lo que vamos levantando, hojas, yogures, un pañal ¡afortunadamente cerrado!, boletas de la elección pasada, cuál, cualquiera, si elegimos todo y decidimos poco, dígame si no es cierto.

Pensaba, sabe, (córrase, por favor, le va a ir todo el polvo y después de todo, es mi invitado), pensaba en frases hechas como la simultaneidad de la información, la noticia de ahora ya es vieja y todo eso… Jajaja!!!

Si quiere ver cómo se deshace el presente, mire el piso de su vereda.

 

MARIA EMILIA SALTO

bebasalto@hotmail.com


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