Desde tornillos a vajilla: el comercio que tenía "de todo" y extrañan en Roca

El año próximo se cumplen 25 años del cierre del bazar-ferretería Kaspin. Detrás de sus vidrieras que lucieron recargadas hay una rica historia familiar y de una forma de comercio en General Roca.

Momento de la despedida de todo el personal por el cierre. Fue el 30 de noviembre de 1997. Juntaron toda la mercadería que quedaba y la guardaron en otro salón. Mucho se terminó vendiendo a otros comerciantes del rubro de la zona.
Una semana antes fue el turno de balances y el inventario-

Dueño y empleados, todos parados frente al local céntrico, ya sin uniformes y con la vidriera de fondo que anuncia “liquidación y “nos vamos”. Así -como ilustra la foto del 30 de noviembre de 1997 que acompaña esta nota- se vivió el cierre de uno de los comercios más pintorescos y tradicionales que tuvo Roca: Kaspin Ferretería-Bazar, en el que se encontraba “de todo” y los viejos clientes extrañan.

“Acá estaba todo muy combinado. La gente entraba por un repuesto ferretero y se iba con una docena de vasos”, resume José Feldman, a punto de cumplir 93 años. Fue el encargado del personal y hombre de confianza de Alberto “Tito” Kaspin, el dueño del comercio que fundó su padre y funcionó durante 60 años.

En las vidrieras que daban hacia Tucumán y Sarmiento y hoy ocupan los escritorios de un banco, desbordaban los platos, cacerolas, herramientas, cortadoras de césped y bicicletas.

Adentro sonaba el murmullo de los clientes y más de una docena de empleados, todos con sus delantales.

Cada tanto irrumpía la voz de “control” de uno de ellos, para acreditar una venta y el pase por caja.

En los `60 surgió el entusiasmo por la pesca, y trabajamos esos productos. La gente venía a buscar anzuelitos, señuelos, tanzas".

José Feldman, encargado del comercio.

Todo se asentaba en manuscrito, a puro lápiz y goma. Y a las 12.30 en punto se cerraba y no entraba nadie.

“El carrito montacargas era algo mágico para los chicos, se quedaban mirándolo hasta que desaparecía”, recordó Fernanda, hija de “Tito”. Por él bajaban la mercadería del primer piso. También mencionó los días en que cortaban la calle para realizar sorteos de electrodomésticos y mercaderías entre los clientes.

Regalos y cómodas cuotas

El Día de la Madre era un desborde de gente en busca de regalos. Muchos sacaban número, seguían de compras por la Tucumán, y volvían más tarde.

En la época de las conservas pasaban a primer plano los frascos, tapas y tapadoras.

No faltaron la venta de motos DKW en “cómodas cuotas” ni los vínculos directos que Kaspin SA. estableció con Eskabe (calefactores) y la fábrica de cuchillos Tramontina.

Despliegue multicolor: así disponían la mercadería en el local.

José Feldman no era del ramo ferretero. Había trabajado en ventas en la fabrica de alfajores Havanna, en Mar del Plata y luego en una tienda en Centenario. “Tito” necesitaba una persona de confianza y lo buscó. Eran amigos y participaron desde jóvenes en las actividades de la colectividad judía.

“A Tito no le importó que yo no supiera nada de ferretería. Lo que aprendí se lo debo a los carpinteros, herreros y electricistas. Ellos me fueron enseñando cada vez que venían a comprar un repuesto y me planteaban el problema que tenían que resolver”, indicó José.

La ferretería nació en 1937 en Belgrano y Tucumán, por iniciativa de Benito Kaspin. Era un salón chico, en esquina y con una sola vidriera. Luego se adquirió el local de Tucumán y Sarmiento.

Tras la muerte de su padre, Alberto Kaspin se hizo cargo del negocio. Su esposa Perla recuerda que en cada viaje al exterior recorría las grandes tiendas para ver qué novedades podía traer a Roca.

El paso de los años y la falta de continuidad en su familia no le dejaron otra opción que el cierre, en 1997. El Banco de Bostón alquiló el edificio. Alberto Kaspin sufrió un infarto ese mismo año y falleció más tarde, en 2011.

En las redes sociales, en los sitios que reflejan la historia de Roca, se multiplican hoy estos mensajes: “Todo se compraba en Kaspin”; “se extraña el lugar y el trato de sus empleados”; “dejó una marca imborrable”.


José Feldman: de los alfajores y las telas, a ferretero


José Feldman entró a trabajar en Kaspin el 2 de mayo de 1966. Desconocía el rubro ferretería, venía de trabajar en una tienda de telas en Centenario, antes en alfajores Havanna en Mar del Plata, y trajo su experiencia en manejo de personal, algo que necesitaba Alberto Kaspin para el local de Tucumán y Sarmiento.

