Desafío educativo

Entre los sectores más afectados por la epidemia está la educación. Las primeras medidas tomadas en todo el mundo incluyeron la clausura de las aulas, para evitar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, pese a su importancia para el desarrollo y la equidad, el tema quedó relegado en la agenda inmediata de los gobiernos, concentrados en la atención de la salud y en mitigar el fuerte impacto social y económico.

Sin embargo, como alertó esta semana la ONU, el cierre de escuelas y universidades en 166 países afectó a más del 87% de los estudiantes del mundo e impactará duramente en los índices de Desarrollo Humano.

En nuestro país, la emergencia mostró dos caras:

Por un lado, el sistema educativo respondió con celeridad cuando el 15 de marzo se suspendieron las clases apenas comenzadas y se cambiaron abruptamente los parámetros. Gobiernos, directivos, docentes, auxiliares y padres debieron renunciar a mucho de lo planificado y acomodarse a una nueva realidad marcada por la imposibilidad de un vínculo presencial alumno-docente y entre estudiantes, sin horarios ni recreos, y enfrentar nuevas demandas. Nación diseñó y distribuyó millones de cuadernillos de educación a distancia y reforzó la emisión de programas y contenidos a través de plataformas digitales, la televisión pública y las radios.

Todas las provincias, incluidas Neuquén y Río Negro, impulsaron contenidos pedagógicos virtuales y otras acciones. Según un estudio del Cippec, un 45% de los distritos amplió la infraestructura para sus estudiantes, más del 60% impulsó la capacitación docente y el 100% implementó o reforzó planes de inclusión educativa, como la alimentaria.

Por otra parte, la pandemia acentuó limitaciones y desigualdades que ya existían en el sistema y que amenazan con agravarse si no se implementan rápidamente políticas de Estado. Ya antes, según el Cippec, de los 10.381.433 estudiantes del sistema educativo nacional, el 53% era pobre, un 6% vivía en hogares hacinados y apenas la mitad de los hogares tenía internet fijo. En barrios pobres esta cifra se reducía al 37%.

Apenas el 7% de los establecimientos tenía programas de educación a distancia con docentes y estudiantes ya experimentados y familiarizados con la tecnología. Solo un tercio de las jurisdicciones realizó acompañamiento específico a familias y jóvenes. Hay enormes diferencias sociales y geográficas de conectividad y acceso a dispositivos digitales. En Neuquén casi un 80% de quienes acceden a la plataforma educativa lo hacen mediante el celular.

También la capacitación docente y los recursos de cada escuela son diferentes y en muchos procesos primó el ensayo y error. Así, mientras unos pocos chicos recibían contenidos estructurados, con correcciones diarias y acompañamiento personalizado, muchos otros recibieron listados de ejercicios semanales, con bajo o nulo acompañamiento. Las redes sociales se poblaron de testimonios de docentes y padres angustiados, sea por exceso o falta de tareas, a las que se sumaban los efectos del encierro obligado, las labores del hogar, el teletrabajo, el hacinamiento y la falta de recursos en hogares a menudo con un solo progenitor.

En este contexto, resulta adecuada la decisión tomada por los ministerios de Educación de Nación y las Provincias de que hasta que hayan clases presenciales no habrá calificaciones numéricas, sino una evaluación formativa. En esta etapa se privilegia mantener el vínculo alumno-docente y el entusiasmo de los chicos por el aprendizaje.

Este sinceramiento incluye la idea de que, aunque en unos meses se pueda volver a las aulas, ya nada será como antes, como muestran los países que ya superaron lo peor de la pandemia. Docentes y alumnos deberán adaptarse a nuevas formas de enseñar y aprender en el aula y a distintas formas de virtualidad. Se deberán priorizar y revisar contenidos, invertir más en capacitación y en cerrar la brecha de conectividad.

Si alguna lección dejó esta pandemia es que las clases virtuales aún no puden sustituir la relación personal docente-alumno. Las escuelas son imprescindibles, pero no son islas y se requerirá una presencia más activa del Estado y las familias, si se quiere una educación inclusiva y de calidad.


Entre los sectores más afectados por la epidemia está la educación. Las primeras medidas tomadas en todo el mundo incluyeron la clausura de las aulas, para evitar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, pese a su importancia para el desarrollo y la equidad, el tema quedó relegado en la agenda inmediata de los gobiernos, concentrados en la atención de la salud y en mitigar el fuerte impacto social y económico.

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