Delfín Bravo y familia, inmigrantes y tradición ferroviaria






Descendientes de españoles y alemanes que arribaron en la década del ‘50, vivieron en las simbólicas colonias ferroviarias, hoy Parque Central de la capital neuquina.


Fermín nació el 23 de diciembre de 1920 en Carhué, provincia de Buenos Aires. Sus padres eran españoles: Eloy Bravo, oriundo de Salamanca, y Martina Lozano, nacida en Cantalpino, España; Martina era hija de José Lozano y Sebastiana Cáceres Pérez.

En 1910, recién casados, Eloy y Martina, partieron de España en un barco llamado Inglés hacia Argentina, junto con su hermano Sotelo Lozano: se radicaron en la localidad de Carhue y luego en Guaminí, -provincia de Buenos Aires-debido a la inundación que azotó la región.

De la unión de Eloy y Martina nacieron Esperanza, María del Carmen, Argentina, Nicasio José, María Esther, Delfín y Eloy Doroteo.

Todos debieron trabajar en chacras, ya que era el trabajo común de aquellas tierras, pero, poco después, Delfín logró ingresar al ferrocarril en la mencionada localidad, y a partir de allí la historia cambió de rumbo: llegó a estas tierras en 1954, fue trasladado por la Empresa Ferrocarriles Argentinos a la Patagonia, ya que en esa época quien no se afiliaba al peronismo, que en ese momento gobernaba el país, era castigado con el confinamiento al sur.

“La tarea de Guarda -recuerda su hijo Hugo- era trasladarse con el tren pasajero que venía de Capital Federal y llegaba a punta de riel, Zapala, y de esta hasta Neuquén Capital nuevamente o en su defecto de Neuquén hasta la localidad de Darwin, provincia de Río Negro”.

La esposa de Delfín, Nilda Noemí Fiebelkorn, nació el 6 de julio de 1927 en Guaminí. Hija de Carlos Eduardo Fiebelkorn, descendiente de alemanes, y de Delia Deluchi, que nació en Luján de padres italianos.

Nilda y Delfín se casaron el 2 de abril de 1948. De esa unión nacieron tres hijos: Carlos Alberto, Hugo Omar y Jorge Luis que, a su vez, les dieron muchos nietos y bisnietos. Carlos Fiebelkorn era pintor de obra: trabajaba en el pueblo y en todas las estancias de la zona. La música fue su gran pasión. Tocaba el bandoneón e integraba la orquesta de Titi Rossi, un reconocido músico de la época. Esto llevó a Carlos a trasladarse a Capital Federal: lejos de su familia, y por este motivo Nilda, como buena hija mayor, tuvo que salir a trabajar para ayudar a su madre.

Ya casados, Delfín y Nilda llegaron a Neuquén con sus dos hijos mayores: acá nació el menor, Jorge Luis. La familia vivió en la Colonia Nº 97, en calle Independencia entre Tucumán y Mendoza, y fueron compañeros de familias como Urrutia, Troviano, Arrieta, Rodríguez, Leguizamón, Morales, Galar, Sagaseta, Purrán, Musatti, Lezcano, Arias, Balgane, entre tantos. Hace varios años, cuando la entrevistamos, Nilda recordó que tuvo un negocio en Belgrano al 300: se llamaba Creaciones Nilda y cuando lo cerró, comenzó a vender ropa en su casa. Don Delfín trabajó en la Rotisería de don Zurbrich, trabajo que alternaba con el del ferrocarril.

También hizo de mozo en algunos eventos y en las instalaciones del Club Pacífico: otro de sus trabajos recordados fue en el Parador que estaba sobre Ruta 22 y Puente Carretero, sobre el río Neuquén. Con orgullo, Nilda nos contó que sus hijos concurrieron al viejo Colegio Don Bosco, cuando era creador y docente el Padre Juan Gregui, en la década del ‘60.

Delfín fue un agradecido de su traslado a este valle; siempre comentaba que le habían hecho un favor al enviarlo castigado, ya que le dieron la posibilidad de conocer esta hermosa y pujante región. Hoy Nilda nos acompaña con sus 94 años, con una mente lúcida plagada de recuerdos. Una historia de vida ferroviaria, de la cofradía del riel, esas vías que unieron familias, a la par que ensamblaban pueblos, kilómetros, destinos.


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