Clemente Onelli se debate en el olvido y la pobreza

Durante los años "90 su población se redujo en más del 40%. La falta de trabajo y la crisis ganadera ahuyentan a los vecinos. Desaciertos y desencuentros hacen mella en la escasa ayuda estatal.

CLEMENTE ONELLI (AJ).- La pequeña localidad de Clemente Onelli se va muriendo poco a poco. Como la mayoría de los pueblos chicos de la región sur, parece estar sometida al olvido y la marginación y sus habitantes sufren cada día las consecuencias que estas situaciones generan.

A la crítica situación se le suma una lista interminable de desaciertos y penurias que sufren los indefensos y postergados pobladores. Por ejemplo, el caserío está asentado en medio de un gran cañadón a más de 1000 metros de altura sobre el nivel del mar. La intensidad, el frío viento patagónico y las fuertes heladas castigan con dureza. En invierno las temperaturas superan los 25 grados bajo cero. Por sus características topográficas Clemente Onelli es uno de los lugares más fríos del país. Los caños del gasoducto que une Pilcaniyeu con Jacobacci pasan a escasos 500 metros de la zona urbana. Sin embargo y a pesar de los intensos pedidos los pobladores no logran que el gobierno o la empresa concesionaria del gas instale una válvula reductora para abastecer de fluido a las 40 familias.

En el pasado la situación de la pequeña aldea era distinta. Los productores ovinos y caprinos vivían otra realidad. La actividad ganadera generaba importantes ingresos para la comunidad y un gran número de puestos de trabajo. Otros tantos generaban las empresa que fueron privatizadas durante la década pasada. «Cuando el ferrocarril todavía era del Estado Onelli llegó a tener más de 400 habitantes. Pero del año 90 en adelante la población comenzó a disminuir notablemente. Hoy no se si llegamos a 240 personas. Es que.., ¿qué se va a quedar a hacer acá la gente?. Si no hay nada. No hay trabajo.., no hay futuro.» afirma Elías Chaina, comisionado de fomento del lugar. El hombre añade que luego de mucho pedir y de enviar un listado de 34 desocupados, durante los primeros días de febrero el gobierno le otorgó 6 planes Trabajar pero una semana después les rescindieron lo contratos.

Hasta principios de 1990, en el ferrocarril trabajaban cerca de 20 personas. Hoy sólo queda una: don Juan Cayumán quien se desempeña como encargado de los bienes de Sefepa. Peor suerte tuvo la usina de la ex Agua y Energía, que tenía 6 operarios. Cuando pasó a manos de Edersa, la empresa decidió cerrarla.

El ferrocarril fue el pilar fundamental para el desarrollo de esta comunidad que se fundó cuando llegaron las vías del tendido férreo al Nahuel Huapi a principios del siglo pasado. A partir de allí la estación pasó a ser el centro del pueblo. Hoy solo es un lindo recuerdo. La imprudencia de unos visitantes que encendieron una fogata para calentarse y afrontar el intenso frío de la noche la convirtió en cenizas el pasado 28 de febrero. Sólo quedaron los hierros de una carretilla, viejos papeles chamuscados y un montón de chapas retorcidas. El fuego consumió el viejo edificio construido en madera y chapas en 1931 y con él una parte grande de la historia ferroviaria de la región sur se hizo humo.

Hoy las calles de Clemente Onelli lucen vacías y la aldea muy triste. Viviendas en ruinas por el paso del tiempo sin que nadie las habite. Persianas cerradas y algunos yuyos secos que son arrastrados por el fuerte viento completan el desolador paisaje. Su historia es la misma de una larga lista de poblaciones que fueron y ya no son, y a las que se llama «pueblos fantasmas». Tuvieron un pasado de prosperidad y hoy están sumergidos en el olvido. La falta de trabajo la escasa rentabilidad del campo y las dificultades de comunicación, entre otros factores, empujaron a sus habitantes a buscar nuevos horizontes.

