“De bestias y no tanto”

Redacción

Por Redacción

El gran Mahatma Gandhi dijo alguna vez que la grandeza de un pueblo puede ser juzgada según cómo éste trate a sus animales, una frase que –considerando la precaria situación de nuestros amigos de cuatro patas tanto en Río Negro como en Neuquén– no nos deja muy bien parados como sociedad. No hace un año que me mudé a la zona y, más allá de disfrutar de la tranquilidad del silencio, el paisaje de la barda y el contacto con la naturaleza que tanto me hacía falta viviendo en Buenos Aires, hubo un factor que me partió el corazón: la cantidad de perros abandonados. No hay semana en que no dejen cachorros en medio de un canal, una plaza o donde saben que las pocas asociaciones protectoras de animales que existen y los mascoteros de alma pueden hacer lo imposible para ofrecer auxilio. Y detrás del abandono está también el abuso: perros golpeados a más no poder o echados de sus hogares por personas sin escrúpulos que los consideran juguetes pasados de moda; perros maltratados por deporte, como los galgos y los pitbull utilizados para entretener a más de un corazón ruin; perros dejados a su suerte en las obras en construcción, como si fueran guardias de seguridad pero que no cobran sueldo ni reciben alimentos diarios, una situación que nadie regula y de la cual nadie se hace cargo muy a pesar de la legislación de los derechos del animal sancionada por la ONU en 1977… Éste es el caso de un pobre perro mezcla con dogo que se encuentra encerrado en un canil de 2 x 2 en el barrio Las Viñas de Cipolletti vigilando una obra dentro de la cual –paradójicamente– no se puede mover. Desde su jaula el perro ve sus días pasar en completa soledad, cada vez más flaco, más abandonado, sentenciado a trabajar sin ser respetado. Mi mente y mi corazón no pueden más porque la realidad me supera. La única conclusión a la que llego es que a veces vivimos en una sociedad cruel y nos falta mucho para estar a la altura de Gandhi. A los costados de la ruta se ve la evidencia de este olvido sin fin: cuerpos sin vida, atropellados por personas que tampoco se detienen a evaluar la posibilidad de hacer algo al respecto. Todos piensan exactamente lo mismo: “No hay nada que yo pueda hacer”. En mi humilde experiencia sólo puedo decir que con el pequeño esfuerzo de cada uno de nosotros, la toma de conciencia y sobre todo la educación sí se pueden cambiar las cosas, y si nosotros mejoramos estaríamos en condiciones de exigirle al Estado que nos ayude a modificar esta realidad y a hacer respetar los derechos de nuestras amigas las mascotas. Desde que llegué la paciencia infinita de mi compañero de vida me permitió rehabilitar a varios perros abandonados y encontrarles un hogar. Hoy en casa está Billy, un perrito mestizo que espera con ansias que llegue esa familia con la cual compartir emociones. Me llamarán sensible, otros ridícula, pero el sentimiento de ofrecerle a una criatura desamparada amor y ver cómo agradece ese sentimiento y se desarrolla majestuosamente gracias a eso que tanto le faltaba es algo que no se compra en el shopping. No pretendo que toda la gente haga lo mismo, tampoco les pido dinero a las personas con esta carta, sólo les pido piedad. Simplemente que recuerden que toda vida debe ser respetada, cuidada y vanagloriada; es la única manera de que también nos respetemos a nosotros mismos. Si tenés una mascota, no la abandones, vacunala, castrala, evitá que se escape. Y si no tenés, adoptá una, porque te va a enseñar a amar de una manera que no tiene fronteras. Mientras tanto, Neuquén y Río Negro, reflexionen sobre su propia grandeza, esa que les da recursos, esa que las convierte en grandes provincias en crecimiento, y piensen por qué todo eso que tienen no se condice con su manera de ser, porque el abandono, la crueldad y el desinterés los convierte en un pueblo sin nobleza. Recuerden: “Todas las cosas de la creación son hijos del Padre y hermanos del hombre… Dios quiere que ayudemos a los animales si necesitan ayuda. Cada criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida”. San Francisco de Asís Victoria Lis Marino, DNI 31.655.757 Cipolletti

