Cuando el rock le canta al consumo de drogas varias

¿Apología? La discusión todavía sigue en pie. Los rockeros consultados por "Río Negro" se defienden.

 Buenos Aires (ABA).- «Que linda noche para fumarse un porrito». Si alguna vez se escribiera un glosario del rock nacional, las explicaciones que darían vueltas en torno de esta frase pronunciada algunos años atrás por Andrés Calamaro en un recital en La Plata ocuparían, al menos, un par de carillas.

¿Apología? La causa fue cerrada al poco tiempo de su inicio y todo quedó como si nada. Sin embargo, este episodio protagonizado por el músico reabrió la puerta al viejo debate sobre la ligazón que algunos sectores vislumbran entre el rock y la droga.

No se trata de un fenómeno nuevo, pero incluso después de varias transformaciones sociales de las que el rock fue protagonista (la contracultura generada a partir de la psicodelia hippie con su corolario en el primer festival de Woodstock es el ejemplo más claro) todavía desata discusiones verdaderamente intensas, y más que nada en los medios de comunicación.

Lo cierto es que a lo largo de la década del 90 y sobre todo con el advenimiento del despojado y crítico rock barrial (o rock chabón) se incrementó notoriamente el número de grupos musicales que tienen canciones que hacen referencia directa o sutil a las drogas.

La Renga, Los Piojos, Viejas Locas, Kapanga y Bersuit Vergarabat son algunos de los nuevos exponentes del fenómeno; mientras que Andrés Calamaro, Charly García, Fito Páez y Los Redonditos de Ricota representan a la vieja camada.

«Cocaína, cocaína, ya me voy para Bolivia. Cocaína marihuana, me espera una boliviana», reza la letra del cuestionado Blues de Bolivia de La Renga. Y las explicaciones que se dan desde la banda minimizan el impacto que puede haber tenido en los oyentes.

«Entendieron mal la letra», relata Gabriel, el mánager del conjunto.

«Además -continúa- me parece que la gente es grande como para saber qué es lo que tiene que oír o ver y que no».

El grupo Kapanga también defiende a Ramón (en la jerga, sinónimo de marihuana), una de las canciones que los catapultó a las primeras ligas y que incluye entre sus líneas frases como «estoy saliendo a tu encuentro, la risa empieza a flotar» y «Ahí viene Ramón, la alegría de mi alma, con la risa en su mirada».

«El tema no es para nada una apología al consumo de marihuana. Es una historia popular de lo que pasa en cualquier barrio de la capital o provincia de Buenos Aires.

Todo el mundo se identifica con ese tema porque es verdad. En todas las esquinas y en cualquier lado hay marihuana», explica Claudio Maffia, baterista de la agrupación.

Por su parte, Juan Subirá, tecladista de Bersuit Vergarabat, también sale al cruce de quienes señalan que las canciones en cuestión son una apología.

«No está bien interpretar así a las letras que hablan de drogas. El término apología es en sí mismo un poco bruto, es como señalar con el dedo índice a las personas acusándolas de algo. Esas canciones muestran que hay libertad para decir ciertas cosas y eso está bien», comenta el músico.

Un lugar apropiado

«Hay toda una imagen creada en torno de los rockeros. Ni siquiera cuando folcloristas o tangueros hablan de falopa es visto con tanta dureza como cuando se lo hace desde el rock», dice Nicolás Nóbile, director de la revista «Rock Tercer Mundo» (RTM).

Y agrega: «Los tangueros hablaban de cocaína y vivían consumiendo y nunca fue una cosa polémica. Al contrario, el tango es la danza y la música nacional por excelencia».

Las posiciones con respecto del tema son casi tan controvertidas como la discusión misma. Uno de los principales argumentos esgrimidos por los músicos señala que sus obras repercuten de una manera desigual a las de otros artistas.

«Cuando se trata de otra expresión artística que aborda la temática no hay tantas dificultades como con el rock, porque la música tiene una gran difusión en los medios de comunicación», afirma Subirá.

Sin embargo, concluye en que «el rock es un buen lugar para hablar de la droga y es hasta el lugar lógico para tratar el tema, porque desde los inicios, en el rock siempre existieron drogas».

Por otra parte, la idea de encontrar un responsable para descargar las culpas no parece ser algo demasiado convincente para la gente del mundillo rockero.

En este sentido, Nóbile sostiene: «El rock no puede ser responsable de que toda una sociedad esté enferma por la droga. Es como en el fútbol. Maradona no puede ser responsable de que la gente tome cocaína. No podemos echar culpas sobre personajes públicos que se droguen o hablen de la droga».

«Aunque el gobierno esté lleno de cocainómanos, no se habla de política y droga. Se habla de rock y droga. Sexo, droga y rock and roll, siempre fue así. Es algo que vino con esta música», concluye el periodista.

Prohibido prohibir

Los medios se hacen eco del debate constantemente. El guante fue levantado por última vez hace algunos días en «Paff», el programa de televisión conducido por Jorge Rial y emitido por América 2.

Con el publicista Gabriel Dreyfus como invitado en el piso, se intentó sacar a la luz la incidencia que las canciones y artistas que hablan de la droga podrían tener sobre el público. Si bien las conclusiones no fueron demasiadas, en el aire flotó la idea de la censura como una herramienta útil contra la droga.

«Si yo fuera secretario de Comunicación no permito que los canales estén glorificando a personas que estén enfermas. Es absoluta censura para salvar vidas», disparó Dreyfus.

Aquí van algunas opiniones sobre esta posibilidad:

-«La censura es un rasgo de brutalidad y torpeza. Censurar temas que hablen de la droga puede llevar a que se genere más curiosidad y más ganas de saber de qué se trata» (Juan Subirá, Besruit Vergarabat).

-«La censura tiene que dejar de existir. Nadie nos censuró con «Ramón», aunque sí lo hicieron con «Indultados», que habla de los militares asesinos que andan sueltos por la calle» (Claudio Maffia, Kapanga).

-«A veces censuran temas porque les resulta más fácil callar a un artista que tratar de solucionar los problemas de fondo» (Gabriel, La Renga). (ABA)

Drogas, drogas y rock and roll

Ya desde Lucy in the Sky with Diamonds de los Beatles (las iniciales casualmente forman LSD, nombre del ácido lisérgico), las asociaciones del rock con las drogas resultaron ser algo frecuente.

En los últimos años, muchas bandas argentinas retomaron una senda iniciada tiempo atrás por los ahora clásicos del rock nacional como Fito Páez («se nos pasó la noche entre el whisky y la coca», de «Dos en la ciudad»), Charly García («no le debo nada a Entel, me cuido la nariz», de «Peluca Telefónica») y Andrés Calamaro («Sentarme en un parque a fumar un porrito», de «Loco»).

Así, Los piojos le rinden homenaje a la marihuana en el tema Verano del 92 («voy a quemar la piedra de tu locura… Fasolita querido») y Viejas Locas hace lo propio con el mescal en «Intoxicado», la canción que los hizo famosos en sus incicios («Un mescalito que te va a gustar… y con su fruto intoxicado estoy»). (ABA)

Lucas Colonna


 Buenos Aires (ABA).- "Que linda noche para fumarse un porrito". Si alguna vez se escribiera un glosario del rock nacional, las explicaciones que darían vueltas en torno de esta frase pronunciada algunos años atrás por Andrés Calamaro en un recital en La Plata ocuparían, al menos, un par de carillas.

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