Como «Pichuco», el tango-baile siempre está volviendo

Recuperó un espacio en la cultura argentina. Fue adoptado sobre todo por los jóvenes. Se ha mantenido la calidad de sus cultores.

BUENOS AIRES (Télam).- El tango, que en sus inicios fue aceptado en Argentina sólo después de ser aprobado en Europa, repitió esa experiencia en las últimas décadas -por iniciativa de jóvenes y de históricos tangueros-, al resurgir en el país tras ser desplazado por la «nueva ola» de los 60 y 70.

Cuando en esos años los jóvenes se volcaron también en Argentina a los nuevos ritmos, la música porteña quedó limitada a pocos espacios en la radio, la televisión y los viejos discos de pasta.

Sólo perduraba la música, pero el baile parecía destinado a desaparecer, cuando a fines de los 70 algunos jóvenes, sin adjurar del rock, en su versión original o nacional, tomaron de nuevo la posta del dos por cuatro.

Parejas, grupos y compañías de tango fueron apareciendo ante la indiferencia, y a veces la burla, de esa generación -que quizás ahora baila tango- y el escepticismo de los mayores, aunque entre éstos -hoy próceres tangueros- hubo quienes entendieron que sólo a través de los jóvenes se mantendría «la especie».

En 1983 el puntapié inicial lo dio el grupo «Tango Argentino», integrado por ocho parejas, tres cantantes y una orquesta, bajo la dirección de Juan Carlos Copes, que recorrió Estados Unidos, Europa y Japón.

Con Copes bailaba María Nieves, y las otras parejas estaban integradas por Nélida y Nelso, Gloria y Eduardo, Mayoral y Elsa María, Virulazo y Elvira, María y Carlos Rivarola, Mónica y Luciano y Los Dinzel, la orquesta fue el Sexteto Mayor y los cantantes Roberto Goyeneche, Alba Solís y Jovita Luna.

En la segunda mitad de los 80, en una nueva gira, las últimas tres parejas fueron reemplazadas por Norma y Luis Pereyra, Los Borquez y Milena Plebs y Miguel Angel Zotto, en tanto Raúl Lavié se sumó a los cantantes.

Más tarde, la Plebs y Zotto crearon su propia compañía, «Tango por Dos», que con el sexteto de Daniel Binelli recorrió el hemisferio norte con los espectáculos «Homenaje a Gardel», primero, y en una segunda gira con «Perfume de Tango».

Durante estas giras, el público respondió favorablemente al sortilegio del tango, y en su país de origen los bailarines comenzaron a salir de un prolongado letargo.

Era el retorno del baile de salón en el que los cuerpos por fin -después de contactos de palmas, roces de brazos y gentiles coreografías estudiadas- se estrechaban y apretaban, mientras las piernas se enredaban y la pareja improvisaba una sensual seducción en tan sólo tres minutos. A principios de los 90, el espectáculo «Los Grandes del Tango Argentino» se presentó en el exterior y a diferencia de las anteriores experiencias, hizo hincapié en el baile, con seis parejas reconocidas en el ambiente y cuatro noveles en lides internacionales.

Los históricos fueron Copes y María Nieves, Nélida y Nelson, Mayoral y Elsa María, María y Carlos Rivarola, Luciano y Mónica y Los Borquez, y entre los nuevos -con reconocida trayectoria en el país- fueron Aurora Lubiz y Jorge Firpo, Vanina y Roberto, Silvina y Junior y Marcelo y Verónica.

La música de este espectáculo estuvo a cargo de la orquesta Color Tango, conocida como la de «los músicos de (Osvaldo) Pugliese», ya que integraron la orquesta de «el Maestro» y aún hoy mantienen su estilo.

Para entonces, el tango ya había renacido en su ciudad, y aparecían nuevas milongas y escuelas de tango en los barrios porteños y en las provincias.

Luego comenzó a ser enseñado en universidades y escuelas secundarias como disciplina opcional, y ahora se volvió incesante el ir y venir del exterior de parejas de bailarines, requeridos para mostrar o enseñar tango en distintos países, ya no sólo del hemisferio norte, sino en todos los continentes.

En este aspecto también hubo pioneros, como Lalo y Mirta en Holanda, Juan Dietrich en Alemania y Danel y María en Estados Unidos, quienes se instalaron a fines de los 70 en esos países, y comenzaron a llevar grandes maestros, como Antonio Todaro o Pepito Avellaneda, para hacer conocer el baile argentino.

El tango recuperó su lugar dentro de la cultura argentina y en estos últimos años muchos jóvenes se acercaron a la milonga y algunos se quedaron para siempre.

