Contra el sectarismo
Los grandes partidos políticos son forzosamente eclécticos. Incluyen facciones de ideas muy distintas que así y todo se alían para poder ganar elecciones y gobernar, pero en nuestro país los “rejuntes” son mal vistos y a menudo se atribuye el fracaso del gobierno formado por la Alianza a las diferencias de opinión, supuestamente insalvables, entre los radicales por un lado y sus socios del Frepaso por el otro. Así y todo, una sociedad tan pluralista como la argentina no puede darse el lujo de repudiar por principio a las coaliciones amplias. La condición penosamente fragmentada de la clase política nacional, que se ve dividida en una multitud de agrupaciones al parecer irreconciliables, se debe al sectarismo, un vicio que, además de debilitar a la UCR, amenaza con inutilizar a la Coalición Cívica y otros partidos de posturas afines. El candidato presidencial radical, Ricardo Alfonsín, parece entender muy bien el peligro planteado por el sectarismo ya tradicional del partido en que milita. Aunque debe su ascenso a su parecido físico con su padre, imita sus gestos y, como es natural, reivindica su trayectoria, su voluntad de ampliar la coalición que está construyendo con rapidez un tanto sorprendente refleja un grado de pragmatismo que con toda seguridad no hubiera merecido la aprobación de su progenitor, un hombre cuyos prejuicios ideológicos incidirían de manera terriblemente negativa en su propia gestión, en la de su rival interno Fernando de la Rúa y en las fortunas electorales de la UCR. Es probable que Raúl Alfonsín hubiera festejado la decisión de aceptar a Javier González Fraga, un economista vinculado con Roberto Lavagna, el candidato a vicepresidente del radicalismo, pero tal vez le hubiera parecido inapropiado sellar un acuerdo con el “derechista” bonaerense Francisco de Narváez y, para colmo de males, acercarse con cautela al porteño Mauricio Macri. En Europa o América Latina la alianza que se ha anunciado, que supone la unificación de sus respectivas listas electorales, sería considerada lógica, ya que se da por descontado que la alternativa a combinar fuerzas es resignarse a desempeñar un papel testimonial, anteponiendo la fidelidad hacia un credo específico presuntamente coherente a la realidad política, pero estamos tan acostumbrados a ver caer en pedazos a partidos ya minúsculos por cuestiones supuestamente ideológicas que la amplitud de miras de Alfonsín el joven ha motivado cierta extrañeza. Es de prever que los voceros oficialistas se esforzarán al máximo para desacreditar el acuerdo que acaba de confirmarse, aludiendo a la experiencia deprimente de la Alianza radical-frepasista y a lo malos que son los rejuntes electorales, empresa en que contarán con la ayuda valiosa de Carrió y sus simpatizantes, pero si de eclecticismo se trata pocos políticos podrían rivalizar con los kirchneristas, que no han vacilado en incorporar a sus huestes a los antes satanizados ex presidente Carlos Menem y el catamarqueño Ramón Saadi, los que según ellos están ubicados en el extremo diametralmente opuesto del mapa ideológico. En buena lógica, no deberían prosperar los intentos oficialistas, o de radicales despechados, de descalificar a Alfonsín por pactar con quienes aspiran a ocupar “espacios” distintos, pero el que hasta ahora la oposición se haya caracterizado por la incoherencia le jugará en contra. De todos modos, el destino del esfuerzo del radical por organizar una coalición amplia que resulte capaz de permitirle no sólo ganar las elecciones fijadas para octubre sino también encabezar un gobierno convincente se verá determinado en los próximos meses. Hasta ahora, parecía que si, como la mayoría supone inevitable, Cristina opta por buscar la reelección, la campaña le resultará ser una marcha triunfal que culmine con una victoria aplastante, pero ya que los sectores opositores más importantes están encolumnándose detrás de un número cada vez más reducido de alternativas, el panorama podría modificarse sustancialmente, sobre todo si siguen produciéndose escándalos como el protagonizado por Sergio Schoklender y la empresa constructora de la Fundación Madres de Plaza de Mayo y se agravan los estragos que está provocando la inflación en los bolsillos de los millones de familias que viven en la pobreza.