Cómo fue el ataque a la iglesia de El Bolsón

Pidieron que los franciscanos de la congregación intercedieran ante el obispo de San Isidro.

La hermana Deolinda y el altar con destrozos (Foto: Chino Leiva)

La hermana Deolinda y el altar con destrozos (Foto: Chino Leiva)

Las paredes de la iglesia Nuestra Señora de Luján, en pleno centro de El Bolsón, quedaron enchastradas de pintura de varios colores pero principalmente roja luego de la incursión de un grupo de personas encapuchadas que pretendían que la congregación franciscana intercediera ante el Obispado de San Isidro para evitar el desalojo de las tierras de Villa Mascardi ocupadas por la comunidad Lafken Winkul Mapu.

Las personas que llevaron adelante esta acción violenta se ensañaron con las imágenes religiosas y con una bandera argentina que, igual de enchastrada de pintura roja, fue colocada en la parte inferior del campanario.

La grey católica se sintió herida por el ataque (Foto: Chino Leiva)

Todo comenzó cerca del mediodía, cuando dos mujeres pidieron en la iglesia que las dejaran pasar al baño. Se lo permitieron pero cuando iban a salir irrumpieron entre 8 y 10 personas más a los empujones. Dentro estaban el cura párroco Ricardo Citadini y el fraile al que todos llaman "hermano Ariel".

Jorge Peixoto, que es cura y autoridad de la congregación, llegó enseguida. Para entonces, había salido de la iglesia, ubicada casi frente a la plaza Pagano, en un paseo peatonal inaugurado hace dos veranos, el cura párroco; el fraile pidió permanecer junto a los que irrumpieron en el edificio para dialogar.

La imagen de la Virgen de Luján quedó salpicada de rojo. (Foto: Chino Leiva)

Al "hermano Ariel" se le sumó Peixoto. Conversaron, trinchera de por medio hecha con los bancos de la iglesia. Pidieron que el sacerdote intercediera ante el Obispado de San Isidro, dueño de uno de los lotes ocupados en Villa Mascardi. En ese momento se estaba realizando en Bariloche una audiencia judicial por la apelación a la orden de desalojo dada la semana pasada.

Peixoto habló personalmente con el obispo Oscar Ojea, que puso como el cese de la ocupación como condición para dialogar con la comunidad mapuche.

Los bancos amontonados en uno de los rincones. (Foto: Chino Leiva)

Salieron por la misma puerta por la que habían entrado, ante la mirada de decenas de policías y funcionarios judiciales.

Más tarde la Policía detuvo a tres personas y las acusó del ataque. Una vigilia se montó frente a la comisaría en reclamo de la liberación de los aprehendidos.

Dentro de la iglesia, la hermana Deolinda daba ánimos a los fieles que, envueltos en llantos, rezaban frente a los Cristos manchados de rojo. Uno de ellos tenía una gran A del anarquismo trazada debajo del brazo izquierdo de la figura.


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