Descubrir Bariloche desde los hostels

Hay 40 en la ciudad. En invierno los copan los esquiadores y en verano los escaladores y fanas del trekking. Ideales para hacer base y compartir comidas e info viajera, ya no son exclusivos de los jóvenes.



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Vida comunitaria. Muchos cocinan y hacen las compras juntos aunque no se conozcan. (Foto: alfredo leiva )

“Sigue tus sueños, ellos saben el camino” se lee en una pizarra gigante en una sala donde varios grupos de chicos desayunan.

Si bien la cocina es grande, la gente va y viene; de tanto en tanto, termina chocándose. “Wash everything you use” (lava todo lo que uses), se lee en un cartel. La leyenda también está en español y en hebreo.

Muy temprano en la mañana, el movimiento va creciendo poco a poco en las salas compartidas de los hostels. Los idiomas se entrecruzan, al igual que las tazas y algún que otro mate. Algunos ultiman los detalles para partir hacia los refugios de montaña; otros ya dispuestos a abandonar las vacaciones, chequean los pasajes y revisan sus mochilas y valijas.

“El idioma que se habla en el hostel es el inglés pero quizás en una frase te encontrás con tres idiomas distintos. Cada uno se las rebusca como puede. Lo único que importa es comunicarse con el otro”, resumió Nery Tomba, del hostel Las Moiras, a solo 50 metros del Centro Cívico. Los viajeros que buscan una perfecta combinación de precio, encuentro e interacción de culturas acuden a los hostels que suman alrededor de 40 en Bariloche.

Años atrás, el segmento de 20 a 35 años era el que más recurría a este tipo de alojamientos pero cada vez más viajeros de avanzada edad e incluso, familias con niños o adolescentes optan por esta experiencia. En estos casos, se inclinan por las habitaciones privadas y no las compartidas.

“Muchas familias nos eligen por los costos pero además, porque antes de tener hijos, conocieron los hostels. La preferencia tiene que ver con la onda”, puntualizó Pablo Molteni, presidente de la Asociación de Hostels de Bariloche.

El segmento que acude a los hostels está delimitado de acuerdo a la temporada: el turismo de invierno esquía y al regreso del cerro, permanece en estos alojamientos; mientras que el turismo de verano está más orientado al trekking y a la escalada.

“El hostel sirve para hacer base”, coinciden muchos turistas. De allí, parten rumbo a las caminatas de montaña, algún camping o bien hacia otra localidad. Algunos vuelven al hostel; otros siguen de largo.

“La gente depende mucho de la época. En invierno es mucho más sereno. El verano, en cambio, tiene mucho recambio, mucha actividad. Vienen y se van. Cuando hay sol, al mediodía ya no queda nadie”, dijo Tomba, abocada al segmento de los hostels desde 1995.

El precio incide en la elección pero el segundo motivo es la compañía. “La vida comunitaria: cocinan todos juntos, van al supermercado aunque no se conozcan. La cocina integra”, planteó la mujer mientras acercaba un plato con cereales a un grupo.

“Por eso, agregó, sumamos una heladera de uso común. Hay una heladera donde los pasajeros ponen sus cosas con el nombre y el día que se van. Cuando se van, todo eso lo pasa a la heladera de uso común”.

Francisco Campoy e Ignacio Rossi son amigos desde hace 17 años. Estos jóvenes de Morón, Buenos Aires, emprendieron una travesía desde San Martín de los Andes, pasaron por varios campings hasta llegar a Villa La Angostura.

En Bariloche, se alojaron en un hostel en pleno centro.

“Optamos por parar acá por la comodidad, la cercanía con la ciudad y el aeropuerto y el precio (somos un turismo de bajo presupuesto). El servicio es igual que en un hotel e incluso, más completo”, expresó Campoy.

“Salimos con mochila, bolso y carpa. Conocés tanta gente que es copado. Ayer nos quedamos hasta las 12 jugando al truco. Les hicimos probar mate a unas chicas de Israel pero mucho no les gustó”, aportó Rossi, entre risas.

Como en casa

Un joven apoya su valija en el piso y abraza cálidamente a la empleada del hostel luego de realizar su check out. “Todo muy lindo”, se limita a decir.

“Siempre se genera un vínculo. La gente se siente como en casa. Hace unos días, dos chicos –un noruego y un uruguayo– que se habían conocido en el hostel publicaron una foto en Instagram al reencontrarse en Valparaíso con la leyenda: #Achalay es familia. Creo que es el mejor resumen”, expresó Molteni, propietario del hostel Achalay.

Este hombre comenzó a administrar un hostel en el 2004, en el barrio porteño de Congreso, hasta que cansado de los vaivenes de la ciudad, se instaló en Bariloche junto a su pareja. La primera temporada en la ciudad trabajaron en dos hoteles hasta que salió la oportunidad de comprar el fondo de comercio de Achalay, en la calle Morales. “Fue como volver al primer amor”, sintetizó.

