40 años de Privé, el disco disruptivo de Luis Alberto Spinetta

Editado en febrero de 1986, fue la consecuencia de la disolución de Spinetta Jade, pero, sobre todo, del frustrado proyecto junto a Charly García. Se caracteriza por las baterías electrónicas y el uso de samples y sintes, entre otras máquinas.

“Privé está originado en la rebeldía que me provocó la situación con Charly”, confesaría Luis Alberto Spinetta a fines de los ‘80.

“Flaco, hacete un disco bien privé”. ¿En qué estaba pensado Modesto Tito Vázquez cuando le pidió a Luis Alberto Spinetta, el Flaco en cuestión, un disco bien privé? ¿Qué entendía aquel extenista profesional y futuro capitán argentino de Copa Davis y amigo íntimo de Luis Alberto, por un disco privé? Como sea, el Flaco le hizo caso porque el séptimo disco solista de Luis Alberto Spinetta se llamó Privé.


Grabado entre noviembre y diciembre de 1985 y editado en febrero de 1986, Privé, como casi todo en la obra de Spinetta, es muchas cosas. “Privé está originado en la rebeldía que me provocó la situación con Charly”, le confesó Luis Alberto Spinetta a Eduardo Berti en Crónicas e Iluminaciones (1988).


¿Es la consecuencia del proyecto frustrado de componer, grabar y editar un disco con Charly García? Sí, pero también del fin no deseado (al menos en los modos en que ocurrió) de Jade su exquisito proyecto de jazz-rockero con el que grabó, entre 1980 y 1984, cuatro discos antológicos.


¿Qué sentimientos habitaban en Luis Alberto Spinetta cuando decidió hacer un disco como Privé? ¿Enojo, frustración, decepción, hartazgo? No lo sabemos. Puede que sí, quizás algunos de ellos y solo en parte. Porque Privé es un disco ambicioso en el que Spinetta asumió riesgos (como siempre, vale decir) sabiendo perfectamente como hacerlo. Privé es un disco lleno de máquinas a tal punto que no hay tracción a sangre en las baterías. Todo lo que se oye sale de una Yamaha RX-11 programada por el propio Spinetta.

La ‘búsqueda electrónica’ era un buen concepto creativo para un disco unipersonal de Luis sin un grupo completo. Suena a “disco personal” con apenas músicos generando ideas en el estudio.

Andrés Calamaro, sobre Privé, del cual fue parte en teclados y sintes.


Pero no solo de baterías electrónicas y caja de ritmo está hecho Privé. También de samplings, sintetizadores, bajos Sequenzer, sistemas MIDI y, por si fuera poco, o, acaso como consecuencia de todo lo mencionado, es el primer disco de corte digital. En cierto sentido, Privé es el Clics Modernos de Spinetta.

Luis Alberto. Spinetta del ’86.


Lo es hasta ahí, por cierto, porque, mientras en Modern Clix, Charly lo hace todo solo (o casi), Privé está lleno de músicos: Ulises Butrón (guitarra en la mayoría de los temas, Synth Roland 707 y Yamaha DX7), Andrés Calamaro (teclados Yamaha DX7 y programaciones ), Fito Páez (Grand Piano, Juno 106 y Yamaha DX7), Héctor Starc (solo de guitarra en “Una sola cosa”), Mono Fontana (teclados y bajos), Osvaldo Fattoruso (percusión), León Gieco (armónicas), Paul Dourge (bajo de seis cuerdas Fanta), Horacio “Chofi” Faruolo (bajos secuenciados y ruidos), Sergio Fernández (coros) y, por primera vez, incluyó voces femeninas, la de Isabel de Sebastián y Fabiana Cantilo.


¿Qué otra cosa es Privé? Es un disco disruptivo porque suena a nada que Luis Alberto haya antes. Su música, pero, sobre todo, su batería irrumpe y se impone de un modo en que ningún sonido lo había hecho antes en sus canciones. Es, en este sentido, también un disco agresivo: va fuerte, con tempos altísimos en todas las canciones salvo una, “La pelicana y el androide”, acaso las más spinetteanas del disco, incluso por su nombre. Privé también es, esta vez en palabras del propio Luis Aberto, “un trabajo de muchas primeras veces”.


Una de las presencias sobresalientes del disco fue la de Mariano López, por entonces jovencísimo ingeniero de sonido que supo entender la modernidad que Spinetta tenía en mente para Privé. En el disco sobrevuelan David Bowie, Peter Gabriel y Prince, no tanto en el sonido como en el concepto detrás de la producción. En verdad, Privé es una combinación de lo que sucedía con el mainstream de mediados de los ‘80 con el post punk y la new wave. Por ejemplo, en el comienzo de “Alfil, ella no cambia nada”, canción que abre Privé, la batería suena a Collins y los sintes, a Simple Minds.


Y en la segunda, “Una sola cosa”, acaso la mejor del disco, la batería, su ritmo y tempo, resuena a Depeche Mode; mientras que los teclados remiten a The Cure. Párrafo aparte, para el bestial solo de guitarra de Héctor Starc, de poco más de un minuto.


El disco cierra con la versión spinetteana de “Rezo por vos”, la joya que sobrevivió a la colaboración fallida con Charly, quien grabó la suya en Parte de la religión (1987). Spinetta incluiría en Privé “Pobre amor, llámenlo”, dedicada a García, ese pobre amor en cuestión.


De manera consciente (y no), Spinetta siempre le escapó auto-cliché, al lugar común y la zona de confort. La propia y la ajena. Así fue que pasó de Almendra a Pescado Rabioso; y de Pescado a Invisible. Luego, la “complicó” más y alternó Jade con Spinetta. Y cuando Jade estaba a punto de convertirse en fórmula: chau Jade, bienvenido Privé.


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