De China a Patagonia norte: una medusa de agua dulce se adaptó a los fríos lagos de Bariloche

Es otra especie exótica que se agrega a la lista. Investigadoras argentinas del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue descubrieron que este animal, habitual en aguas cálidas, logró adaptarse al frío y estableció su pequeño imperio gelatinoso cerca de Bariloche,

La aparición de la medusa de agua dulce Craspedacusta sowerbii en la Patagonia argentina marcó un hito para la ciencia local y la comunidad de San Carlos de Bariloche.

Este animal, originario del río Yangtsé en China, fue detectado por primera vez en los lagos Escondido y El Trébol durante los veranos de 2023 y 2024.

El registro, publicado en la revista Desde la Patagonia, confirma que la especie logró establecerse en ambientes templado-fríos andino-patagónicos, algo que nunca se había documentado de manera formal en la región.

El estudio señala: “Una medusa de agua dulce proveniente de aguas cálidas asiáticas es avistada durante el verano en lagos templado-fríos andino patagónicos”. Así, la llegada de Craspedacusta sowerbii no solo suma una nueva especie exótica a la lista de habitantes acuáticos del sur, sino que obliga a repensar los cambios que puede provocar esta invasión silenciosa.

El estudio fue realizado por Sharon Allen Dohle (Licenciada en Ciencias Biológicas), Mariana Reissig (Doctora en Ciencias Biológicas), Patricia E. García (Doctora en Ciencias Biológicas) y María del Carmen Diéguez (Doctora en Ciencias Biológicas). Todas forman parte del Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a Escala de Paisaje (GESAP), del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en Argentina. El trabajo fue publicado en Desde la Patagonia en 2025.

Medusa exótica en la Patagonia

El problema que aborda el estudio es la llegada de especies exóticas a ambientes de agua dulce, ya que pueden modificar el equilibrio natural.

El informe explica que la “probabilidad de éxito de una especie que coloniza un nuevo ambiente depende en gran medida de sus capacidades para sobrevivir al ‘viaje’, adaptarse a las nuevas condiciones y reproducirse”. En este contexto, Craspedacusta sowerbii representa un caso sorprendente por su capacidad de superar barreras geográficas y climáticas.

El estudio afirma que la expansión global de la medusa empezó en el siglo XIX, primero en Europa y después en América, facilitada tanto por el comercio de plantas y animales acuáticos como por el transporte pasivo a través de aves y peces. Hoy la especie se considera “cosmopolita” y está presente en todos los continentes, salvo la Antártida.

El objetivo central del trabajo fue describir la presencia, abundancia, tamaño, distribución y dieta de la fase medusa de Craspedacusta sowerbii en el lago Escondido, para iniciar el conocimiento sobre su impacto en los ecosistemas acuáticos patagónicos. Las autoras buscaban responder preguntas clave: cuántos ejemplares hay, en qué zonas del lago aparecen, su tamaño y sus preferencias alimenticias.

Este estudio es pionero en la región patagónica, ya que no existían investigaciones previas con este nivel de detalle sobre la biología de la medusa en lagos del sur argentino.


Cómo fue el estudio y qué se halló

La colecta de muestras se realizó en febrero de 2023 en el lago Escondido, donde el equipo recorrió 33 puntos usando redes de plancton de 50 micrones desde dos metros de profundidad hasta la superficie. Las medusas capturadas fueron contadas en el momento y llevadas al laboratorio.

Además, usaron una botella limnológica para tomar agua de distintas profundidades y analizar la calidad físico-química y la composición del zooplancton, grupo de pequeños animales que incluye las presas de la medusa. En el laboratorio, midieron el diámetro de la campana de cada ejemplar y revisaron su cavidad gástrica para identificar las presas.

En el lago Escondido encontraron, en promedio, 24 medusas por metro cúbico, aunque ese número fue variable (entre 4 y 67) debido a la tendencia a agruparse. El tamaño promedio fue de 7,1 milímetros, con ejemplares que llegaron hasta los 12 mm.