Victoria Lis Marino, DNI 31.655.757 Cipolletti


El gran Mahatma Gandhi dijo alguna vez que la grandeza de un pueblo puede ser juzgada según cómo éste trate a sus animales, una frase que –considerando la precaria situación de nuestros amigos de cuatro patas tanto en Río Negro como en Neuquén– no nos deja muy bien parados como sociedad. No hace un año que me mudé a la zona y, más allá de disfrutar de la tranquilidad del silencio, el paisaje de la barda y el contacto con la naturaleza que tanto me hacía falta viviendo en Buenos Aires, hubo un factor que me partió el corazón: la cantidad de perros abandonados. No hay semana en que no dejen cachorros en medio de un canal, una plaza o donde saben que las pocas asociaciones protectoras de animales que existen y los mascoteros de alma pueden hacer lo imposible para ofrecer auxilio. Y detrás del abandono está también el abuso: perros golpeados a más no poder o echados de sus hogares por personas sin escrúpulos que los consideran juguetes pasados de moda; perros maltratados por deporte, como los galgos y los pitbull utilizados para entretener a más de un corazón ruin; perros dejados a su suerte en las obras en construcción, como si fueran guardias de seguridad pero que no cobran sueldo ni reciben alimentos diarios, una situación que nadie regula y de la cual nadie se hace cargo muy a pesar de la legislación de los derechos del animal sancionada por la ONU en 1977... Éste es el caso de un pobre perro mezcla con dogo que se encuentra encerrado en un canil de 2 x 2 en el barrio Las Viñas de Cipolletti vigilando una obra dentro de la cual –paradójicamente– no se puede mover. Desde su jaula el perro ve sus días pasar en completa soledad, cada vez más flaco, más abandonado, sentenciado a trabajar sin ser respetado. Mi mente y mi corazón no pueden más porque la realidad me supera. La única conclusión a la que llego es que a veces vivimos en una sociedad cruel y nos falta mucho para estar a la altura de Gandhi. A los costados de la ruta se ve la evidencia de este olvido sin fin: cuerpos sin vida, atropellados por personas que tampoco se detienen a evaluar la posibilidad de hacer algo al respecto. Todos piensan exactamente lo mismo: “No hay nada que yo pueda hacer”. En mi humilde experiencia sólo puedo decir que con el pequeño esfuerzo de cada uno de nosotros, la toma de conciencia y sobre todo la educación sí se pueden cambiar las cosas, y si nosotros mejoramos estaríamos en condiciones de exigirle al Estado que nos ayude a modificar esta realidad y a hacer respetar los derechos de nuestras amigas las mascotas. Desde que llegué la paciencia infinita de mi compañero de vida me permitió rehabilitar a varios perros abandonados y encontrarles un hogar. Hoy en casa está Billy, un perrito mestizo que espera con ansias que llegue esa familia con la cual compartir emociones. Me llamarán sensible, otros ridícula, pero el sentimiento de ofrecerle a una criatura desamparada amor y ver cómo agradece ese sentimiento y se desarrolla majestuosamente gracias a eso que tanto le faltaba es algo que no se compra en el shopping. No pretendo que toda la gente haga lo mismo, tampoco les pido dinero a las personas con esta carta, sólo les pido piedad. Simplemente que recuerden que toda vida debe ser respetada, cuidada y vanagloriada; es la única manera de que también nos respetemos a nosotros mismos. Si tenés una mascota, no la abandones, vacunala, castrala, evitá que se escape. Y si no tenés, adoptá una, porque te va a enseñar a amar de una manera que no tiene fronteras. Mientras tanto, Neuquén y Río Negro, reflexionen sobre su propia grandeza, esa que les da recursos, esa que las convierte en grandes provincias en crecimiento, y piensen por qué todo eso que tienen no se condice con su manera de ser, porque el abandono, la crueldad y el desinterés los convierte en un pueblo sin nobleza. Recuerden: “Todas las cosas de la creación son hijos del Padre y hermanos del hombre... Dios quiere que ayudemos a los animales si necesitan ayuda. Cada criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida”. San Francisco de Asís Victoria Lis Marino, DNI 31.655.757 Cipolletti

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