Disparates con pretensión científica en boca de presidentes
Desde la diabetes de los ricos, al cáncer inoculado y los pollos de la homosexualidad
La presidenta Cristina Fernández se ha sumado al inventario de disparates con pretensión científica proferidos por algunos mandatarios latinoamericanos. Sus expresiones vertidas anteayer sobre la diabetes en medio del largo acto que incluyó inauguraciones en Viedma, Roca y Centenario, fueron “boom” en las redes sociales. Dijo: “La diabetes es una enfermedad de gente de alto poder adquisitivo porque son sedentarios y comen mucho”. Para sostener sus conclusiones aseguró que “estuve estudiando toda la tarde”. Y se animó a tratar varios tópicos más: clorofila, incas, lana de guanacos y botánica. Las aseveraciones de Cristina –naturalmente alejadas de todo rigor científico– nos recuerdan otras de antología que, en boca de presidentes, adquieren valor superlativo. Dijo tras la muerte de Chávez su “hijo y sucesor” Nicolás Maduro: “El Gobierno tiene pruebas de que su enfermedad (el cáncer que derribó al líder venezolano) no fue natural, sino inoculado por los enemigos históricos de la patria”. Tiempo atrás, el mandatario boliviano Evo Morales se despachaba con conclusiones de este tipo: “La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas”. Y se animó a ir más allá: “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”. Las risas del auditorio fueron la reacción.