Las medusas prefieren lugares iluminados y zonas cercanas a la superficie, sobre todo durante la mañana y en días soleados. Esto coincide con la presencia de alimento y la influencia de la luz en su actividad. El análisis de la dieta mostró que el 96,6% de lo que comen son crustáceos del género Bosmina, seguidos por copépodos del género Boeckella, rotíferos y algunas larvas de insectos.

El lago Escondido y el lago El Trébol presentan diferencias ambientales: el primero es más transparente y de color ámbar, mientras que el segundo tiene más nutrientes y menos penetración de luz por mayor presencia de algas. En ambos, la medusa convive con peces nativos y la trucha arcoíris, especie introducida.

El ciclo de vida de la medusa alterna entre una fase pólipo, fija y poco visible, y una fase medusa, libre y observable en verano. Los pólipos pueden sobrevivir a condiciones difíciles y facilitar la dispersión de la especie en nuevos ambientes.

El estudio señaló: “La aparición de medusas en un ambiente asegura la presencia de pólipos, pueden existir pólipos sin que se observen medusas”. Esto significa que la medusa puede estar en el lago aunque no se la vea durante gran parte del año.

La medusa tuvo una fuerte adaptación al superar barreras geográficas y climáticas.

Recomendaciones y desafíos

Las investigadoras recomiendan monitorear de manera constante la aparición de medusas en los lagos y sumar la participación de la comunidad a través de plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist. Así, se logrará registrar la expansión de la especie y anticipar posibles impactos en los ecosistemas locales.

Reconocen que es difícil detectar la fase pólipo porque no se ve a simple vista, lo que complica saber cuán extendida está realmente la medusa. El estudio concluye: “Obtener registros de esta especie invasora permite conocer su expansión en la Patagonia y evaluar el posible impacto sobre las comunidades acuáticas nativas”.

La llegada de la medusa de China a los lagos del sur suma un nuevo reto para el monitoreo y la conservación de la biodiversidad patagónica.

Se pide colaboración ciudadana para detectar la expansión e impacto de la medusa

Ciencia ciudadana para vigilar a la especie invasora

Las investigadoras que hicieron el estudio de la especie invasora de medusa de agua dulce resaltaron que el público general puede colaborar con su monitoreo.

Debido a la gran cantidad de ambientes acuáticos y la fuerte conectividad entre lagos, arroyos y humedales, la medusa tiene muchas oportunidades de dispersarse, y su presencia puede pasar inadvertida por su tamaño y transparencia. Además, la fase pólipo es casi invisible y puede estar presente aunque no se observen medusas adultas. Por eso, el aporte de la comunidad resulta clave: cualquier persona puede ayudar al registrar sus observaciones de la medusa en plataformas como iNaturalist. También puede enviar la foto a la cuenta en Instagram: @fotolabgesap

El registro ciudadano permite detectar nuevos focos de aparición y conocer mejor la distribución real de la especie en la región. Estos datos ayudan a anticipar y evaluar el impacto ecológico de la medusa sobre las comunidades nativas, ya que puede alterar la cadena alimentaria y la dinámica de los ecosistemas. El monitoreo participativo cobra más sentido porque la aparición de la fase medusa es breve y estacional, y puede ser difícil de advertir para investigadores solos.

El estudio invita a informarse, observar y registrar cada hallazgo de medusas en lagos, ríos o humedales, usando herramientas digitales accesibles. Cuantos más datos se reúnan, mayor será la capacidad para tomar decisiones sobre conservación y manejo de los ecosistemas acuáticos patagónicos. Así, la colaboración entre científicos y ciudadanos se vuelve fundamental para enfrentar el desafío de las especies invasoras y proteger la biodiversidad local.


La aparición de la medusa de agua dulce Craspedacusta sowerbii en la Patagonia argentina marcó un hito para la ciencia local y la comunidad de San Carlos de Bariloche.

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