José Feldman junto a su esposa Blanca, en el living de la casa en Roca. Recordaron la historia del comercio
con muchas anécdotas. Foto: Andres Maripe

José va a cumplir 93 años este mes. En su casa, rodeado por su familia, le dijo a Río Negro que los clientes de antes no eran tan exigentes como los de hoy. Que una cosa es vender y otra distinta atender. “Atender atiende cualquiera, pero para vender hay que saber”, lanzó con su voz baja y tranquila.

- ¿Y qué le enseñó la actividad? preguntó este diario.
- Me encantó la ferretería. No conocía casi nada cuando entré. Me enseñaron mucho los carpinteros, herreros, electricistas, plomeros. Ellos me pedían cosas y yo le preguntaba qué iban a hacer con esas piezas. Me interesaba en aprender.

Luego José describió cómo era la distribución en el local del centro. “En la entrada y hasta la mitad del salón estaba todo lo que era ferretería, después venía el bazar. Toda la pared ubicada detrás del mostrador tenía los cajoncitos con repuestos”.

Él armaba las seis vidrieras que daban hacia Sarmiento y Tucumán.

Sus motivos de preocupación fueron una señora que llegaba a comprar minutos antes del cierre y se quedaba charlando largo con las empleadas, y una visita sorpresa de la DGI, mientras “Tito” Kaspin estaba de viaje. Tras verificar que todo estaba en regla con el contador, los inspectores se distendieron preguntando por las bondades de algunos productos a los empleados.


De Benito a "Tito", con esfuerzo e inventiva


Por Bruno Bernardis

Alberto Kaspin, en su oficina del bazar ferreteria. Le costó mucho tomar la decisión del cierre

El tiempo transcurre sin detenerse y Benito Kaspin y Cia. es desde fines de los `90 un lejano recuerdo. Así, como lo dijo Martha Hernández: "En la esquina de Sarmiento y Tucumán ya no habrá ruido a cucharas, ni a atención personalizada, ni a cadenas, ni a candados. Y ya Roca no tendrá esta Casa ni su historia, que adornó tantas alacenas y jardines. Muchas gracias Casa Kaspin por ser parte de un pasado, tradición de un pueblo grande, que no sabe aún si puede conservar su linda historia o ser parte de un presente de roquenses apurados."

Todo se inició con Benito Kaspin. La vida en la Colonia Rusa de Río Negro se desarrollaba con torpezas, aciertos y entusiasmo.

Luego de su paso por Buenos Aires, tuvo un alivio al tejer ilusiones nuevas en aquella tierra agreste y lejana. Pero supo que el esfuerzo no alcanzaba para atender las necesidades de tantos, así es que, por períodos, realizó tareas de metalúrgico en Neuquén Capital.

El denuedo y sacrificio lo demostró caminando (algunas veces) el trayecto de La Colonia hasta Neuquén por la margen sur del Río Negro.

El repuesto ferretero que hiciera falta, en estantes y cajones. Todo bajo un orden absoluto. Así funcionaron los dos locales que tuvo Kaspin en Roca. Primero con Benito en Belgrano y Tucumán, y luego con su hijo Alberto en Sarmiento y Tucumán

Su visión e ingenio apostaron por General Roca, donde estableció un comercio en 1937. El comienzo fue humilde y tranquilo en el local de Tucumán y Belgrano. La aplicación e inventiva fueron consolidando su actividad.
Buena parte de los artículos a la venta eran del rubro carpintería.

Alguna vez, Sidel Negrín, empleado entonces, tomaba bisagras, cerraduras, fallebas y montaba su bicicleta. Recorría carpinterías del pueblo para ofrecerlas. Hablo de 1951, cuando Roca tenía 12.000 habitantes y calles de tierra.

Por entonces la producción de frutas, acondicionamiento, industrialización y exportación, comenzó a crecer, forzando un crecimiento económico. También creció la empresa Kaspin, que comenzó a negociar ferretería, bazar, artículos del hogar y anexos.

Lamentablemente en 1962, un accidente con su automóvil, regresando de Villa Regina, se llevó la vida de Don Benito. Su hijo Tito ya tenía 32 años y se hizo cargo de todo (comprendo a la familia Kaspin).

La empresa giraba como "Benito Kaspin e Hijos y Cia" con Alberto Isaac Kaspin, Sofía Boier de Kaspin, Raquel Kaspin de Kravets, Sara Kaspin de Kuzniecky y Salem Kuzniecky.

