Vida interior de un PAS de asistencia: un oasis en medio de la montaña para el Patagonia Run
Hay 16 puestos de asistencia diseminados en el área de acción del Patagonia Run, en los alrededores de San Martín de los Andes. El PAS Laguna Rosales es uno de esos espacios.
En la montaña hay pequeños oasis que sostienen la épica. En el corazón del Patagonia Run, esos refugios tienen nombre propio. Los PAS son puestos de asistencia donde el cuerpo del corredor se recompone para seguir su aventura por los senderos. Allí hace una pausa para hidratarse, comer, recibir asistencia médica o incluso ir al baño.
Álvaro hace cuatro años que es jefe de uno de estos puestos, el PAS Rosales, y habla con la tranquilidad de quien conoce el pulso de la carrera desde adentro. Acepta dialogar con Rio Negro en la fría mañana a orillas de la Laguna Rosales y nos muestra la carpa con provisiones, que para los competidores significa el respiro necesario y muchas veces un salvavidas ante las dificultades que puede presentar esta carrera de montaña.
La novedad de esta edición es una carpa exclusiva de hidratación, que está pensada para los punteros. «Es sobre todo para los que pasan primeros, antes de que venga el malón, como le decimos nosotros. Tienen la posibilidad de tomar algo y seguir derecho para el siguiente PAS», nos cuenta Álvaro.
Pero el verdadero corazón del PAS está en la carpa principal, con varios colaboradores que están al servicio de los corredores. Allí, el despliegue es completo: bebidas calientes y frías, alimentos dulces y salados, frutas, dulce de membrillo y hasta gomitas («las favoritas para un golpe rápido de energía»), galletitas, turrones… Y, como un clásico infalible, el caldo caliente que “nunca falla. Hace años que Lali lo prepara y es espectacular”, apunta el jefe de PAS.

En un rincón, separado con precisión, aparece otro detalle que habla de la evolución del evento: alimentos sin TACC, organizados cuidadosamente para garantizar que los corredores celíacos también tengan su espacio seguro para reponerse.
Dentro de las bebidas, naturalmente el agua manda. También hay isotónicos y Coca-Cola, elegida por su aporte inmediato de azúcar. “Algunos llegan, sacan su vasito y toman un poco antes de seguir”.

El PAS no es solo nutrición. Hay música, hay saludos y palabras de aliento antes de que vuelven a internarse en el bosque. “Buen día, bienvenido, disfrutá la naturaleza…”, repiten como un mantra a cada corredor que pasa.

Ubicado a apenas siete kilómetros de la largada, este primer punto de asistencia funciona como un termómetro de la carrera: el entusiasmo sigue intacto, la adrenalina alta y la montaña recién está empezando a mostrar su cara. Después vendrán otros desafíos, otras subidas y bajadas y la lucha contra la fatiga. En este primer refugio siempre están preparados para recibir a los protagonistas, aunque sea por unos minutos. Los PAS, 16 en total, son oasis en el medio de la montaña y son la pausa vital para los corredores antes de volver a perderse en los senderos.

En la montaña hay pequeños oasis que sostienen la épica. En el corazón del Patagonia Run, esos refugios tienen nombre propio. Los PAS son puestos de asistencia donde el cuerpo del corredor se recompone para seguir su aventura por los senderos. Allí hace una pausa para hidratarse, comer, recibir asistencia médica o incluso ir al baño.
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