Todos coinciden. El público de hostel es “el mochilero amante del trekking”.

“Los gringos que hacen trekking conocen más de refugios que uno que vive acá. En mi caso, conocí un montón de lugares por recomendaciones de viajeros. El hostel es eso también: un espacio para compartir información”, explicó Molteni.

Hoy, el público argentino es el preponderante en los hostels. Le siguen los israelíes, chilenos, alemanes, franceses y estadounidenses, entre otros.

“Hubo una merma del extranjero porque Argentina se convirtió en un destino caro. En el 2004, por 5 dólares dormías en un hostel. Pero entre 2002 y 2007 se instaló el destino sudamericano y aunque se fue encareciendo, la marca ya estaba instalada”, recalcó Molteni que suele recibir también a muchos australianos, neozelandeses e israelíes.

Mientras desayuna con tres amigas, Daniela Keriao, de Israel, relató en un español algo trabado que al término del Ejército, decidieron emprender un viaje por Argentina que se extenderá por Chile, Perú y Brasil.

“Aprendí español por mi abuela y por las telenovelas argentinas”, dijo riéndose, “acá en el hostel, podemos cocinar. No es caro y conocés linda gente. En Bariloche, además de recorrer y caminar, aprovechamos para comer chocolate y carne”.

Después la huida masiva de los huéspedes a media mañana, la actividad se reanuda entre las 17 y 18 horas.

“El extranjero cena a las 6 de la tarde. Entonces tenés a algunos tomando mate mientras que otros se preparan un churrasco o una pasta”, aseguró Molteni y continuó: “Promocionamos mucho los chocolates y las cervezas artesanales. Para que derramen un poco en la ciudad (aunque el que hace trekking prefiere comprar en los almacenes, en verdulerías antes que ir al súper) y por otro lado, porque vienen a conocer la cultura latina”.

Desayuno compartido antes de seguir viaje.

Tarifas, servicios y espacios para trabajar

“Insistimos con que se haga silencio después de las 12. Cuesta bastante. No pedimos silencio absoluto, pero sí un poco de equilibrio...”.

Nery Tomba (hostel Las Moiras) agregó que no se permite fumar.

Daniela Alvarez, una chilena de 36 años, visitó Bariloche por primera vez esta temporada. “Tengo una amiga argentina en Buenos Aires y decidimos hacer un viaje juntas que incluyera la Patagonia argentina y chilena”, señaló a “Voy” mientras metía unos papeles en el bolsillo de su mochila.

“Paramos en hostel, primero, porque son más baratos que los hoteles. Y en Argentina brindan mejores servicios. Viajamos con mochila así que solo necesitamos cama, desayuno y buena onda. Fuimos a refugios y pudimos dejar la mochila grande acá para salir con otra más liviana”, detalló la mujer.

Camas

“Compartir es la palabra clave de los hostels. Se generan experiencias de intercambio cultural genuino. Es raro que haya mala onda”.

Pablo Molteni (Asociación de Hostels de Bariloche)

Datos

El precio de los hostels es regulado por el mercado. En promedio, un cuarto compartido con desayuno cuesta entre 650 y 750 pesos por persona.
Una habitación doble con baño privado ronda los 2.000 y 2.200 pesos en enero. Una habitación doble con baño compartido está en los 1.700 y 2.000 pesos. En baja, esos valores llegan al 50%.
Algunos hostels brindan desayuno de 7 a 10. Otros prefieren no poner horario para que los huéspedes desayunen sin presiones.
Coworking. Algunos hostels brindan ese espacio. Cada vez hay más gente que trabaja online como diseñadores web, programadores o en venta online. “Eso extiende el promedio de estadía”, explicó Pablo Molteni de hostel Achalay
Cocinas. Todos los hostels cuentan con una disposición de los huéspedes. Y con un lavadero para lavar la ropa o tercerizan el servicio.
Los mochileros pueden dejar sus mochilas grandes en los hostels por dos o tres días mientras visitan los refugios de montaña. Muchos van dos o tres semanas al refugio Frey.
Wifi. Si bien no está regulado por ordenanza, la mayoría de los hostels ofrecen el servicio.
“Insistimos con que se haga silencio después de las 12. Cuesta bastante. No pedimos silencio absoluto, pero sí un poco de equilibrio...”.
60
es el límite por hostel, con al menos un baño cada 6. Pueden ofrecer habitaciones privadas y compartidas, con hasta 8 camas.
“Compartir es la palabra clave de los hostels. Se generan experiencias de intercambio cultural genuino. Es raro que haya mala onda”.
Pablo Molteni (Asociación de Hostels de Bariloche)

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