El Plan Calor, con leña y kerosene, llega tarde

Casi se podría decir que más del 90 por ciento de los pobladores de Clemente Onelli y su zona de influencia deben recibir ayuda del Estado para poder sobrevivir. La falta de trabajo, motivada por la crisis ganadera, y la pobreza parecen haberse instalado en forma definitiva. Incluyendo los parajes Anecón Chico y Grande, un sector de El Escorial y la aldea, 197 personas se benefician con el programa Pronur y el Plan Calor. Los únicos dos programas que reparte la comisión de fomento.

No obstante, las bolsas de alimentos llegan con cuentagotas. La última entrega se realizó en noviembre de 2001. El Plan Calor recién va a comenzar a implementarse a fines de abril o mediados de mayo y los beneficiarios consideran que «siempre se llega muy tarde». Cada año este programa asistencial llega a las distintas localidades envuelto en algunas anomalías, que en general se traducen en faltantes de leña o kerosén.

Elías Chaina recuerda un sábado de abril del año pasado, cuando viajaba junto a su familia por la ruta 23. Al llegar a un sector de curvas les dice seriamente a quienes lo acompañaban: «llegó el kerosén a Onelli». Asombrados sus familiares le preguntan las razones que tenía para afirmar sus dichos si no había visto el camión que lo transportaba. «No ven que hay un charco en cada curva» les respondió.

Al llegar a la aldea el camión que lo transportaba estaba estacionado frente a la vieja usina. El vehículo era un improvisado camión cisterna. El tanque de almacenamiento de combustible estaba apoyado sobre una cubiertas y sin tapa. En el remito figuraban 3.000 litros pero llegó menos de la mitad. Luego de reclamar por escrito en el mismo remito, varios días después llegaron otros 1000 y los 92 metros cúbicos de leña. «Los funcionarios se enojan cuando yo protesto y digo estas cosas, pero es la verdad. Si no peleamos por lo que nos corresponde, nos van a comer los piojos,» afirmó el comisionado. (AJ)

La comida llega, pero los comedores no funcionan

Como ocurre en la mayoría de los pequeños poblados, la escuela es el corazón del lugar, la vía por la que se canalizan la mayoría de las cosas que pasan en la comunidad. Durante el ciclo escolar los 72 niños que concurren a la escuela 106 se benefician con el comedor escolar. El establecimiento funciona entre septiembre y mayo. Sin embargo las medidas de fuerza y las equivocadas decisiones de algunos docentes dejaron sin comer a muchos niños. El personal de la escuela está formado por siete docentes que están con retención de servicios desde el pasado 4 de febrero y cuatro auxiliares que no se adhirieron a la medida. «Cuando empezó la retención quedaron 15 chicos en el comedor porque el resto se volvió a sus casas. Después venían 6 o 7 y creo que no vale la pena tener el comedor abierto por esa cantidad. Había días que preparábamos comida para 10 niños, no venían y teníamos que tirarla. Además tendría que estar un docente con ellos y estamos todos de retención» sostuvo el director de la escuela, Eduardo Oses.

La suspensión irritó a muchos vecinos. Los niños que concurrían a comer pertenecen a familias carenciadas. «Creo que alguien tendría que hacer algo. Esos chicos hoy no tienen qué comer», dijo Elías Chaina.

Oses explicó que el abastecimiento de los alimentos frescos por parte del municipio de Jacobacci llega en tiempo y forma «el frezzer está lleno de carne y la verdura se está echando a perder. Si vinieran 15 chicos al comedor yo lo vuelvo a abrir».

La escuela también sufre el aislamiento y la falta de cuidados. En sus instalaciones hay todo tipo de roturas.


CLEMENTE ONELLI (AJ).- La pequeña localidad de Clemente Onelli se va muriendo poco a poco. Como la mayoría de los pueblos chicos de la región sur, parece estar sometida al olvido y la marginación y sus habitantes sufren cada día las consecuencias que estas situaciones generan.

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