Siempre hay un barrio, una milonga

BUENOS AIRES (Télam).- Lugares donde bailar tango hay todos los días y en todos los barrios porteños, pero no son iguales ni cada uno es el mismo a la noche siguiente, ya que la «troupe» tanguera deambula durante la semana por distintos lugares y a veces se distribuye en dos o más milongas.

Los locales pueden ser salones de baile, clubes de barrio, restaurantes o cafés acondicionados para el tango, además de espacios al aire libre. La mayoría funciona durante la noche y la madrugada y, algunos, por la tarde, con piso de madera (parqué) o baldosas.

La agenda tiene el lunes al Parakultural, en el salón Canning, los martes, la noche comienza en La Trastienda, que cierra temprano y la madrugada se la disputan Almagro y La Catedral, a menos de 50 metros de distancia; el miércoles La Viruta y El Beso, y el jueves es de Niño Bien.

El viernes concentra mucha gente La Estrella, el que cierra más tarde y recibe a quienes salen de otras milongas, a partir de las 3,30, con entrada gratis. Ese día también funcionan muy bien el Parakultural del Canning, Gricel, Torquato Tasso, entre otros.

El sábado, igual que el día anterior es uno de los de mayor oferta, y se destacan La Viruta, que funciona en el mismo lugar que La Estrella y permite entrada sin cargo desde las 3,30 y cierra después de las 6, y Las Morochas. Otros que convocan a muchos tangueros son Sunderland y Gricel.

Para el domingo, la mayoría de los tangueros optó, en los últimos tiempos, por El Beso y, en menor medida, muchos van a La Estrella y al Akarense.

Durante el verano está abiertos lugares al aire libre, que convocan a muchos bailarines como La Calesita -organizada por el grupo El Viento Norte-, La Terraza, Caminito y La Glorieta, que varios años desafía al frío de los domingos a la tarde hasta avanzado el invierno.

La matiné se puede decir que es exclusiva de La Ideal, en la centenaria confitería céntrica, tras el cierre de Pavadita, cerca del Obelisco, aunque ahora tiene la competencia de Italia Unita y El Arranque.

El Torquato Tasso lleva orquestas en vivo, de primer nivel, todos lo viernes, en tanto el Parakultural, el mismo día, lo hace pero con menor frecuencia, lo mismo que La Viruta de los sábados.

Hay algunas locales que llevan parejas de bailarines para un «show», pero para muchos milongueros esto no resulta un atractivo como la orquesta, ya que los espectáculos para ver los privan de la posibilidad de bailar -para eso se va a la milonga- y ese día eligen otro sitio.

La elección del lugar puede depender de muchas cosas, aunque la infidelidad es propia del tango y los bailarines pueden desaparecer un día y elegir otra milonga, sin que se sepa bien por qué. (Télam)

Dos por cuatro y quebradas en Río Negro y Neuquén

Sin perjuicio de camadas de neuquinos tangueros, desde hace medio siglo, el renacer, el furor del tango en Neuquén se inició hace algo más de una década con un afamado maestroVíctor Ledesma, bailador septuagenario.

Luego prosiguió con Carlitos Procopiuk, Darío Peco en la UNC, Margarita Casares, el taller Tango Sur y una seguidilla de docentes y bailarines que a su vez, pusieron sus talleres o se fueron a enseñar por los distintos barrios. Otros están en el exterior. Es una de las características más conocidas del tango, su capacidad para exportar figuras.

Seguramente en una apretadísima síntesis como la actual nos olvidaremos de algunos, pero hoy las opciones para aprender están en manos de Juan Rosas, con «Danzarín» (escuela número 3); José Escobar y su taller Vivencias tangueras, ubicado en Buenos Aires 368, todos los días de 21 a 23. Hay maestros que van a domicilio como Juanita Lena y Gerardo Lombadeli, con sólo llamarlos al 156-359460; Natallia y Bryan, el «Patagonia tango club» (Te. 4330700) con Hilaria Dantas, entidad cultural dedicada a la música, baile y homenajes (editó un libro sobre Paquita Bernardo «Una mujer y su bandoneón»).

Este año, se fundó la «Casa del tango» pero sin edificio. Los tangueros van por los barrios enseñando. Pertenece a la Fundación BPN (4429747). Y la movida sigue. Para escuchar tango, en el pub de Rivadavia y Alberdi, todos los jueves a la noche, hay orquesta en vivo. Un lujo.

En General Roca hay muy buenos cultores de la música tanguera. Luis Cide, hombre del jazz, también incursiona en el dos por cuatro. Si bien no tiene un grupo armado formalmente suele tocar en pubs locales junto a Gabriela Franco, flautista traversa, que integró varios grupos de tango en Buenos Aires: «La Rufa», «Aires de antaño» y otros.

