Ciudades flotantes

Recorremos la obra de un talento tucumano: el arquitecto Tomás Saraceno. La primera escala, su exposición en Nueva York.

Redacción

Por Redacción

El arquitecto tucumano Tomás Saraceno supo ganarse su lugar en los principales centros de exposición del mundo de la mano de su producción difícil de encasillar pero siempre tan convocante como sorprendente. Hoy el suplemento eh! inicia una recorrida por la serie que tituló Cloud Cities/Air Port City. La primera escala es nada menos que en el prestigioso Museo Metropolitano de Nueva York (MET), donde el año pasado desafió la estética de Manhattan con una estructura de 16,4 metros de longitud, por 8,8 metros de ancho y 8,5 metros de alto, elaborada a partir de 16 módulos transparentes y reflejantes interconectados entre sí, algo que un crítico definió como una nueva constelación. Claro que Saraceno tenía su propia explicación, que atraviesa todos sus trabajos, pensados como vehículos para la imaginación que transporten a quienes los contemplan más allá de la política, lo social y los estados geográficos de la mente. “Fue una invitación a percibir múltiples realidades a través de la superposición y reflectividad de conexiones que afectan y desafían nuestras percepciones”, dijo en relación a lo que exhibió en el MET, donde supo convertir desde su obra al Central Park en un jardín flotante, incrustado en una nube y edificios de cristal. Inspirada en múltiples fenómenos, como nubes, burbujas o redes de comunicación, la obra forma parte de la serie “Cloud Cities/Air Port City” y nace de la investigación del propio artista sobre cómo expandir nuevas maneras en las que habitar y experimentar el ambiente a partir de técnicas arquitectónicas y de ingeniería, así como de principios aeronáuticos y físicos. A través de la disposición de los espejos, la instalación actúa, según las palabras de Saraceno, como un reloj solar proyectando una red invisible de rayos, esparciendo el sol e iluminando el código digital situado alrededor de la ciudad. “’Cloud City’, explica el arquitecto nacido en Tucumán en 1973, es una composición basada en una compleja geometría tridimensional que proyecta una idealizada estructura de espuma parecida a un perfecto envase de esferas con una mínima superficie y un máximo volumen. Esta podría ser la mejor geometría posible para conectar atmósferas de ciudades flotantes solares, agrega Saraceno, galardonado con varias distinciones como el Calder Prize en 2009 que cada dos años honra a artistas en vida que han completado un trabajo ejemplar e innovador. “Saraceno imagina ciudades flotantes que desafían las nociones tradicionales de espacio, tiempo y gravedad. Él desafía los límites de la vida terrenal y explora la posibilidad de habitar en el aire. Sus proyectos de construcción de espacios interdependientes hacen hincapié en el carácter ecológico de los ambientes naturales y los espacios sociales”, explicó Anne L. Strauss, comisaria adjunta del departamento de Arte Moderno y Contemporáneo del MET. (DPA)

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El arquitecto tucumano Tomás Saraceno supo ganarse su lugar en los principales centros de exposición del mundo de la mano de su producción difícil de encasillar pero siempre tan convocante como sorprendente. Hoy el suplemento eh! inicia una recorrida por la serie que tituló Cloud Cities/Air Port City. La primera escala es nada menos que en el prestigioso Museo Metropolitano de Nueva York (MET), donde el año pasado desafió la estética de Manhattan con una estructura de 16,4 metros de longitud, por 8,8 metros de ancho y 8,5 metros de alto, elaborada a partir de 16 módulos transparentes y reflejantes interconectados entre sí, algo que un crítico definió como una nueva constelación. Claro que Saraceno tenía su propia explicación, que atraviesa todos sus trabajos, pensados como vehículos para la imaginación que transporten a quienes los contemplan más allá de la política, lo social y los estados geográficos de la mente. “Fue una invitación a percibir múltiples realidades a través de la superposición y reflectividad de conexiones que afectan y desafían nuestras percepciones”, dijo en relación a lo que exhibió en el MET, donde supo convertir desde su obra al Central Park en un jardín flotante, incrustado en una nube y edificios de cristal. Inspirada en múltiples fenómenos, como nubes, burbujas o redes de comunicación, la obra forma parte de la serie “Cloud Cities/Air Port City” y nace de la investigación del propio artista sobre cómo expandir nuevas maneras en las que habitar y experimentar el ambiente a partir de técnicas arquitectónicas y de ingeniería, así como de principios aeronáuticos y físicos. A través de la disposición de los espejos, la instalación actúa, según las palabras de Saraceno, como un reloj solar proyectando una red invisible de rayos, esparciendo el sol e iluminando el código digital situado alrededor de la ciudad. “’Cloud City’, explica el arquitecto nacido en Tucumán en 1973, es una composición basada en una compleja geometría tridimensional que proyecta una idealizada estructura de espuma parecida a un perfecto envase de esferas con una mínima superficie y un máximo volumen. Esta podría ser la mejor geometría posible para conectar atmósferas de ciudades flotantes solares, agrega Saraceno, galardonado con varias distinciones como el Calder Prize en 2009 que cada dos años honra a artistas en vida que han completado un trabajo ejemplar e innovador. “Saraceno imagina ciudades flotantes que desafían las nociones tradicionales de espacio, tiempo y gravedad. Él desafía los límites de la vida terrenal y explora la posibilidad de habitar en el aire. Sus proyectos de construcción de espacios interdependientes hacen hincapié en el carácter ecológico de los ambientes naturales y los espacios sociales”, explicó Anne L. Strauss, comisaria adjunta del departamento de Arte Moderno y Contemporáneo del MET. (DPA)

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