“Dictadura remanente”

Por Redacción

Gabriel Salvia

El director general de Cadal expresó que “cuando en Cuba se produzca una apertura política y sus ciudadanos puedan elegir libremente a sus autoridades democráticas, en el plano internacional deberán definir lo que más le conviene al país en materia económica y el nuevo rol que tendrán en lo político”. Puntualizó que: • Con el retorno a la democracia de Chile, en 1990, Cuba quedó como la dictadura remanente de América Latina y resulta inconcebible que transcurridas desde entonces más de dos décadas los gobiernos y organismos regionales sigan avalando un régimen de partido único con un sistema jurídico e institucional que reprime de manera muy precisa las libertades democráticas fundamentales. • Países latinoamericanos con distintos gobernantes que se alternan en el poder y con avances en materia económico-social como Chile, Brasil, Uruguay, Costa Rica, Panamá y Perú no han adoptado un sólido compromiso de apoyo al pueblo cubano y su derecho a la democracia. • Es una realidad que para un gobernante democrático la prioridad política son los asuntos domésticos y el cuestionar la situación en Cuba le implica comprarse un problema, pues la “diplomacia revolucionaria” reaccionará como ya se sabe. • En algunos casos Cuba integra organismos que contienen una cláusula democrática, que naturalmente viola, y en la Organización de Estados Americanos (OEA) logró que se levantara su suspensión a cambio de nada. En la mayoría de los organismos regionales e internacionales la dictadura cubana recibe igualdad de trato, legitimación política a su régimen represivo y apoyo a sus “causas” –siempre a cambio de nada–, como la condena al embargo económico norteamericano (que incluso logra que se lo califique erróneamente de “bloqueo”, como sucede en las cumbres iberoamericanas). • En todos los países que vivieron en dictadura es sabido que la presión internacional ha sido fundamental, ya sea como apoyo moral, político y económico a los activistas de derechos humanos como en el aislamiento a un régimen represivo que cuanto más solo y criticado se encuentra más se debilita internamente. Sin embargo, a Cuba se la busca “integrar”, cuando a sus ilegítimas autoridades es sabido que no les interesa ofrecer un mínimo espacio de apertura política. • Los militares de la última dictadura argentina reconocieron cómo los debilitaban las denuncias internacionales, los reclamos de embajadas y las cartas de protesta que recibían. En Chile, países como por ejemplo Finlandia y Canadá decidieron desalentar las inversiones de sus connacionales por la situación de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Ni hablar de Sudáfrica durante el régimen racista del apartheid, al cual se le aplicaba un embargo económico, financiero, militar, deportivo y cultural. • No se puede desligar la complicidad regional con la falta de apertura política en Cuba. Habrá que ver si los futuros gobiernos democráticos cubanos tendrán interés político y económico de vincularse en sus relaciones internacionales con una América Latina que mayoritariamente ha sido cómplice de los largos años de dictadura que sufrieron.


Exit mobile version