Dólares para pasar el verano

El mercado financiero y cambiario local abre hoy con malos augurios tras el fracaso de la sorpresiva “jugada del año” (el canje voluntario de Boden 2015 y la colocación de deuda en dólares), pese a que Axel Kicillof buscó disfrazarla como un éxito en la noche del viernes último.

Por Redacción

La semana económica

Los magros resultados indican que el ministro de Economía se tiró a la pileta y encontró muy poca agua. Es cierto que le tocó una “semana negra” en todos los mercados del mundo, que coincidió con el exiguo plazo fijado entre el anuncio y el cierre de la operación. Pero, por eso mismo, los especialistas creen que hubo amateurismo, ya que debió haberla suspendido a la espera de mejores condiciones. Por ahora sólo quedó en pie la primera parte de su plan, que consistió en apuntalar las reservas del Banco Central para atravesar sin mayores apremios el próximo verano, hasta que comiencen a ingresar los dólares de la cosecha gruesa. En cambio, reaparecieron los interrogantes acerca de otros dos objetivos políticos mucho más ambiciosos. Uno, dilatar en el tiempo y evitar una negociación con los “fondos buitre” para salir del default parcial de la deuda. Otro, llegar a las elecciones de 2015 devaluando lo menos posible y con el mercado cambiario bajo control (en todo el sentido de la palabra), pero a costa de un mal año para los exportadores. La ingeniería diseñada por Kicillof apuntaba a refinanciar de antemano el Boden 2015, cuyo vencimiento en octubre (6300 millones de dólares), en plena recta final de la campaña electoral, equivalía a más de la mitad de los pagos externos que enfrentará el Tesoro Nacional (casi 12.000 millones) el año entrante. Sin embargo, dos de las tres partes en que se dividió esta operación voluntaria resultaron un verdadero fracaso. Por un lado, sólo 2% de los tenedores del Boden optó por cobrar anticipadamente 185 millones de dólares, que en una semana se restarán de las reservas. El ministro calificó como “un espaldarazo de confianza” que mantengan esos títulos hasta su vencimiento sin poner en duda la capacidad de pago del Gobierno. Pero en realidad, ese era su objetivo. El rescate no resultaba ventajoso para los inversores porque la paridad fijada oficialmente (97 dólares por cada lámina de 100, en vez de los 107 que corresponderían dentro de diez meses) era similar a la del mercado. Por otro lado, el canje voluntario por Bonar 2024 era en cambio la operación en que Economía cifraba más esperanzas (aspiraba a refinanciar no menos de 50% del vencimiento, o sea unos 3200 millones), pero sólo cosechó ofertas por 377 millones (apenas 6% del total). Finalmente, la colocación de nueva deuda a diez años mediante la licitación de hasta 3000 millones de dólares en Bonar recibió ofertas por sólo 286 millones, pese a que su rendimiento efectivo (de casi 10% anual), los tornaba muy atractivos para inversores institucionales. Aunque Kicillof sostuvo que ello era una muestra “de la solvencia y la confianza en que hay sobre el manejo de la economía del país”, la colocación alcanzó apenas al 9,5% de la emisión. Así, la “jugada del año” sólo permitirá este mes sumar 100 millones de dólares netos a las reservas del BCRA (la diferencia entre los 286 millones colocados en Bonar y los 185 millones que deben cancelarse de Boden), mientras que el vencimiento final del Boden 2015 insumirá en octubre casi 6000 millones en vez de 6300. De esta manera se frustró la intención oficial de colocar un volumen significativo de nueva deuda en dólares a una tasa alta (8,75% anual) y a contramano del default, pese a que la Argentina asumía un costo financiero que duplica al de sus vecinos (las últimas colocaciones de deuda a 10 años de Brasil, Uruguay y Bolivia se concretaron a tasas de 4 a 5% anual). El objetivo era gambetear un arreglo con los holdouts y terminar con mayor oxígeno externo el ciclo CFK. A falta de crédito externo -por el cepo cambiario y el default-, el equipo económico ya había optado por “pasar la gorra” para conseguir dólares y evitar presiones devaluatorias frente a un superávit comercial que apunta a cerrar 2014 por debajo de los 7000 millones, el mínimo de la era K. De ahí que en los últimos dos meses, la dupla Kicillof-Vanoli activó swaps de China y Francia (por 3650 millones) y presionó a las cerealeras para prefinanciar exportaciones (por 1500 millones) que se descontarán de la próxima cosecha. También obligó a las telefónicas a pagar en dólares el monto ofertado en la licitación de servicios 4G (ya obtuvo unos 800 millones sobre un total de 2200 millones). Y cruza los dedos para que el desplome del precio del crudo no frene en 2015 inversiones externas al amparo de la nueva Ley de Hidrocarburos (como la de Petronas con YPF en Vaca Muerta). El primer objetivo de esta estrategia fue que las reservas del BCRA cierren 2014 en torno de los 30.000 millones de dólares, un monto que acaba de alcanzarse tras la activación del tercer tramo (por 1000 millones) del swap chino. Sin embargo, también incluye 5000 millones pendientes de pago por importaciones ya realizadas y los 700 millones girados a los bonistas que no pueden cobrar debido al polémico fallo del juez Griesa. También buena parte de esos refuerzos provienen de operaciones de corto plazo (como las prefinanciaciones o los swaps, que son una suerte de “descubierto” para financiar el comercio bilateral sin utilizar dólares). Precisamente, en este marco, crece la impresión de que el swap de China (por un monto en yuanes de hasta 11.000 millones de dólares, de los cuales podrían activarse otros 3000 millones en 2015) podría ser una tabla de salvación para eludir el costo político de un arreglo con los fondos buitre. Incluso, en caso de necesidad, el BCRA podría transformar esos yuanes en dólares (con triangulaciones en algunas plazas como Hong Kong), aunque asumiendo el costo de las operaciones de venta y recompra. Con esta estrategia, Kicillof logró retrotraer el dólar no oficial (el contado con liquidación por debajo de los 12 pesos y el paralelo por debajo de los 13 pesos) y bajar la expectativa de devaluación para fin de año (con el dólar oficial a $8,60). Pero los pronósticos para 2015 dependerán de ahora en más de la lectura que haga el mercado del fracaso del canje de Boden por Bonar y de la colocación de nueva deuda a largo plazo. Hasta el viernes, el segundo objetivo del equipo económico era utilizar al tipo de cambio como “ancla” antiinflacionaria durante el año electoral, al igual que las tarifas energéticas y los precios de los combustibles aprovechando la baja del petróleo. Ahora la perspectiva puede cambiar. Las reservas de libre disponibilidad (excluyendo encajes y swaps) suman unos 19.000 millones, una cifra similar a todos los pagos externos de 2015 (incluyendo deudas provinciales y privadas), mientras el tipo de cambio real equivale al de hace más de un año. Con escasez de dólares y abundancia de pesos, ya no es seguro que el ajuste cambiario sea inferior a la inflación del año próximo, que también es una incógnita debido al desborde del gasto público y la emisión para financiar el déficit fiscal. O sea, pueden reaparecer las presiones cambiarias. La incógnita volvió a ser si el gobierno de CFK querrá enfrentar estos problemas o si también los dejará como herencia para el futuro gobierno.

Néstor O. Scibona