Condenaron a muerte al asesino de 100 niños
Un paquistaní será ahorcado en una plaza ante los padres de las víctimas. Confesó los crímenes y dijo que introdujo los cuerpos en ácido. Tras la ejecución lo cortarán en 100 pedazos y luego los disolverán.
Lahore (Pakistán) (EFE).- Un tribunal de la ciudad oriental paquistaní de Lahore condenó ayer a Javed Iqbal, de 42 años, a ser ejecutado públicamente en un parque tras haber sido hallado culpable del asesinato de un centenar de niños y jóvenes.
«Usted morirá estrangulado frente a los padres de los niños que ha matado», declaró el juez Allah Baksh Ranja al dictar sentencia contra el peor asesino en serie en la historia de Pakistán.
Después, agregó el juez, «su cuerpo será cortado en 100 pedazos que serán depositados en ácido de la misma manera que usted mató a los niños».
El juez sentenció a Iqbal, un ingeniero químico de profesión, a 700 años de cárcel -siete años por cada uno de los 100 niños y jóvenes asesinados- por haber destruido las pruebas disolviendo en ácido los restos de las víctimas.
La ejecución, de acuerdo con la sentencia, deberá llevarse a cabo en el parque público más popular de Lahore donde se levanta el «Minar-e-Pakistán», monumento en memoria de la histórica declaración que condujo a la creación de Pakistán tras la partición de la India en 1947.
Uno de los cómplices de Iqbal, Sajid Ahmad, de 17 años, también fue condenado a muerte y a 686 años de prisión porque, según dictaminó el juez, quedó probado más allá de toda duda que participó en cada uno de los asesinatos.
El tribunal también halló culpable de la muerte de 13 de las víctimas a Mohammad Nadeem, de 15 años, y lo condenó a 182 años de prisión, -14 años por cada una de las muertes- y a un tercer cómplice, Mohammad Sabir, de 13 años, a 63 años de cárcel.
Iqbal se declaró inocente de los cargos al oír la sentencia del juez. El veredicto culminó un proceso judicial iniciado después de que el año pasado Iqbal confesara en una carta que envió a la policía que había estrangulado a un centenar de niños y jóvenes.
En la carta, Iqbal explicaba que cortaba en pedazos los cuerpos de sus víctimas, -de las que, al parecer, abusaba sexualmente antes de asesinarlas-, y las depositaba en una tinaja con ácido.
Casi todos los muertos eran niños de familias muy pobres o mendigos que vivían en las calles, y en algunos casos habían transcurrido meses desde su desaparición hasta que las familias presentaron las denuncias.
El 30 de diciembre Iqbal se presentó en las oficinas de un periódico de Lahore alegando que temía por su vida si se entregaba directamente a la policía mientras dos de sus cómplices fueron arrestados al cobrar un cheque bancario.
Las primeras investigaciones policiales condujeron pronto a la casa que Iqbal compartía con sus cómplices, y donde fueron halladas las fotografías de los 100 niños muertos y las ropas que muchos de ellos llevaban cuando desaparecieron.
Iqbal afirmó que las fotografías eran tomadas por sus cómplices que, según añadió, eran homosexuales, aunque negó que él lo fuera.
Najeeb Faisal Chuadhry, abogado defensor de Iqbal, declaró a la prensa que recurrirá la sentencia y que si fuera necesario llevaría el caso hasta el Tribunal Supremo, proceso que según los expertos podría durar años.
Un total de 105 testigos de la acusación prestaron declaración ante el tribunal mientras la defensa no presentó ningún testigo.
Durante el juicio, Iqbal negó la versión de los hechos relatada en la carta que había enviado a la policía y en la que explicaba que ejecutó aquella orgía de sangre para vengarse de los malos tratos que había recibido por parte de las fuerzas de seguridad.
El asesino múltiple decía también en la carta que quería dar una lección a la policía, pero durante el proceso se desdijo y afirmó que había sido detenido por error.
Gran parte de los niños fueron identificados por las familias a las que les fueron mostradas las fotografías halladas en la casa de Iqbal, donde fue también encontrada una tinaja azul con los cadáveres de dos de las víctimas.
Lahore (Pakistán) (EFE).- Un tribunal de la ciudad oriental paquistaní de Lahore condenó ayer a Javed Iqbal, de 42 años, a ser ejecutado públicamente en un parque tras haber sido hallado culpable del asesinato de un centenar de niños y jóvenes.
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