Andrés Führ le comentó a «Río Negro» que estaba preparando un trío de tango. Führ al igual que Cide viene del jazz. Luis Andrade tampoco se niega a cantar una o dos piezas en sus presentaciones que tienen muchos perfiles. Andrade es muy capaz de sorprendernos con una apasionada versión de «Los mareados» o «Grisel». Hace unos días lo hizo en una sobresaliente presentación en Casa de la Cultura. Allí y en La Mancha (otro centro cultural roquense) se dan talleres relacionados con esta música.

El Quinteto de Tango de la Fundación Cultural Patagonia, liderado por el bandoneonista Orlando Tumini, es una gratificación periódica en Roca.

Otra de las figuras destacadas del tango en la zona es la bailarina Jessica Jorgensen quien en más de una oportunidad ha cautivado al público por su ductilidad y experiencia en un arte complejo.

Gustavo Moya, Saúl Arrieta, Orfilia Pastén y Darío Robles, son otros cultores que han compartido ruta con Jorgensen.

Vienen de Turquía, India y Taiwán a sentirlo en el Río de la Plata

BUENOS AIRES (Télam).- Los extranjeros del norte redescubrieron el baile del tango en las últimas décadas e hicieron como con todo lo que descubren y les gusta del Tercer Mundo, se lo llevaron y lo adaptaron a su idiosincracia.

El problema es que sólo se quedaron con los pasos y la coreografía, pero sin el sentimiento. Entonces debieron recurrir a los maestros argentinos, quizá los únicos que pueden transmitir ese condimento del baile, que no puede ser estudiado.

En las milongas de cualquier país, a veces sorprende la facilidad que tienen los locales para lograr lo que muchos argentinos muestran en los escenarios, pero también sorprende cuánto les cuesta moverse en la pista de una milonga porteña.

Después de bailar en Buenos Aires, cualquier extranjero siente que hay algo que ya no será igual, y después de al menos una breve estadía en el país del tango, si es hombre aprende a «llevar» a su compañera sin empujarla ni tironearla, y también sin ignorarla para hacer sus propios pasos.

A las mujeres les resulta más fácil el debut, porque como sólo deben saber caminar y dejarse llevar, dejan todo en manos del porteño que la invitó, pero les es mucho más difícil volver a bailar con sus compatriotas cuando regresa a su país.

Por una razón u otra, oleadas de extranjeros de distintos países llegan a Buenos Aires a bailar tango, a tomar clases con maestros locales, a aprender cosas nuevas para enseñar allá y fundamentalmente, a sentirlo de otra manera. La mayoría es de Alemania, Holanda, Italia, Francia, Suiza, Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y Japón, pero también es posible encontrar a gente venida de Estonia, Macedonia, India, Turquía, México, Taiwán, Israel, Hungría y otros de culturas en las que parecería no haber lugar para esta danza.

Entre ellos hay quienes manejan el castellano y hasta buena parte del lunfardo, pero también están los que sólo se entienden por señas y, fundamentalmente, bailando. Algunos que vienen por primera vez visitan también los lugares turísticos de la Capital Federal y de ciertas provincias, pero los veteranos en estas lides, se fanatizan con la milonga de tal manera, que llegan a estar un mes en la ciudad, sin visitar ningún lugar para turistas y dedicados sólo al tango.

De igual manera, se puede hablar con quienes dedicaban sus vacaciones, cada año, a un lugar distinto del mundo, hasta que conocieron el tango, y ahora dejaron de ser turistas para dedicarle cada viaje al baile en Buenos Aires.

El auge de tango en distintos grupos del viejo mundo motivó el surgimiento de publicaciones como Tango Argentino, en Alemania, y El Once Tango News, en Inglaterra, donde figuran la mayoría de los lugares en que se puede bailar tango en todo el mundo. En realidad, esta guía sirve más a los argentinos en el exterior, porque quienes vienen a Buenos Aires utilizan las revistas mensuales que sirven de guía porteña: El Tangauta y B.A.

Tango, que se distribuyen gratis en las milongas y tienen toda la información que necesita el tanguero, con artículos traducidos al inglés. Allí figuran todos los locales de baile, escuelas, maestros, precios, comercios de productos especializados -calzados, ropa, instrumentos, musica, etc.-, y una amplia galería de fotos en la que ningún tanguero que se precie de tal puede no haber aparecido al menos una vez.


BUENOS AIRES (Télam).- El tango, que en sus inicios fue aceptado en Argentina sólo después de ser aprobado en Europa, repitió esa experiencia en las últimas décadas -por iniciativa de jóvenes y de históricos tangueros-, al resurgir en el país tras ser desplazado por la "nueva ola" de los 60 y 70.

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