Un dato memorable fue la venta de motocicletas DKW en cuotas. También el vínculo directo con Eskabe, que benefició a los hogares de la zona con la instalación del calefactor con cámara cerrada para combustión, producto único en el mundo. Otro ejemplo fue el vínculo con los productores de Tramontina/Mundial, originariamente establecidos en el país (luego en Brasil).

La consolidación de Kaspin fue real hacia principios de 1967 y se transforma en sociedad Anónima (7 de abril de 1967). El primer Directorio, Presidente: Alberto I.Kaspin, Directores Ejecutivos: Perla Rotman de Kaspin y Sofía Boier de Kaspin. Directores: Rosa Boier de Cramer, José Cramer y León Kaspin. Destaco la atención personal del comercio con Tito al frente, Perla, Sofía, Sidel Negrín, José Feldman, Ullman, Marta y los colaboradores del salón y depósito. Años magníficos que pude compartir.

Llegué a General Roca a fines de 1951 con 12 años. Tuve la suerte de estar cerca de Tito desde 1967.


Siempre en busca de las novedades


Perla tiene 88 años, una memoria al detalle y vive en Buenos Aires. Su esposo Alberto Kaspin falleció en 2011 y lo recuerda como una persona “trabajadora, familiera y llena de proyectos.

“El negocio fue su pasión -explica la mujer- y él siempre trató de traer novedades a Roca. Cuando viajábamos al exterior recorría las grandes tiendas o negocios especializados en herramientas y bazar”.

Tito estudió en el colegio de artes y oficios de Roca, que luego fue el colegio Industrial.

"Tito tuvo que cerrar el negocio luego de 60 años. Fue muy a su pesar, ya que dedicó su vida a lo que había fundado su padre".

Perla, esposa de Alberto Kaspin


“Cuando terminó su instrucción, empezó a trabajar con su padre Benito. De a poco y con mucho sacrificio instalaron el negocio en Belgrano y Tucumán. El padre falleció muy joven y él se hizo cargo de todo”, reseñó Perla, que colaboró en las distintas tareas que demandaba el comercio .

Dijo que los clientes se fueron acostumbrando a los cambios que se daban en la atención. Fue cuando obligaron a dejar las bolsas de compras en la entrada y luego con la alarma para el control de paquetes.

Definió a Tito como un empleador con buena llegada a sus empleados. “Se hacían reuniones con asados y ahí descollaba Rubén Negrín, que los hacía muy ricos. Aún hoy tengo ese rico sabor”, detalla Perla.

El negocio, después de 60 años de funcionamiento, tuvo que cerrar. Una decisión dura para Tito, ya que su familia entiende que dedicó su vida a sostener lo que había fundado su padre.

Su esposa lo definió así: “El paso de los años y el no tener continuidad en nuestras dos hijas que se fueron a estudiar y tomaron distintos caminos, fue el motivo del cierre. Y eso le costó muchos problemas de salud". Su hija Fernanda agregó que sufrió un infarto el mismo año del cierre, en 1997.

Perla recuerda con cariño los años vividos en Roca junto a Tito, “donde tantos amigos hemos dejado y cosechado. Algo que se extraña mucho”.


El carrito, números y un hurto


El montacargas del fondo.- A Matías, el nieto de José Feldman, siempre lo hechizó el carrito de cargas del que bajaban mercancías del depósito en Kaspin. Se quedaba mirándolo cada vez que iba a visitar a su abuelo. Hasta que un día los empleados le regalaron una broma. Lo sentaron y lo subieron y bajaron despacito. Fue un mini paseo que nunca olvidará.

El papel del área de empaquetados con el que envolvían la mercadería de compraban los clientes

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Hurto entre estantes.- Un día sorprendieron a dos mujeres que estaban robando, ocultas entre las estanterías. Blanca Paolini, la esposa de José Feldman, las persiguió por la calle. Y dio con ellas en la panadería Mirazo. “Nos rompemos trabajando, así que dame lo que te llevaste”, le lanzó la mujer a una de ellas. Lo que siguió fue el sonido contra el piso de una pava de acero inoxidable. Cayó desde la pollera que se levantó una de las perseguidas.

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Números para la atención.- En un año de fuertes ventas hubo tanta gente para atender -unas 40 personas- que los empleados no daban abasto. Surgió así la atención por número cortado. 12.30 en punto era el horario de cierre y no entraba nadie más.

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Personal.- 19 empleados llegó a tener Kaspin en sus años de mayor actividad, en el local céntrico de Tucumán y Sarmiento. Todos recibieron su correspondiente indemnización tras el cierre en 1997.


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